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Sarasola, el apóstata o así

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Koldo San Sebastián

El Padre Sarasola en Columbia University

El Gobierno de la República que, en muchos aspectos, había ganado la batalla de la opinión pública en Estados Unidos trató de acercarse al mundo católico de creciente influencia en el país y uno de los apoyos del presidente Roosevelt que, además, se enfrentaba a su reelección. Con la ayuda financiera y legal de algunas organizaciones americanas surgidas al estallar la guerra se preparó una larga gira por Canadá y Estados Unidos de tres personalidades que tenían en común su condición de moderados: Marcelino Domingo que había sido ministro de Instrucción Pública y cofundador y presidente de Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña. La periodista y crítica de arte Isabel (Oyarzabal Smith) de Palencia, cercana al Partido Socialista y representante española en la Sociedad de Naciones[1]. Y, con ellos, el franciscano vasco Luis Sarasola Acarregui (Lekeitio, 1883- Guanabacoa, Cuba, 1942), teólogo y destacado historiador. Estaba considerado como el máximo especialista en San Francisco de Asís en lengua castellana, pero también destacó en sus estudios de historia moderna con estudios sobre el cardenal Cisneros[2] o Felipe II y su tiempo[3].

Al estallar la guerra civil, el padre Sarasola se encontraba junto a otros treinta frailes en una casa de estudio que su orden tenía en Madrid. La casa fue registrada en busca de armas y él fue detenido. Al no encontrar lo que buscaban, quedó en libertad tras pasar casi dos meses en la Cárcel Modelo. En 1936, junto a José Bergamín, Marcelino Domingo y otros formó parte de un grupo de católicos que apoyaba a la República.

Marcelino Domingo, Isabel de Palencia y Luis Sarasola

El 20 de octubre de aquel año, la delegación republicana con la que viajaba la esposa de Marcelino llegó a Nueva York a bordo del Queen Mary. Algunos medios se refirieron a los recién llegados como miembros del “ala conservadora” republicana. La gira fue un éxito[4]. En menos de dos meses recorrieron nada menos que cuarenta y dos ciudades de Estados Unidos y Canadá (entre ellas Toronto, Quebec, San Francisco, Los Ángeles, Denver, Florida, Chicago y Washington, donde fueron recibidos por Eleanore Roosevelt…): en Nueva York hablaron ante veinticinco mil personas, en el Madison Square Garden, en Seatle, en Portland, San Francisco en el Western Writers’ Congress con Upton Sinclair,  John Steinbeck, Humprey Cobb, Dorothy Parker, Hakon Chevalier, y con la adhesión de Thomas Mann; en los Ángeles, Denver, Tampa, Saint Louis, Wisconsin, Chicago, Washington, en la Casa Blanca y en la Society of Women Geographers, de la que era miembro Isabel de Palencia. Vancouver, Montreal, Toronto y Quebec completaron la gira [5].

La presencia del fraile vasco en la delegación fue un escándalo para los líderes de la opinión católica y dio lugar a una intensa campaña en su contra. Fue además, el primero. Luego, le siguieron otros como los sacerdotes Michael O’Flannagan (1937),  Leocadio Lobo (1939) y Eustasio Arritola (1938) o el escritor católico José Bergamin (1939)[6].

En Canadá, tras pasar por Toronto, Hamilton y Otawa sin problemas, llegaron a Montreal donde se encontraron con una protesta estudiantil que gritaba “¡Abajo los comunistas!”, “Abajo los judíos!”, refiriéndose a Sarasola. No importaba que exhibiese una carta del provincial franciscano de Montreal, Padre Archange Bodebout. En acto de Montreal fue finalmente suspendido[7].

Las tesis que iba a defender el padre Sarasola iban a quedar claras desde el primer momento: “Cristo no eligió la bayoneta o el cañón para conquistar el mundo. (…) En esta lucha estamos con Cristo y con el pueblo”.[8]

El Padre Sarasola aclaró a un diario de Seattle a donde había llegado procedente de Canadá  que él participaba en la gira, no como representante de la Iglesia Católica, sino como un católico que simpatizaba con el Gobierno de la República. “Además, en las Provincias vascas, las más católicas de España, la iglesias están con el pueblo. Esta no es una guerra de religión ”.

