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Ekonomiaren txokoa: Reflexiones para un debate sobre fiscalidad

José Ramón Urrutia Elorza Ekoberrin

Periódicamente, los medios de comunicación del País Vasco nos suelen ofrecer la noticia sobre los datos de recaudación fiscal de las Haciendas Forales de los Territorios Históricos.

Desde hace unos pocos años, concretamente desde 2008, el comportamiento global de los ingresos fiscales en el conjunto de Euskadi, que es lo que nos interesa, presenta síntomas de descenso y atonía en cuanto a sus cifras, fiel reflejo de la languidez que padecemos provocada por la crisis y la ralentización que nos atenaza, y que la recuperación, de la que tanto se habla, todavía está un tanto lejana.

El tema fiscal y el modelo aplicado en concreto en Euskadi, con el Concierto y el Convenio Económico, es un asunto que no se ha debatido y planteado con toda su profundidad, y más en estos momentos de zozobra, y de ataque a nuestro actual autogobierno, y a nuestra autonomía financiera y fiscal por parte de PP y PSOE.

Hay algunos agentes sociales y algunos partidos políticos, cuya defensa y ofensiva se dirige única y exclusivamente contra el aumento en la cuantía de los tipos impositivos, y contra la progresividad del sistema tributario. Argumentan para ello, el carácter desincentivador que el incremento impositivo y la progresividad tienen sobre el trabajo, el ahorro y la inversión, y en conjunto sobre la actividad económica de Euskadi, que al final, según ellos, es la única que genera el incremento de los ingresos fiscales.

Los defensores de estas ideas, aconsejan que si se desea practicar una política redistributiva de riqueza en la sociedad vasca, la misma debe de realizarse a través de los gastos públicos, y no mediante los ingresos, ya que se consideran además defensores, o al menos no quieren manifestarse en contra del Estado de Bienestar o de la Economía Social. Por ello propugnan una presión fiscal relativamente baja o lo más baja posible, ya que son conscientes que las Instituciones Vascas (Gobierno Vasco, Diputaciones Forales, Ayuntamientos), deben llevar a cabo actuaciones públicas, prestaciones de servicios, etc. a favor de la sociedad vasca, permitiendo para ello la existencia de algunos tributos y cargas impositivas, pero apostando más bien por reforzar la imposición indirecta(aunque la capacidad normativa sea estatal), en detrimento de los impuestos directos.

Técnicamente, los representantes de estas ideas más liberales, alegan que la imposición directa (I.R.P.F., I. sobre Patrimonio, I. sobre Sociedades, I. sobre Sucesiones, etc.), desmotiva y desestimula la actividad productiva, inversora y económica, y además su control, exacción, gestión, liquidación, inspección, revisión, etc. es más complicada y exigente, y por tanto el fraude puede ser mayor. Por el contrario los impuestos indirectos (I.V.A., Impuestos especiales, I. sobre transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados, etc.), son más generales, más fáciles de controlar, y como consecuencia el fraude puede ser menor.

Otros agentes sociales y otros partidos políticos, vienen planteando y muy repetitivamente un cambio valiente y urgente en el futuro modelo fiscal de Euskadi.

Presentan para ello una apuesta decidida por la progresividad impositiva, deben pagar más los que más renta y riqueza tengan o generen, y aquellos con superior poder adquisitivo. Inciden además por dar un peso específico superior en el sistema fiscal a la imposición directa, y por un control y lucha contra el fraude y la ocultación fiscal, no compartiendo la opinión, tan extendida, de que es más fácil el seguimiento de la imposición indirecta que el de la directa, ya que en la mayoría de los casos las bolsas de defraudación coinciden bien sea en las facturas falsas o en el encubrimiento de los ingresos o ventas.

No debemos esperar a que el adelanto electoral, a nivel estatal, ni las “ayudas e intervenciones” europeas, ni las limitaciones constitucionales impuestas para alcanzar el equilibrio presupuesta a nivel general, despejen inmediatamente la incertidumbre política y económica, y mejoren las expectativas de los mercados y la confianza de los consumidores, lo que no hagamos y resolvamos nosotros, y desde aquí, no nos lo hace nadie.

Si el panorama y la cuantía de los ingresos recaudados no varía sensible y positivamente, a corto o medio plazo, y aunque se lleven a cabo, y de forma contundente y rigurosa, las políticas emprendidas de control, reducción, y eficacia en el gasto corriente de las estrategias presupuestarias de todas nuestras Instituciones, habrá que reflexionar primero, y luego modificar urgente y consensuadamente, con la dificultad que el momento político actual conlleva, el modelo fiscal actual, si tal como dicen y proclaman en todas las entrevistas y debates nuestros políticos, no se va a llevar a cabo ningún recorte social, ni en las partidas relacionadas con el gasto social, y con el Estado de Bienestar.

(*) Economista.

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