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ETA, de organización armada a politburó

Joseba Kortadi

¿Disolución de ETA?. De la Comunicación interna general de ETA a sus miembros, dada a conocer hace pocos días a través del diario Gara, se ha destacado de forma casi unánime que ratifica el abandono de la lucha armada. Dando por supuesta esa conclusión, se puede añadir que del documento se puede extraer alguna consecuencia más, relacionada con el papel que ETA desea desempeñar ante un futuro en el que el proceso de paz avance de acuerdo con sus previsiones.

Más allá de que logre negociar con el Estado una “desmilitarización de Euskal Herria” o se vea abocada a una entrega de armas unilateral, “ETA no desaparecerá, continuará como organización política dentro de la Izquierda Abertzale”, según mantiene la organización terrorista en todos los documentos que desde 2009 se le atribuyen. Las declaraciones de Patxi Zabaleta – ETA podría ayudar en la normalización política como organización civil– indican que EH Bildu por su parte ya lo tiene asumido así.

Mientras la mayoría social vasca solo contempla su disolución, ETA parece preparar su continuidad como Buró Político del que llama proceso de liberación vasco, frente al que ejercería funciones simbólicas y operativas. Personificaría, sin duda, la pervivencia del ‘acontecimiento fundador’ del MLNV, es decir el reconocimiento de la rectitud de sus más de 50 años de historia y el interés de mantener la autoridad que esa trayectoria le reporta ante un determinado segmento político. Pero, en el contexto de su recién terminado debate interno, ETA se arroga además otras cuatro tareas que influirán de manera decisiva en el rumbo y en la actividad política del MLNV. La primera, el sustento del carácter revolucionario del movimiento. La segunda, el respaldo a su cohesión interna. La tercera, el seguimiento del proceso de liberación y la evolución de la estrategia. Y la cuarta, la evaluación de la adecuación de los medios de lucha a las necesidades que en cada momento del proceso tendrá el MLNV.

Hay quien buenamente cree que un proceso de desarme puede llevar hasta un horizonte de disolución práctica, aunque no declarada, de ETA. Del ejercicio de las funciones descritas se deduce que ETA sigue aspirando, aun admitiendo un desarme, a conformar un poder tutelar alternativo. ¿De qué otra manera puede calificarse al panel de mando descrito, desde el que la organización querría manejar los sistemas que preservan la naturaleza revolucionaria del MLNV y que controlan que la estrategia obtiene los resultados anunciados, a la vez que examina y decide acerca de la utilidad de los medios empleados? Cabe deducir que, en su mutación, ETA haya previsto no exponerse y adoptará una estructura rizomórfica a la hora de realizar sus actividades ante el riesgo de que no vayan a ser toleradas.

Directrices de la Barne Komunikazio Orokorra. La Comunicación interna general publicada por el Gara es un trabajo de ETA como oficina política en el ejercicio de las funciones de cohesión interna y seguimiento estratégico que se reserva tras su debate interno. El politburó del MLNV abunda en el conocido respaldo de la organización a la estrategia de la izquierda abertzale. La lucha armada se ha acabado por motivos estructurales que hay que remediar: por el bloqueo del proceso de liberación vasco, a causa de la debilidad del sujeto y desgaste del carácter popular de la confrontación el Estado. Remarca a su vez, la necesidad de solucionar estos problemas, valiéndose del empuje del proceso de paz para lograr cambios en la correlación de fuerzas en todos los ámbitos (político, institucional, social y sindical) de tal manera que la izquierda abertzale pueda culminar, tras la fase de resolución del conflicto, el proceso de cambio político y social ya en marcha.

ETA critica, sin embargo, que la gestión que la izquierda abertzale ha hecho de la fase de resolución (proceso de paz) ha mostrado poca versatilidad, al subordinar a éste la lucha en otros ámbitos, al haberse planteado de manera apresurada (sin capacidad de iniciativa a largo plazo) y al haberse centrado en la búsqueda del diálogo sobre las consecuencias del conflicto con los Estados. De esta manera, se habría dejado vía libre a estos últimos para condicionar y bloquear el desarrollo del proceso. Además, se señala que en la materia clave de la activación social –“teniendo en cuenta que la garantía del proceso es el pueblo”- no se han desarrollado todas las potencialidades esperadas.

Al PNV lo retrata en una posición obstaculizadora de la resolución del conflicto, buscando una imagen de falso equilibrio y centralidad, entre los Estados y la izquierda abertzale. El partido jeltzale querría, siempre según este documento, institucionalizar el proceso ayudándose de Urkullu y el Parlamento vasco como referentes. En todo caso, el PNV trataría de devaluar todo lo que no es de iniciativa propia, tanto Aiete como las Recomendaciones del Foro Social. El acuerdo de este partido con el PSE perseguiría, bajo la excusa de afrontar la crisis, dificultar la apuesta soberanista.

En este marco, el documento Barne komunikazio orokorra encomienda al MLNV la apertura de una revisión que, sin cuestionar el fondo de la estrategia acordada, reconduzca “los criterios y los instrumentos establecidos durante el proceso de renovación estratégica” en función de la eficacia que hayan mostrado. Ahora, no se pretendería a corto plazo remover al Estado de su enfoque inmovilista, sino que buscaría fortalecer y ampliar espacios de lucha para una activación social que, a juicio del politburó, no se habría conseguido hasta el momento presente. Activación social que habría que situar frente a los Estados, en un esquema de confrontación Estados-Euskal Herria.

Contrapoder fáctico. Aparte de las discrepancias que hasta 2011 pudo haber sostenido sobre la vigencia de la lucha armada, estas conclusiones no contradicen la estructura de proceso que defendió ETA en el seno de la izquierda abertzale, a través de los documentos Proceso democrático y Mugarri. Desde ese punto de vista, las conclusiones de este debate interno que se ha desarrollado a lo largo de más de dos años podrían ser entendidas como una continuidad de aquellos en una cuestión tan relevante como es la del futuro que ETA se reservaría para sí misma de triunfar el esquema de proceso que delinea en sus análisis.

Que ETA no quiera ceder su rol de contrapoder fáctico no es extraño. De admitírselo nosotros, acaso resolveríamos el conflicto, su conflicto. Pero, aquí deberíamos aplicar lo que dijo el lehendakari Ibarretxe a propósito del protagonismo de la organización armada: “no debemos permitir que sea ETA quien inicie y cierre los procesos… Es a la sociedad vasca a la que tenemos que poner en primera fila… Ése va a ser el único camino”. ETA debe desaparecer, es el primer requisito necesario para que no haya obstáculos a la convivencia democrática entre vascos. No es, por supuesto, el único requisito para que prospere nuestra convivencia. Pero sí es, sin lugar a dudas, el primero.

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