“La anomalía de un sacerdote católico hablando a favor de una causa comunista se explica por el viejo antagonismo racial y las aspiraciones provinciales”, explicaba William P. O’Conell, editor de The Catholic Northwest Progress. “Primero debe quedar claro que la situación del padre Sarasola  no es la apropiada. Está bajo suspensión de sus superiores y a viajado a América sin autorización. (…) El es un vasco, lo que explica su asociación con fuerzas izquierdistas y comunistas. Por generaciones las provincias vascas han luchado por conseguir independencia del Gobierno central. (…) Incluso siendo el pueblo vasco mayoritariamente católico, muchos de ellos se han incorporado a un Gobierno izquierdista con la esperanza de conseguir la independencia. A los más extremistas de entre ellos no les importa lo que ocurra en el resto de España siempre que consigan la autonomía. (…)El padre Sarasola es uno de los poco sacerdotes que no ha hecho caso a la advertencia de los obispos de no sumarse a las fuerzas izquierdistas”[9].

A principios de diciembre de 1936, llegaban a Cleveland, Ohio, invitados por el Cleveland Chapter del North American Comitee to Aid Spanish Democracy. La presencia del fraile vasco dio lugar a la reacción de la Irish-American Civic Association que se dirigió al alcalde de la ciudad, Harold H. Burton, para que prohibiese que hablase en el acto previsto en el auditorio de una iglesia baptista. Consideraba que era un fraude que apareciese como sacerdote católico al ser una apóstata, expulsado de la orden franciscana [10]. El alcalde señaló que él no podía intervenir ya que Sarasola, “un reconocido historiador y teólogo católico”, no venía en representación de la Iglesia[11]. A las críticas, se sumó el obispo de la Diócesis, Joseph Schrember, que hizo público un comunicado en el que recordaba, además, la quema de iglesias y los asesinatos de religiosos en la llamada zona leal[12].

Los jesuitas se sumaron a la campaña. El padre M.J.Ahern, que quería boicotear el acto programado en el Symphony Hall de Boston el 14 de diciembre. en Boston, dijo haber recibido un telegrama del general de la Orden Franciscana, Padre Leonardo Bello, en el que se decía que Sarasola era un “apóstata de la orden y de la Iglesia”. Por ello, no podía hablar ni en nombre de la Iglesia, ni en nombre de los católicos[13]. Sarasola negó ser apóstata o comunista[14].

Terminada la gira, Luis Sarasola se instaló en Boston donde vivió hasta 1940. En este periodo, se dedicó a la enseñanza y a la investigación. En 1938, fue invitado a hacerse cargo de un lectorado de Historia y Civilización española en la Columbia University donde coincide con Federico Onís, Tomás Navarro Tomás o Ángel del Rio.

En mayo de 1938, Ramón de la Sota, secretario de la Delegación vasca de Nueva York, viajo a Boston donde hizo diferentes visitas y gestiones: “En Boston visitó el día 6 al Cónsul de España, Garavilla, de Lekeitio, y al Padre Sarasola, también de Lekeitio. El primero entregó una lista de vascos de Boston. Es de familia nacionalista pero los muchos años que lleva en América le han hecho perder en gran parte su conciencia nacional. Se puso a nuestra entera disposición. El padre Sarasola, vestido de seglar, cree que el clero vasco es muy inculto, y el clero español no es del todo malo. Tremendamente anti-jesuita como lo podía ser cualquier izquierdista, no celebra misa, vino a América con una comisión formada por Isabel de Palencia y Marcelino Domingo representando a los católicos españoles. La Prensa católica ha hecho una gran campaña contra él. Estuvo dos meses preso en la Cárcel Modelo de Madrid y se le acusa de apóstata. No nos conviene asociarnos mucho con él”[15]. Los delegados vascos temían que su relación con Sarasola les impidiesen acceder a determinados medios católicos que eran objetivo fundamental de su misión.

Por aquellas fechas, llegó a Boston procedente de Puerto Rico Jon Bilbao un exiliado que había servido como oficial en el Ejército vasco durante la guerra. Venía con la intención de matricularse en la Universidad de Harvard. Conoció al padre Sarasola en el consulado español, estableciendo una estrecha relación. El sacerdote, bien relacionado en medios académicos,  consiguió, a través del profesor Federico Onís, una beca para la Columbia University donde Sarasola enseñaba. Bilbao acabará incorporándose a la Delegación vasca.

Al finalizar la guerra civil, Sarasola se quedó sin la cobertura del cónsul Garavilla que había sido destituido. Se le ofreció un puesto en la Universidad de Boston,  o que se encargase de la dirección de una editorial en Buenos Aires, pero prefirió retirarse al convento franciscano de Guanabacoa, Cuba, donde se encontraba su hermano José, también franciscano, y otro grupo de religiosos vascos exiliados que estaban a su lado cuando falleció a finales de febrero de 1942[16].

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