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La crisis mundial, la Unión Europea y el MLNV (1)

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Imanol Lizarralde

Fue el pasado jueves día 3 cuando el secretario de relaciones internacionales de LAB, Igor Urrutikoetxea, y el dirigente de Batasuna e ideólogo del MLNV, Iñaki Gil de San Vicente, dieron una charla, organizada por el colectivo internacionalista Askapena, acerca de la crisis mundial en el marco de la Unión Europea y desde la perspectiva del MLNV dentro de un ciclo que en el aula de conferencias del Koldo Mitxelena, en San Sebastián. Unas sesenta personas, la mayoría jóvenes, se reunieron en el lujoso recinto del Centro Cultural.

En la conferencia, además de las dos intervenciones, tuvimos la oportunidad de ver proyectados en una pantalla los puntos de exposición más importantes. Y en la mesa de la entrada se nos ofrecía cartulinas plegables donde aparecían algunos documentos, entre los cuales se encontraba, el llamado “Herria abian!”, una suerte de manifiesto donde se denunciaban “la brutal injusticia del sistema económico imperante” y se establecía un análisis de la actual crisis. El MLNV le da una importancia extrema a la cuestión de la formación ideológica. Y pone todos los medios materiales y humanos para llevarla a cabo. Los nacionalistas tenemos mucho que aprender en ese aspecto.

Igor Urrutikoetxea hizo un análisis y un balance de la crisis e Iñaki Gil de San Vicente planteó la línea histórica por la cual hemos llegado hasta ella. De esta manera, la actualidad se veía unida a la perspectiva histórica y constituía su puesta al día. Igor Urrutikoetxea no dejó dudas sobre que tipo de izquierda conformaba LAB, “una izquierda transformadora, revolucionaria, radical”. Iñaki Gil de San Vicente hizo mención explícita de la necesidad del “método marxista” como “método de análisis interno” de lo social. En otro texto, dedicado también al tema de la crisis mundial, Iñaki Gil de San Vicente afirma con claridad que “para responder la actual crisis del capitalismo debemos recurrir al método dialéctico”. La perspectiva ideológica marxista (transformadora, revolucionaria, radical) y el método dialéctico son una sola cosa. Y así se nos mostró en las dos intervenciones.

Igor Urrutikoetxea dividió su intervención en cuatro partes: 1) El origen de la crisis; 2) Consecuencias de la crisis; 3) Qué es lo que pasa con los sindicatos; 4) Hipotéticas alternativas. Para Urrutikoetxea, la crisis surge como consecuencia al estallido de la burbuja inmobiliaria de los EEUU que crea un efecto en cadena que se extiende a todo el sistema financiero mundial. Según Urrutikotxea,  “las políticas neoliberales han generado la crisis. Es decir, la desregulación, el recorte de derechos, la bajada del consumo interno”. Se está manifestando a varios niveles, además del financiero, pues se da también a un nivel económico y energético.

En referencia a la Unión Europea, el paro se ha doblado, tanto en Europa, España como en Euskadi. Para el sindicalista de LAB, esta situación se está convirtiendo en una excusa para seguir aplicando las denominadas políticas neoliberales, por medio de la aplicación de las medidas del Tratado de Lisboa del 2007. Estas consisten en: 1) Ajuste financiero; 2) Desregulación laboral; 2) Recorte de gatos sociales; 3) Precipitar la jubilación. El Empresariado propone también la flexibilización de la negociación colectiva (son medidas que en el Estado español están negociando CCOO y UGT), con el objetivo de llegar a la negociación individual, de empresa a empresa.

En la Unión Europea Urrutikoetxea destacaba el liderazgo de Alemania y de Angela Merkel a través de la gestión principal de este país del Banco Central Europeo. El ejemplo de ello, sería las instrucciones dadas por el primer ministro alemán al presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, luego corroboradas, a nivel vasco, por Gemma Zabaleta, y a nivel sindical por Mendez. La consecuencia de todo esto es la desafección de grandes capas sociales respecto al proyecto europeo. Y como muestra de ello, la creciente abstención en los comicios europeos.

Entrando ya en el tema del modelo sindical europeo y de su posicionamiento respecto a la crisis mundial, Igor Urrutikoetxea planteaba la necesidad de una “autocrítica” por parte de “la izquierda transformadora” en el sentido de la existencia de “una incapacidad de plantear ofertas socioeconómicas” propias. Las excepciones serían las de Grecia, Portugal y Euskalerria, “donde existe una izquierda transformadora fuerte”. Por eso proponía que “existe la necesidad de un programa alternativo, que no se ha hecho a nivel europeo. Hay que jugar con ambición para coger el tren que esta crisis económica nos ofrece”.

Según Urrutikoetxea, la situación deja claro que existen dos modelos sindicales, aunque no son homogéneos. En primer lugar tendríamos el modelo “agotado”, que es imperante en Europa. Es la Confederación Europea Sindical (que apoyó el Tratado de Lisboa). Ahí están CCOO y UGT que son la mayoría en España. Este modelo tiene tres características: 1) Total dependencia del dinero público, es decir son dependientes del gobierno de turno (Zapatero en la reforma de pensiones puso sobre la mesa las subvenciones a los sindicatos como medida de presión). 2) “Diálogo social”, que no es más que el barniz de esa dependencia. Sirve sólo para legitimar las medidas del Capital. Y 3) Entender la lucha sindical como algo aislado de otro tipo de luchas sociales.

