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Afonía o Jazz

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Ion Gaztañaga

En el libro “Sinfonía o Jazz” sobre el modelo Irizar se animaba a una transición de un modelo de gestión jerárquico a otro basado en equipos multidisciplinares autogestionados. En política, empieza a observarse aquella definición de “banda de jazz” que hizo del PNV la ex-secretaria del EBB, y hemos dejado atrás no la precisión sinfónica (que ya nos hubiera gustado), sino los tiempos del líder mesiánico repartidor de etiquetas de michelines y patriotas, del bozal general para unos muchos para que otros pocos se queden afónicos de tanto hablar.

Como muestra más elocuente de la “Nueva Cultura Política” de libertad de expresión de la que gozamos está la última entrevista de Joseba Egibar en El País, que nos invita a seguir su ejemplo aportando unas pequeñas armonías disonantes al “groove” del presidente del GBB.

El titular, “Zapatero sacrificaría al PSE si es necesario” es realmente interesante y como muestra de veracidad tenemos a Maragall. Sin embargo, las suaves disonancias van “in crescendo” cuando leemos que “gobernar con el PSE requeriría una coincidencia de fondo que no se da”. Ahí está la belleza del jazz, que el de Alonsotegi nos puede dibujar un escurridizo arpegio diciendo que una eventual coalición de PNV y PSE “es una fórmula tan válida como cualquier otra”, mientras que el de  Andoain prefiere un sonoro acorde que marque terreno frente a un crecido PSOE.

El primer momento para la disonancia en esta partitura-entrevista es la cuestión electoral, donde Egibar dibuja la melodía de los posibles altibajos electorales:

P. ¿No cree que la falta de una mayoría institucional sólida en Guipúzcoa impide avanzar en proyectos importantes y provoca frustración?

R. No lo veo así. (…) el voto nacionalista pasa del 60% y tiene un nivel de conciencia política que les ha llevado racionalmente a instalarse en la abstención porque cree que no estamos haciendo las cosas bien.

P. ¿Es una censura a la política que ha desarrollado?

R. (…) El electorado nacionalista vivió entre 2001 y 2005 un momento álgido por la lucha que se activó. En 2005, el ambiente se relajó y bajó la participación. (…)

P. ¿Pero cuánto de ese desafecto se debe a fallos de gestión por parte del PNV?

R. No creo que el desafecto nacionalista obedezca a la gestión (…). Se trata más de un desafecto emocional que ha sido racionalizado porque no encuentran la opción natural(…).

Más allá del “feeling” musical entre los músicos, a uno le quedan las ganas de poder conocer los estudios sociológicos que han llevado a esa conclusión, ya que el paso a la abstención de un sólo sector del electorado es un fenómeno digno de estudiar. Y en mi ignorancia estadística, veo extraño que haya nuevos votos de la suma PP+PSOE, si  los votos del PNV se han quedado en casa. Porque la música es arte pero no puede desafiar la ley matemática de la acústica.

Más allá de virtuosismos imaginativos sobre armonías conspirativas (“Mi percepción de lo que hay es que el PSOE está dispuesto a sacrificar al PSE y a López siempre que el PNV sacrifique a Ibarretxe y su línea política quede limada”) el aspecto disonante más importante de esta “jam session” son los principios prepolíticos y las mociones de censura:

P. Si se defiende el derecho a la vida y a la convivencia como un principio prepolítico, ¿por qué no se aplica en todos los municipios donde gobierna ANV, no sólo donde hay atentados?

R. Hay problemas de mínimo ético y moral en todos los ayuntamientos, pero el atentado ha ocurrido en Azpeitia. Además, la negativa a condenarlo contiene un mensaje interno de prietas las filas.

P. ¿Y no es un mensaje suficiente como para sacar a ANV de las alcaldías que tiene?

R. ¿Por qué? Eso es un posicionamiento político. Yo planteo el previo ético, pero luego no se puede generalizar, universalizar y convertir a todos en ETA.

P. ¿Pero no es suficiente esa negativa para sacar a ANV de las alcaldías?

R. Yo no universalizo. Pero en Azpeitia lo vamos a promover. Pese a que decían que el planteamiento ético que hacemos es irrelevante, porque nunca lo van a condenar. Pero es una labor de pedagogía, que experimenten que se les pone un límite por el hecho de que no se hayan atrevido a calificar el atentado y sólo lo hayan lamentado.

Es decir, observa un problema “ético y moral”, pero “no universaliza”. ¿Acaso la ética entiende de límites municipales? ¿Consideramos de nuevo que llevar las mociones a más ayuntamientos es “multiplicar el problema”? Si el propio solista nos dice que el atentado va contra todo el empresariado vasco, ¿cómo se explica que se considere “ética” una respuesta limitada a Azpeitia?

Esta melodía nos es familiar ya que después de Arrasate supimos que las mociones de censura “no conducían a escenarios progresivos de normalización” y que la música adecuada era “trabajar progresivamente en pedagogía social y política en Euskal Herria para que se produzca una disección entre los votantes de ANV”.

Siendo partidario de extender las mociones de censura, tal y como después de Arrasate se “universalizaron” las mociones éticas, estimo que el argumento “pedagógico” es difícil de descifrar. ¿Qué es “pedagogía social”? ¿No ha habido suficiente “pedagogía” durante 40 años para que hayan aprendido? ¿Qué significa en la práctica “producir una disección”?

Porque si no “universalizamos” la respuesta al atentado y consideramos “política” su extensión, considero que entonces no estaremos estimando el derecho a la vida como un principio “prepolítico”, sino más en la línea de compañeros de viaje de polos soberanistas que ayer eran una necesidad y hoy “una zona minada políticamente”.

El entrevistado sabe muy bien que defender la libertad de opinión y la apertura de la política puede acarrear problemas con personas que no se adaptan a la nueva cultura política, y birla brillantemente a la trampa que le tiende el periodista de El País:

P. ¿Qué hay de mito y realidad en el Egibar problemático en la dirección del PNV con su línea identitaria y con fama de capataz en Guipúzcoa?

R. La suma de tópicos y estereotipos va fabricando una figura de la que no te puedes desprender. Además, en el EBB no soy incómodo; puedo resultar incómodo a algunos, pero no en el EBB.

Reconforta ver  a otro dirigente político unirse al elenco de personas nacionalistas que emiten opiniones “personales” (como lo han hecho últimamente Azkuna, Bilbao, Gerenabarrena, Urkullu y otros muchos) que considera estas aportaciones muestra de nuestra pluralidad y no como “incomodidad” para el nacionalismo. Sólo resta hacer “pedagogía social” con aquellos que los consideran “incómodos”, les fabrican “estereotipos” y son afines al secretismo y al bozal. Mientras tanto, que no pare la música.

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