Por una memoria al servicio de la convivencia

Mikel Aranburu-Zudaire (Solasbide-Pax Romana)

Mikel Arregi (MPpU)

Patxi Meabe (Etiker)

Joxan Rekondo (Elkarbizi)

La historia y la memoria tienen, desde luego, dimensiones discordantes. Ciertamente, la historia reciente trabaja entre otras fuentes con la memoria viva, aunque busca fijar los hechos desde una distancia acad茅mica. Por el contrario, conforman la memoria la experiencia trasmitida y los hechos vividos, dotados todos ellos de un significado moral, que es aleccionante para la vida social.

La memoria no debe ser una evocaci贸n obsesiva del pasado que condicione nuestra vida presente, sino que deber铆a hacer posible que el recuerdo de los males sufridos en el pasado nos ayude a impedir que se repitan tales injusticias en el presente y en el futuro. Ser铆a un error, por lo tanto, desde帽ar la preservaci贸n de la memoria como tarea social.

Hay una tentaci贸n de construir una sociedad desmemoriada, sobre todo lo relacionado con sucesos que son desagradables para el recuerdo. Sin embargo, no se puede construir sobre un olvido injustificable ni avanzar en la convivencia sin admitir de d贸nde venimos, una autocr铆tica y condena sincera de la injusticia y el compromiso de no ensalzar hechos sangrientos y a personas que los han llevado a cabo.

No podemos estar siempre mirando para atr谩s, pero tampoco falsear el pasado del que muchos hemos sido testigos. Hay males y cr铆menes que no prescriben, pero hay que recordar鈥 para curar, no para atacar y humillar, pero recordar. Es necesario acercarse honestamente a la verdad sobre el pasado, y trasmitirla. Ah铆 act煤a la memoria, como lecci贸n que se extrae de los ejemplos negativos para no repetirlos en el futuro. El valor moral de la memoria es que mantiene vivo lo que el oportunismo pol铆tico o el derecho da por concluido. No podemos negar que es un tema delicado y doloroso, pero es tambi茅n clave para abordar la convivencia de manera constructiva. Las experiencias de 鈥malvivencia鈥 deben contribuir a la reconstrucci贸n de las convivencias.

En este pa铆s, hemos vivido bajo el impacto de una espiral de violencias injustas. El crimen, como la extorsi贸n y la persecuci贸n, han quebrantado las reglas de juego de la convivencia. El crimen no es un asunto s贸lo privado, sino altera tambi茅n la convivencia y compromete a toda la comunidad. Tras cada coche-bomba, secuestro, tiro en la nuca, tortura, etc. etc. hay personas muertas o mutiladas cuyo dolor toca tambi茅n a sus familias y amigos. Cada crimen ha sido el inicio de una historia concreta de sufrimiento. Los que han sufrido estas situaciones han quedado seriamente afectados de por vida. Nada en adelante ser谩 igual para ellos. Una sociedad que ha sido herida de esta forma por la violencia, necesita tiempo para encontrarse a s铆 misma y reencontrarse.

Al hablar de v铆ctimas, memoria y convivencia, no es f谩cil huir del concepto de revancha. La memoria que atiza el odio deber铆a ser corregida. Una memoria integral que represente a todas las v铆ctimas ha de abrirse al sufrimiento injusto del otro. Las v铆ctimas son significativas en s铆 mismas, en su humanidad truncada, no tanto en los alineamientos con los que las identifican. Esto no significa caer en la equidistancia. Todas las v铆ctimas son seres humanos a los que se les han mutilado injustamente sus opciones de vida.

Aun as铆, perseguir, torturar o matar no ha sido suficiente. Los perpetradores de tales actos criminales han querido protegerse tras relatos legitimatorios. Medir el da帽o al otro, haya sido realizado escud谩ndose en el pueblo trabajador o en la seguridad de la ciudadan铆a, en funci贸n de la utilidad pol铆tica que reporta es una gran injusticia. Hay que denunciar que, tras el descargo pol铆tico con el que se pretende justificar el da帽o infligido, lo que se pretende es que las v铆ctimas queden invisibilizadas.

La acci贸n de deslegitimar las violencias injustas implica rechazar la perversi贸n de los marcos ideol贸gicos que las justifican como medios adecuados para conseguir cualesquiera finalidades. Siendo la persona el fin de toda sociedad que se tenga por buena, 驴de qu茅 otra manera podr铆a calificarse a aquellos planteamientos socio-pol铆ticos que aprueban la amenaza, la extorsi贸n o el asesinato de seres humanos para el logro de sus objetivos sociales?

El acto criminal quiebra la dignidad humana de quien lo sufre, pero deshumaniza tambi茅n al que lo perpetra. Una situaci贸n que nos ha afectado como sociedad, en la misma medida en que se ha hecho en nuestro nombre. Por eso, al da帽o social sufrido le corresponde una acci贸n de b煤squeda de reconciliaci贸n que implique al conjunto social, sin que por ello se concluya una socializaci贸n de la culpa ni un falseamiento de la verdad de lo ocurrido. En este sentido, lo que a la sociedad vasconavarra le corresponde es asumir una responsabilidad colectiva en el mantenimiento y la trasmisi贸n de la memoria de la injusticia para que pueda ser 煤til al servicio de una convivencia reconciliada.

4 thoughts on “0

  1. Vaya cuadrilla!, alegra veros juntos.

    Muy buen art铆culo, me gustan muchas cosas del mismo, entre ellas:
    鈥淟a acci贸n de deslegitimar las violencias injustas implica rechazar la perversi贸n de los marcos ideol贸gicos que las justifican como medios adecuados para conseguir cualesquiera finalidades鈥

  2. JELen agur

    Yo tambi茅n me alegro por el art铆culo y habr铆a destacado la misma frase de KFD.
    Suscribo el contenido al 100%.

  3. 隆totalmente de acuerdo con el art铆culo!
    y el PP ayer (de la mano de Alonso, S茅mper, etc.) la caga al desmarcarse del D铆a de la Memoria. Maniobran promovidos por ntereses innobles.

  4. Atzo Elkarbizik Andoainen antolatu zuen ekitaldian parte hartzeko aukera izan nuen. Artikulu honetan irakurri dudana eta han entzundako bide beretik doazela iruditu zait.

    Andoaindik pozik etorri ginen etxera, jende ugari eta EAJ-PNV, PSE-EE, Ganemos eta Irabazi alderdietako ordezkariak hurbildu zirelako. Lastima Ehbildu eta PPko ordezkaritzarik ez egotea.

    Mila esker eta besarkada estu bat antolatzaileei.

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