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Jorge Oteiza (II)

Imanol Lizarralde

[…Continuación de Jorge Oteiza (I)]

Criticaba Oteiza en su “Ejercicios Espirituales en un Tunel” el análisis positivista y restrictivo de los nuevos investigadores del hecho vasco, como Koldo Mitxelena o, en cierta medida, José Miguel de Barandiaran, pues habían puesto los estudios vascos a una altura europea en términos científicos pero no quisieron aportar una hipótesis de investigación, líneas de continuidad dentro del material que habían localizado.

Entonces Oteiza plantea la perspectiva visionaria de Astarloa, que siguiendo la teoría peregrina del Eden poblado de vascos investiga la lógica del euskara y precede en su investigación a las experiencias del estructuralismo lingüístico de Saussure. Oteiza dice que junto con la pata empírica el vasco tenía que desarrollar su faceta visionaria, la proyección práctica sobre el mundo de un sueño realizador.

Decía que, desgraciadamente, la mayoría de los vascos universales, como San Ignacio de Loyola, Miguel de Unamuno o el Abad de Saint-Cyran, proyectaron su sueño sobre temas alejados del País Vasco o que no tenían a éste su centro. Para Oteiza la señal del renacimiento vasco fue el interés de los artistas, durante los 60, acerca de la identidad vasca. La reflexión estética vanguardista, que pasó a ser una reflexión sobre el origen, sobre las fuentes de espiritualidad y utilidad del arte primitivo, encontraron en el hecho vasco un hecho que hasta entonces fue mudo pero que mediante las cuevas cantábricas y la música del euskara empezó a desvelar su sabiduría secreta.

Y frente a la teoría de Miguel de Unamuno, de que el euskara era un idioma sin términos metafísicos y sin nivel de abstracción, Oteiza localiza en el euskara, mediante la estética bertsolarística, el dato de una forma de narrar y describir peculiares que corresponden a un estilo ancestral, pero no arcaico, sino totalmente adaptado a las necesidades de socialización de unos valores. Un estilo, además, efectivo, en términos de transmisión de la visión del mundo de la comunidad de vascohablantes. Y un estilo diferente, además, al estilo latino, al canon clásico occidental.

El bertsolari, al improvisar siempre teniendo en la memoria el último verso, parece que divaga o que desbarra, dice Oteiza, respecto a la lógica lineal latina o griega. Sin embargo, ese último verso, que es el pequeño cromlech de la conclusión, permite la persistencia de un orden que permite al artífice plantear su viaje hacia el en términos sintéticos e intuitivos.

Los folkloristas no habían sacado sentido a multitud de composiciones poéticas vascas por esa especie de falta de lógica que no era sino la traslación de una educación estética clásica y latina, ajena al estilo vasco del bertsolarismo. Pero su labor de investigación le había dado a Oteiza la posibilidad de una vía negativa, de poner sus afirmaciones de arriba abajo, localizando al fin una continuidad en los recursos poéticos de la inconexión bertsolarística.

Este estilo poético y narrativo, dice Oteiza, es producto del estilo vasco que el localiza también en la forma de narrar de Pío Baroja o en la forma de filosofar (no en la filosofía) de Unamuno. La naturaleza impresionista e inconexa de muchas narraciones de Baroja, la filosofía de la contradicción de Unamuno, son expresiones de otra forma de estilo directo que la meramente causal.

También nos quiere decir Oteiza que el estilo vasco trasciende el idioma vasco, aunque este sea expresión más preclara del mismo; que un escritor puede tener un estilo latino en vasco y tener un estilo vasco en castellano, como considera que lo tienen Baroja o Unamuno. Dice que, en términos estéticos, es posible localizar en diferentes ramas del arte ese estilo, que el quería hacer consciente, revelarlo a las nuevas generaciones de vascos y socializarlo para que Euskadi pudiera acometer, desde la reflexión estética y existencial, a un renacimiento, que empezaría por un redescubrimiento del origen. Un origen actualizado por converger con las nuevas reflexiones acerca de la utilidad del arte y del hecho nacional.

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