En un segundo lugar, se encontraría, el modelo sindical “emergente”. Es un modelo de clase, de confrontación, alternativo. Este sindicalismo hace una lectura muy crítica de la crisis. Tiene tres características: 1) Independencia financiera; 2) Rechaza el “diálogo social”; 3) Apuesta por un sindicalismo de confrontación sociopolítica, buscando alianzas con partidos, movimientos sociales etc. Se trata de los sindicatos reunidos en la Federación Sindical Mundial. En Grecia esta el PAME. Y en el sindicalismo italiano de base está la USB, creada en la década de los 90. Aquí también se encuentra la denominada Mayoría Sindical Vasca. Se trata de echar un pulso político y salir a la calle con otros sectores.

¿Cuál es la alternativa posible a esta situación desde el punto de vista de “la izquierda transformadora”? Para Igor Urrutikoetxea el ejemplo islandés es paradigmático de un camino a seguir. ¿Por qué? Por las medidas radicales tomadas en Islandia. Es el único caso Europeo en el que dimite todo el gobierno. También se nacionaliza la banca. Los responsables de la crisis son detenidos y encausados. La población rechaza en un referéndum, por una proporción del 93%, el pago de la deuda externa del país. Y se plantea una auténtica Asamblea Constituyente, la cual promulga una nueva Constitución para Islandia. Para el sindicalista de LAB todo esto sería realizable también a nivel estatal o europeo si existiera una voluntad política.

Para que eso fuera aplicable en Euskadi habría que crear las condiciones. Los partidos políticos, según Igor Urrutikoetxea, no han hecho otra cosa que sumarse a las medidas neoliberales internacionales. Pero en Euskadi existe la Mayoría Sindical, existe una izquierda transformadora (todavía ilegalizada). Para ello resulta necesaria una “tabla reivindicativa”: “es necesaria una alternativa política transformadora en Euskadi, que exista esa oferta política”. La respuesta a la crisis desde esta perspectiva se está dando ya que existe un eje que abarca Grecia, por medio del PAME, Italia, con la USB, y Portugal, con el CTGP. A este eje debería añadirse Euskadi, “que es una nación sin Estado, única dando respuesta en clave de clase y en clave nacional”. Por ello concluía que “es necesario un marco vasco de relaciones laborales” así como “la soberanía de un Estado Vasco: la capacidad de decidir”. En Euskadi “existe una correlación de fuerzas más favorable” para plantear la lucha en ese sentido. Finalizaba diciendo que no era casualidad “la oleada de huelgas en el sur de Europa”.

El análisis de Igor Urrutikoetxea tiene la virtud de encuadrar al MLNV dentro de un “eje” geográfico-político y dentro de un modelo revolucionario de la izquierda. Pero la división que establece entre dos modelos sindicales, el “agotado” y el “emergente” constituye, en parte, un ejercicio de wishful thinking y el ocultamiento de un hecho: en el seno de la izquierda europea, desde el estallido de la revolución octubre en 1917, siempre ha existido esa división entre el sindicalismo “reformista” y el “revolucionario”. Lo que el mismo denomina “sindicalismo emergente” es también el último reducto de la extrema izquierda sindical, derrotada con la caída del Muro de Berlin en 1989. Son las islas que quedan del antaño gran archipiélago de partidos, movimientos y sindicatos de la antigua izquierda revolucionaria. La llamada “izquierda transformadora” es la actualizadora de los principios que regían a las organizaciones derivadas de la III Internacional: un sindicalismo de “confrontación” (cuyo objetivo máximo es el recrudecimiento de las contradicciones sociales y la absorción de la energía que genera ese tipo de conflictos), desconectado en lo máximo posible de los mecanismos del sistema y parte integrante de un conjunto de partidos, movimientos sociales y sindicatos. La terapia que Igor Urrutikoetxea propone a la izquierda transformadora no va más allá de retomar los viejos principios y aplicarlos a las nuevas oportunidades otorgadas por la crisis mundial.

El ejemplo de Islandia es también engañoso: nos encontramos ante un pequeño país, con gran capital social y gran cohesión interna. El propio Urrutikoetxea lamentaba, en parte, que las reformas que tanto le gustaban habían sido aplicadas por una coalición de socialdemócratas y Verdes, es decir, por los representantes del llamado modelo “agotado” de izquierda. Pero esas medidas son coherentes con los puntos del “programa mínimo” o tabla reivindicativa ad hoc, que serviría como programa de lucha, con un ejemplo en el cual tales medidas han sido aplicadas. Al sindicalista de LAB le importaba menos la pertinencia de esas medidas para combatir la crisis, y el volver a una situación de bonanza social, que el hecho de que tales medidas constituyen una bandera de lucha, un elemento de cohesión y un programa mínimo-táctico como horizonte de ruptura revolucionaria que propugna su modelo sindical “de confrontación”.

Teniendo en cuenta la generalidad de la estrategia del MLNV, se ve bastante claro que las medidas adoptadas en Islandia son interesantes para el sindicalista de LAB en cuanto a que son medidas políticas que representan un proceso constituyente liderado por una coalición de fuerzas “progresistas”. Pero ¿son universalmente aplicables? El hecho de que políticamente, desde una perspectiva ideológica, coincidan con su propio ideario, ¿las hace realmente eficaces para combatir la crisis en cualquiera de las circunstancias? Urrutikoetxea nos ofrece un modelo de transformación “desde arriba”, por medio de la creación de un nuevo Estado o la toma de este y, “desde abajo”, por medio de un sindicalismo de “confrontación” en conexión y coordinación con otros grupos. ¿Este doble modelo está destinado a paliar las consecuencias de la crisis en aquellos que tengan que padecerla? Es evidente que la premisa de destruir al sistema que ha creado esta crisis se encuentra por encima de paliar los efectos de la misma, si esto significa jugar dentro de las coordenadas de ese sistema. La diferencia los dos modelos sindicales caracterizados por Urrutikoetxea se cifra básicamente en esa perspectiva de ruptura y de largo plazo que defiende.

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