Koldo San Sebastian bere blogean
 
Durante años, Jean le Basque, de Joseph Peyre, fue una bonita portada ilustrada por Arrue que salía a mi encuentro en las librerías de Baiona, San Juan de Luz o de la pequeña tienda de Ainhoa (Arts Populaires) en la que se podía conseguir cualquier edición relacionada con la cultura pirenaica, gracias a la antigua dueña, una dama que se encargaba de reunir todo lo que se iba publicando -incluidas pequeñas editoriales y ediciones de autor- y que muchas veces no se encontraba, todo junto, en las librerías regulares. Tanta contemplación no desembocó en una compra. Me echaba para atrás lo de «roman» (novela). En aquellos días, yo estaba más interesado en la historia y en la etnografía, aunque el texto estuviese en francés. Resultó que me había perdido un excelente relato (y un buen documento) sobre la emigración de los vascos al Oeste americano.

 
Joseph Peyre
 

El autor, Joseph Peyre, nació en 1892 en el Vic-Bilh, en la Gascuña, en el pueblecito bearnés de Aydie, donde sus padres eran profesores. Cursó sus estudios en el liceo de Pau (hoy Lycée Louis-Barthou); en París, donde estudió filosofía en el liceo Henri-IV, y en Burdeos, donde terminó el doctorado en leyes. Después de una breve carrera de abogado en Pau y en Limoges, se dedicó al periodismo con Georges y Joseph Kessel . Gano el Premio Goncourt en 1935 por Sang et lumières, de tema taurino (del que el escritor era un apasionado). Joseph Peyré es un enamorado de los paisajes y de los hombres de los Pirineos. Vivió en Madrid en los días la Segunda República y vivió el golpe militar. Heredero espiritual de los regeneracionistas de 1898, persigue su trabajo de inventario del patrimonio en el que el paisaje y sus habitantes forman una osmosis que hay que explicar. Como novelista, consagró varios de sus libros al Bearne (Le Puits et la Maison, De mon Béarn à la mer basque), y al País Vasco (Jean le Basque, Cheval piaffant – un Basque chez les Sioux, Pays Basque o Le Pont des sorts).

 

Semana Santa en el País Vasco: Jean le Basque jugará su último partido de pelota, que de acuerdo con la tradición será interrumpido para el rezo del Ángelus, con el párroco de su pueblo que, además de ser su consejero espiritual, es también un consumado pelotari. Porque una vez acabado ese último partido tendrá que coger el avión que le llevará a los Estados Unidos. ¿Qué será del joven emigrante en ese lejano país en el que algunos de sus mayores han hecho una fortuna, pero donde tantos otros han desaparecido? ¿Será la solidaridad de los transterrados más fuerte que la lucha por la vida en los desiertos de Nevada donde soplan las ventiscas y hay que enfrentarse a los lobos? ¿Cómo podrá soportar la soledad? El relato se basa, en gran parte, en lugares, situaciones, hechos y personajes reales, algunos perfectamente identificables. Este es el caso del famoso agente de emigración de Saint-Jean Pied-de-Port (Donibane Garazi) Charles Iriart que, en la novela, es Oyamburu. En la realidad y en la ficción, Iriart-Oyanburu utilizaban películas para atraer a futuros clientes-emigrantes. La novela es el relato de la preparación, del viaje y de la llegada a Estados Unidos de un joven que va a emplearse como pastor. En 1955, se publicó Juan el Vasco, con una magnifica traducción de Josefina Carabias. Esta última, además, publicó en aquellos días unos reportajes sobre los pastores vascos en el Oeste.

 

No fue esta la única novela que trata de los vascos en el Oeste americano. Cheval piaffant – un Basque chez les Sioux cuenta la de Saveur Etchemendy, un joven que emigra ilegalmente a Uruguay. Allí llegan las noticias de la aparición de oro a California. Saveur y otros vascos cruzan a caballo los Andes rumbo a la tierra de promisión. Encontró oro pero se lo gastó en interminables con otros mineros, especialmente los irlandeses. Comenzó entonces a trabajar como pastor para un mormón. Estando un día cuidando su rebaño cuando vio como una manada de lobos blancos atacaba a un viejo bisonte. El vasco, sin dudarlo dos veces, se enfrentó a los lobos y, tras matar a algunos, logró ponerlos en fuga. El combate fue observado desde lejos por un grupo de admirados indios sioux que bautizaron al vasco como Cheval piaffant (Caballo de patas largas),

 
Joseph Peyre es un periodista de oficio y se nota, sobre todo en el tratamiento de los textos. Se leen fácil, de la misma forma que se lee fácil a Malraux o a Camus. Pero, tener «buena pluma» no es suficiente. El escritor se sumerge en el medio, habla con la gente, escucha. Sus personajes son auténticos, lo que contrasta con los que aparecen en el Ramuntcho, de Pierre Loti. Las dos novelas de Peyre son, además, un buen instrumento para conocer la intra historia de la emigración.

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