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El totalitarismo constitucional de Rosa Diez

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Jon Inchaurraga

Es curioso como los portavoces del constitucionalismo en Euzkadi se agarran a la Constitución como si de oro fuera. El dogmatismo que encierran es peligroso. La santificación del texto constitucional que proponen desde UPyD roza lo fanático. Frases como “la Idea de España democrática tiene su origen en la Constitución del 78” o que la “nación constitucional es la única democrática” muestran un totalitarismo constitucional muy alejado de la idea de democracia que pensaba se tenía en el mundo occidental.

Yo creía que la democracia se hacía del pueblo hacia sus dirigentes, por voluntad propia. Creía también que los Derechos Humanos eran inherentes al propio ser humano y que las Constituciones únicamente los plasmaban en un papel y los adecuaban a sus circunstancias. Pero para alguien que afirma sin rubores que “la ley debe ser ciegamente respetada y libremente discutida” las “reglas del juego”, ese eufemismo que se utiliza para justificar lo injustificable, emergen de unos papeles y no de la propia naturaleza humana. La ceguera está discutida con la democracia. Salvando las distancias con UPyD, Adolf Eichmann alegó en su día que “él cumplía órdenes” cuando participó en el Holocausto. De ahí el peligro de creer en algo de forma irreflexiva.

El discurso de Rosa Díez de hoy se ha basado en el Estatut y en el famoso “se rompe España”. Díez acusó a Zapatero de permitir que Ministros y compañeros de partido acudan a manifestaciones en las que llama a “desacatar la ley”. Algo que para la dirigente vizcaína “no tiene precedente”. La reina de la lucha contra el “nacionalismo obligatorio” toma la bandera de otro nacionalismo, el español, que debe ser obligatorio “por ley”. Es defensora del “constitucionalismo” o “patriotismo constitucional”, eufemismo utilizado para estos casos, que defiende conceptos como tan asépticos como “ciudadanía” o “igualdad”. Conceptos abstractos que tienen la forma que le dé quien los utiliza. Por ejemplo; si todos los ciudadanos del Estado español somos iguales, ¿por qué mi comunidad autónoma debe dar dinero a otras para que lo reciban? Si todos somos iguales, ¿por qué yo he de conocer a escritores en castellano y no tengo porqué conocer a escritores en lengua catalana o gallega? En teoría, el Estado español es un estado plurinacional, aunque diferencie lengua oficial y cooficiales. ¿Acaso no es una desigualdad también? ¿Por qué un vasco tiene que aprender castellano y un riojano no tiene porqué tener unas nociones de euskera? ¿no somos todos ciudadanos del mismo estado?

El “patriotismo constitucional” es la nueva forma de nacionalismo español. Ya que aunque los dirigentes nacionalismo hispanos se nieguen a reconocer su existencia existe y es muy violento. Un nacionalismo que, como decía Machado del castellano, “desprecia lo que no conoce”. De ahí que Rosa Díez y compañía se metan con los catalanes o vascos que deseamos que nuestros derechos como nación sean reconocidos. ¿Qué derecho tiene ella como vasco-española para impedirme a mí, que me considero únicamente vasco, reivindicar la libertad nuestro Pueblo si así lo deciden sus hombres y mujeres? ¿No somos iguales, acaso? Quizás debería usted dejar de santificar ciertas leyes y “espíritus” y empezar a mirar la democracia, la libertad o la igualdad sin nombres ni apellidos; sin estados ni naciones; sino como reflejo de la voluntad de los individuos expresada por las urnas.

Es curioso como los portavoces del constitucionalismo en Euzkadi se agarran a la Constitución como si de oro fuera. El dogmatismo que encierran es peligroso. La santificación del texto constitucional que proponen desde UPyD roza lo fanático. Frases como “la Idea de España democrática tiene su origen en la Constitución del 78” o que la “nación constitucional es la única democrática” muestran un totalitarismo constitucional muy alejado de la idea de democracia que pensaba se tenía en el mundo occidental. Yo creía que la democracia se hacía del pueblo hacia sus dirigentes, por voluntad propia. Creía también que los Derechos Humanos eran inherentes al propio ser humano y que las Constituciones únicamente los plasmaban en un papel y los adecuaban a sus circunstancias. Pero para alguien que afirma sin rubores que “la ley debe ser ciegamente respetada y libremente discutida” las “reglas del juego”, ese eufemismo que se utiliza para justificar lo injustificable, emergen de unos papeles y no de la propia naturaleza humana. La ceguera está discutida con la democracia. Salvando las distancias con UPyD, Adolf Eichmann alegó en su día que “él cumplía órdenes” cuando participó en el Holocausto. De ahí el peligro de creer en algo de forma irreflexiva.

El discurso de Rosa Díez de hoy se ha basado en el Estatut y en el famoso “se rompe España”. Díez acusó a Zapatero de permitir que Ministros y compañeros de partido acudan a manifestaciones en las que llama a “desacatar la ley”. Algo que para la dirigente vizcaína “no tiene precedente”. La reina de la lucha contra el “nacionalismo obligatorio” toma la bandera de otro nacionalismo, el español, que debe ser obligatorio “por ley”. Es defensora del “constitucionalismo” o “patriotismo constitucional”, eufemismo utilizado para estos casos, que defiende conceptos como tan asépticos como “ciudadanía” o “igualdad”. Conceptos abstractos que tienen la forma que le dé quien los utiliza. Por ejemplo; si todos los ciudadanos del Estado español somos iguales, ¿por qué mi comunidad autónoma debe dar dinero a otras para que lo reciban? Si todos somos iguales, ¿por qué yo he de conocer a escritores en castellano y no tengo porqué conocer a escritores en lengua catalana o gallega? En teoría, el Estado español es un estado plurinacional, aunque diferencie lengua oficial y cooficiales. ¿Acaso no es una desigualdad también? ¿Por qué un vasco tiene que aprender castellano y un riojano no tiene porqué tener unas nociones de euskera? ¿no somos todos ciudadanos del mismo estado?

El “patriotismo constitucional” es la nueva forma de nacionalismo español. Ya que aunque los dirigentes nacionalismo hispanos se nieguen a reconocer su existencia existe y es muy violento. Un nacionalismo que, como decía Machado del castellano, “desprecia lo que no conoce”. De ahí que Rosa Díez y compañía se metan con los catalanes o vascos que deseamos que nuestros derechos como nación sean reconocidos. ¿Qué derecho tiene ella como vasco-española para impedirme a mí, que me considero únicamente vasco, reivindicar la liberación nuestro Pueblo? ¿No somos iguales, acaso? Quizás debería usted dejar de santificar ciertas leyes y “espíritus” y empezar a mirar la democracia, la libertad o la igualdad sin nombres ni apellidos; sin estados ni naciones; sino como reflejo de la voluntad de los individuos expresada por las urnas.

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