Urtzi Astarloa
Fijémonos un poco en el panfleto buzoneado por Abotsanitz. Este folleto de Abotsanitz se parece a una hoja de ruta para conseguir la paz y la cohesión en un conflicto o trifulca estancado durante años. No es cierto. De hecho, el conflicto no es más que un desencuentro que se solucionaría dando cabida a la opinión de las dos partes, respetando sus principios y su forma de ver cada una su realidad. Ni más ni menos. Sin embargo, se insiste en que hay un problema, y que la solución vendría por la asunción de una parte de las condiciones de la otra parte. En este caso la parte mayoritaria tiene que asumir las tesis y las condiciones de la minoría. En realidad, esto es hacer un trágala a una de las partes; obligando, manipulando o engañando, con intención de imponer una ideología.
El planteamiento del alcalde y del Gobierno Municipal, es plantear el desacuerdo que existe en Hondarribia como si el origen del problema fuera un asunto de género. Y así lo repite en su Decreto cuando nos muestra su verdadero objetivo, en el fondo su único objetivo, cuando nos dice: “esta Alcaldía en el marco de sus competencias, facilitará los cambios sociales adecuados para avanzar hacia la celebración del Alarde mediante roles indiferenciados”.
Subrepticiamente impone y obliga la visión de que hay un problema de género. Esta visión de la realidad es absolutamente falsa. No existe ningún problema de género. La frase “celebración del Alarde mediante roles indiferenciados” supone la imposición de una ideología. ¿Diferenciar los roles es algo malo? Para una determinada ideología, sí. Pero esa, desde un punto de vista democrático, tendría que ser “una” opción, no la única. Opción que se cumple en el desfile de Jaizkibel Konpainia. Los otros ¿tenemos que asumir obligatoriamente lo que es una opción?
No es un problema de género, ni hay un problema de género cuando en una representación ritual se presentan los diferentes géneros con roles diferenciados. Y acordémonos de que cuando se invierten los roles diferenciados, entonces nos encontramos ante una parodia, una comedia o un carnaval. De ahí la diferencia con la Tamborrada de Donostia que tiene tintes carnavalescos; aunque, incluso en la Tamborrada de Donostia no se unifican los roles de género: las chicas siguen siendo chicas, y los chicos, chicos. Resumiendo, lo que plantea el alcalde sería una transgresión (permítaseme, además hilarante), que parece que es lo que busca Abotsanitz.
Otras palabras de Igor Zulueta:
“Sin embargo, en el caso que nos atañe, del Alarde de Hondarribia, no existe un problema de género, como prueba el antropólogo Mikel Arriaga en su último libro, de reciente publicación; aquí tenemos sólo un problema de convivencia que demanda respeto y tolerancia, y no imposiciones ni reivindicaciones. No es precisa ninguna mesa de negociación, sino un reparto equitativo de momentos y escenarios que permita celebrar las distintas expresiones de las milicias forales en el día de la Virgen de Guadalupe, como ya ocurre en Irún el día de San Marcial.”
Está claro que la solución ya existe, y de facto se está poniendo en práctica en Irun ¡pero no se quiere aplicar en Hondarribia!
El problema ya está resuelto, pero se intenta complicarlo intencionadamente, mantenerlo y eternizarlo. ¿A qué juega Abotsanitz? ¿Por qué no soluciona el tema? ¿Por qué el alcalde no da pasos para promover la tolerancia, la cohesión y el respeto entre toda la ciudadanía a la que representa y (¡de momento!) gestiona? ¿Por qué no instaura e implementa dos Alardes para conseguir la tranquilidad y el respeto en Hondarribia?
En cambio, publica un panfletillo para crear malestar y mantener la tensión. Ya le conocemos. No tiene ningún empacho en mentir y en salir en los medios de comunicación haciéndose eco de su propia mentira. Mintió descaradamente al decir que los jueces le daban la razón.
