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Una mala tarde la tiene cualquiera

Koldo San Sebastián

Todos los medios han destacado que el portavoz parlamentario del PNV, Joseba Eguibar, había dicho que, en el caso de los presupuestos generales del Estado (PGE) y el 155, el PNV “no ha cumplido su palabra”: “El PNV no ha cumplido la palabra dada, es verdad” (sic). Esta se trata, en todo caso, de una opinión personal. Amplios sectores de la militancia (mayoritarios) y no pocos simpatizantes consideran que los nacionalistas han cumplido mucho más de lo política (y humanamente) exigible, especialmente, cuando los sujetos de la solidaridad no se aclaran entre ellos, ni consigo mismos.

Por cierto, está bastante extendido que los críticos con la decisión del PNV están dispuestos a renunciar al 1,35 por ciento de subida de sus pensiones (y demás mejoras). Ese dinero lo destinarán unos (los de Podemos y Bildu) a una caja de solidaridad con los catalanes; los otros (los del PSOE) a una ONG de renombre.

Tiene gracia la cosa porque mientras que Bildu se preguntaba en twitt: “¿Qué credibilidad tiene en estos momentos del PNV?”, estaba pactado con el tan denostado partido. ¿Qué credibilidad tiene una organización que pacta con otra que no tiene credibilidad y lo sabe? Lo de la lección magistral de Arnaldo sobre la “palabra de vasco” y el editorial de “Gara” fueron de traca. ¡Qué se le va a hacer! La votación del PSOE junto a Bildu y Podemos forma parte de algo tan socialista como el recurso a la ley del embudo. ¡Qué cosas decían cuando, estando ellos en el poder central, se aprobaban en Gasteiz cuestiones que no les gustaban! A estos tampoco les importa cogobernar con el PNV. Quizá habría que preguntar a don Ernesto Gasco si no sería conveniente (por coherencia) renunciar a la barandilla de la Concha.

En la antología de la bobada, no puede faltar la última de José Antonio Zarzalejos, hijo, con un artículo (difícilmente calificable), que titula “El botín vikingo del PNV, Rajoy y el PNV”. Se remonta a Sabino Arana, ¡hola! A mi no se me ocurriría, para hablar de la actualidad, remontarme a José Antonio Zarzalejos, padre. Falangista, fiscal, jefe de la censura en Bizkaia y gobernador civil en los días de la dictadura, porque tienen poco que ver el culo y las témporas. Se nota que le faltan fuentes fiables, incluso cuando habla de árboles de nueces, en alusión a una frase atribuida a Arzalluz que este jamás pronunció. En este sentido, se acerca más a la realidad Xavier Sardá en un columna del mismo periódico.

Pero, centrémonos en la cuestión. ¿Quién es el interlocutor ”bueno“ en el independentismo catalán?: ¿Puigdemont-JpC, PdeCat, ERC o la CUP? ¿Debaten entre ellos? Y, si lo hacen, ¿llegan a alguna conclusión unitaria? ¿Cuánto dura cada conclusión? ¿Cuánto manda la CUP? El PNV ha hablado con casi todos. Con Puigdemont, con Torras, con el PdeCat, con ERC. Muchas veces y de seguido (y hasta el último momento). Pero, claro, esto parece “la Tarara” (“la Tarari sí, la Tarara no…”). A esto hay que sumar que, en su día, el lehendakari Urkullu cerró un acuerdo con Carles Puigdemont que hubiese evitado cárceles, exilio y 155. Pero, el president se echó atrás por “miedo”, y la situación actual es la que es.

Consumado el desastre, el PNV siguió insistiendo en búsqueda de una solución: la menos mala para todos. Algo que permitiese recuperar la autonomía y, en cierta forma, apaciguar los ánimos, desarmando ciertos discursos. ¿Cómo cree el público en general que se consiguió que Quim Torras fuese investido? ¿Por inspiración del Espíritu Santo? Torras tenía-tiene en sus manos desactivar el 155, y se empeña en mantener un pulso que no lleva a ninguna parte, aunque tenga -que la tiene- toda la razón. Habría que leer/escuchar a Oriol Junquera -más de doscientos días en la cárcel- un poco más. ERC pide “un gobierno efectivo para superar el 155”. Ocurre, en esto, como saben bien el PdCat y ERC, el PNV no puede obligar a Puigdemont a formar “un gobierno efectivo”. Habiendo conseguido el que pueda hacerlo, cumpliendo con creces su palabra con los catalanes para varias generaciones.

Todo lo dicho anteriormente no oculta una realidad: la descomposición del régimen de la Transición tiene como primeras victimas las minorías nacionales y sus derechos, pisoteados inmisericordemente por los “poderes” del Estado (sin excepción). Los males que padecemos solo se curan acabando con el sistema autonómico y, por su puesto, exterminando sus derechos históricos. “La cosa comenzó con el mundial de Sudáfrica”, asegura un amigo. Además, la crisis económica hizo brotar un discurso sencillo y efectivo: “Los vascos no están tan mal porque nosotros “les” pagamos el cupo, y claro”. Todo lo demás no importaba: despilfarro, mordidas, destrucción de las cajas de ahorro, corrupción generalizada.

Hablando de corrupción. Parece ser que se acaba de descubrir que había casos de corrupción con la sentencia de la “Gürtel” (vivían todos en un guindo). Pedro Sánchez, correligionario de Roldán, Urralburu o del alcalde de Alcaucín, ha presentado una mención de censura contra Rajoy a ver si consigue ser presidente (aunque sea por unas semanas). Y las miradas se vuelven otra vez hacia el PNV, “aiba la xtia”. Los falangistas del C’s ya han dicho que no, que ellos quieren gobernar, o lo que sea (un quítate tú para ponerme yo). Los del PdCat han dicho que si, pero con los presos catalanes en la calle. Los de Podemos también apoyan a Sánchez, aunque han estado ocupadísimos con lo del referéndum del chalet (tema que es lo que realmente preocupa al mundo mundial: yo llevaba semanas sin dormir)

Yo, que soy muy partidario del PNV (no lo puedo evitar) y que conozco a muchísimos, pero a muchísimos, militantes del partido (incluso a algún dirigente que otro) puedo afirmar que el PNV sí ha cumplido su palabra. Aunque entiendo, claro, que no se puede ser brillante siempre y que una mala tarde la tiene cualquiera.

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