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(R)EVOLUCIÓN

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Inaxio Urizarreta
Estreno el 20 de Noviembre
Ya hace unos años, en una de esas tertulias radiofónicas precocinadas, el otrora beligerante D. Santiago Carrillo, admiraba la “evolución” que había acometido el líder de la OLP y entonces Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yasser Arafat.

A dicho comentario, otro de los tertulianos, D. Miguel Herrero de Miñón, como un resorte contrarreplicó manifestando, “Don Santiago, por favor, evolución no revolución”.

Nadie puede negar y menos desde un plano humanista, que las personas evolucionan ideológicamente.

Pero el MLNV no ha proscrito la utilización directa o indirecta de la violencia para lograr sus fines, no se ha arrepentido de ninguno de los crímenes con los que ha asolado a la sociedad vasca en las últimas décadas, todo ello amparado entre u otros ropajes dialécticos, en una equiparación con la supuesta violencia proveniente de cualquier forma de democracia representativa, sea cual fuere su ámbito territorial.

El tercero de los tertulianos, D. Ernest Lluch fue brutalmente asesinado por ETA en noviembre del año 2000. Precisamente, el entonces presunto autor directo de su asesinato manifestó casi dos años después en el juicio que se sustanció por dicha causa, que le mataron por pertenecer a un gobierno que apoyó a los GAL y que apoya la tortura y la dispersión de los presos.

Pero si ya es significativa la no abdicación a la violencia pretérita, todavía es más reveladora que explícitamente, aunque de manera alambicada, no se descarte su utilización para un futuro.

La alusión actual por parte del MLNV a la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos, también conocida como Declaración de Argel de 1973, todo un paradigma en la historia del derecho internacional en defensa de los derechos humanos, no es más que un evidencia jurídica de que no reniegan a la utilización de la violencia en épocas ulteriores. Y es que la elección de este cuerpo normativo como ejemplo de respeto de los derechos humanos no es, como es algo habitual en esta gente, algo casual y virginal.

En el Preámbulo de dicho cuerpo normativo se proclama de manera solemne que “todos los que, a través del mundo, libran la gran lucha, a menudo con las armas en la mano, por la libertad de todos los pueblos, encuentren en la presente declaración la seguridad de que su lucha es legítima”. Además, en su articulado se reconoce la posibilidad de utilización del recurso a la fuerza cuando los derechos fundamentales de los pueblos sean gravemente ignorados o incluso que los movimientos de liberación deben de tener acceso a las organizaciones internacionales y sus combatientes tienen derecho a ser protegidos por el derecho humanitario de la guerra.

Como cualquier lector audaz puede deducir, se trata de todo un desistimiento de la utilización de la violencia sine die –nótese la ironía-. En una organización terrorista como ETA cuyo objetivo es la implantación de un Estado socialista de carácter revolucionario –por cierto, declarado como hecho probado primero en la reciente sentencia de Bateragune-, no cabe la renuncia a la violencia o tal y como señaló en su momento, el preso de ETA Antón Lopez Ruiz “Kubati” en otras épocas similares:

“…es el mismo marxismo el que nos indica que las formas de lucha estarán en función de la situación histórica concreta. Es posible que haya fases en las que no sea necesaria la lucha armada, aun sin haber llegado a la culminación de nuestros objetivos. Esto no quiere decir que se renuncie a un método válido de lucha definitivamente, sino que hay una situación política táctica concreta que aconseja otro tipo de lucha. Si las condiciones para iniciar un proceso de lucha armada volvieran a aparecer podrá ser ETA u otra organización quien la podría llevar a cabo“.

En definitiva, estamos ante un paso más en la (R)Evolución.

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