Después de la denuncia de HAOSE sobre el Decreto Municipal, se publicó esta noticia: El Juzgado avala el decreto municipal que regula el Alarde de Hondarribia
Está claro que el alcalde tergiversa y manipula. La resolución es provisional, la sentencia no demuestra nada, simplemente que el decreto municipal se ha hecho deprisa y corriendo, y no se ha tenido tiempo para analizar con exhaustividad el decreto municipal. La intención era clara, no dar tiempo a recurrir una decisión que se impuso como un hecho consumado. En suma, nos encontramos ante una auténtica “alcaldada”.
Cuando insta a actuar con civismo y tolerancia, se olvida de que su resolución es una clara provocación. No está teniendo en cuenta el sentir de la mayoría de la ciudadanía. Provoca tensión imponiendo a una de las partes, sin tener en cuenta su opinión, la posición de la otra.
En el Decreto Municipal se insiste en ampliar la tensión, manipulando una vez más diciendo que los problemas vienen relacionados con el respeto de los derechos fundamentales en el Alarde. Su sesgo es manifiesto. Se olvida de los derechos de reunión y libre asociación, y el de libertad de expresión, que también son derechos fundamentales. De forma enmascarada, el Gobierno Municipal se quiere erigir es una especie de tribunal supremo paralelo. Volvemos a recordarle que ya hay una sentencia en firme del Tribunal Supremo (*).
Además, en el punto sexto de los fundamentos de derecho de esta sentencia se dice claramente que: «existiendo distintas concepciones sobre la manera en que deba llevarse a cabo tal manifestación, no puede aceptarse que exista el derecho de quienes lo conciben de una forma determinada a integrarse con quienes lo entienden de otra manera diferente cuando no haya acuerdo sobre esa integración», cosa que alcalde deja de lado o ignora, no lo tiene en cuenta e intenta forzar una integración obligada. Si no fuera así no ordenaría una concentración en el mismo lugar y casi a la misma hora de ambas posturas enfrentadas.
Desde aquí denunciamos la actuación irresponsable del alcalde y de su Gobierno Municipal sin tener en cuenta posibles soluciones que disminuyan la tensión, y que de esta forma están obligando a tomar medidas que justamente crean lo contrario, es decir, fomentar la tensión y el enfrentamiento.
Incluso más adelante el alcalde, en su Decreto, vuelve e insiste en pedir respeto y convivencia, pero es él mismo el que no teniendo en cuenta la situación de tensión y el sentir mayoritario de la ciudadanía altera la convivencia, y con este Decreto Municipal está creando y fomentando tensión y malestar. Es manifiestamente claro que la actitud del alcalde y de su corporación municipal no es propia de un gobierno municipal que tiene que velar por los intereses y las necesidades de toda la comunidad, que es el vocablo que utiliza el panfleto del ayuntamiento, para seguidamente desvirtuar su contenido. No existen las comunidades por decreto. La comunidad se establece teniendo en cuenta el sentir popular, del que el ayuntamiento quiere prescindir. Parece que su voluntad está dirigida a deteriorar la convivencia en Hondarribia.
Así mismo, no pasa desapercibida la intención por parte del alcalde y de la corporación municipal de tensionar el ambiente al ajustar demasiado los horarios y citar en el mismo lugar, y muy cerca, las dos opciones y sensibilidades contrapuestas, máxime cuando esta propuesta está todavía subjudice. Ya que es falso que la justicia se haya pronunciado de forma concluyente a favor de la propuesta municipal. Una vez más el alcalde mintiendo y, empujando y favoreciendo la propuesta de Jaizkibel Konpainia.
¿Cuál será su siguiente maniobra? ¿Organizará cursos educativos para “instruir” y manipular a los docentes y al alumnado que estudia en Hondarribia? ¿Sugerirá al Gobierno Vasco el crear una nueva Ley hecha “ad hoc” para que se aplique a los/las hondarribitarras? ¿Pedirá ayuda al Ministerio de Igualdad español para que tome cartas en el asunto?
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(*) https://vlex.es/vid/derechos-fundamentales-discriminacion-26667196