Aberriberri bloga

La Batasunización de PSOE

Read Time:3 Minute, 3 Second

Imanol Lizarralde

Este título es, evidentemente, pura provocación. Pero, en este momento, cuando vemos que el Partido Socialista hace abstracción, de manera escandalosa, de sus últimos movimientos políticos en el finiquitado “proceso de paz”, y pretende volver al discurso de que el nacionalismo vasco no ha roto amarras con el MLNV, es necesario plantear un ejercicio de mínimo realismo político.

Es por ello que afirmaciones tan rotundas como las elaboradas por el articulista de El País y profesor de Derecho Constitucional y Europeo por la UPV Iñigo Bullain de que “la paz será una quimera mientras la comunidad nacionalista siga en connivencia con quienes promueven la guerra” o cuando habla de “la comprensión de la familia nacionalista, que ideológicamente (…) está ya parcialmente batasunizada” (Paz y Violencia, El País, 26-3) son muy engañosas, porque prescinden del matiz, que es la clave para analizar la situación política vasca. Prescinden también de datos de bulto que la amnesia política esconde en la trastera de las cosas que no hay que remover. Coincidiendo casi plenamente en la descripción de la naturaleza e ideología del MLNV que efectúa el profesor Bullain en otros artículos, paso aquí a señalar algunas discrepancias.

Son muy engañosas porque prescinden del proceso, que culmina en los 90, de desvinculación de hecho entre el nacionalismo vasco y el MLNV. Vivimos ahora, en el nacionalismo, los coletazos de una decantación, para llegar a las rotundas palabras del presidente del PNV Iñigo Urkullu en el último Aberri Eguna de que con la izquierda radical no existe coincidencia ni de medios ni de fines, o incluso a las del secretario general de EA Unai Ziarreta que decía que “con violencia no hay independencia”.

Pero es que Iñigo Bullain prescinde de otro hecho de que, por paradójico, no es menos real: el contacto entre la izquierda radical y representantes de ETA con el PSOE durante los 80. Pues, queramos o no, el PSOE tenía más contacto con ETA y con la entonces Herri Batasuna (en momentos tan clave como antes y después del atentado de Hipercor) que el PNV. Y por ello sacó adelante la tregua de 1989. Del mismo modo, la estrecha relación fraguada entre el dirigente del PSOE Jesús Egiguren y el de Batasuna, Arnaldo Otegi, durante cinco años (en los que ETA mataba a militantes del PSOE) sirvió para declarar la última tregua. El “nacionalismo vasco” (el PNV y EA) nunca ha llegado a tales cotas de “connivencia” más que en el episodio de Lizarra-Garazi. Que es un episodio, mientras que la relación del PSOE con la izquierda radical es mucho más fraterna, desde la comprensión de una misma raíz de izquierda. Es esta complicidad la que permitió que EHAK ocupara, en el 2005, los bancos del Parlamento Vasco para que, al alimón con el PSOE, le chafara a Ibarretxe su plan.

En este sentido, la paz será una quimera mientras el PSOE deje de ver la violencia de ETA como la oportunidad, contradictoria y complementaria, de machacar al nacionalismo vasco y de pactar con ETA y con sus valedores políticos un pacto de propia conveniencia. “Sin ese aval al terror nunca se hubiera podido llegar a donde se ha llegado” dice Bullaín de las relaciones del MLNV con el nacionalismo democrático. Sin el aval de un PSOE frívolo, oportunista y “a-moral” (en el sentido político de mantener, a la vez, conversaciones con ETA y liderar, junto con el PP, un Pacto Antiterrorista que señalaba, de la forma más cínica, al nacionalismo democrático como enemigo) ETA no hubiera planteado una tregua que ha sido, una vez más, un engaño, en el que han caído de forma vergonzosa los gobernantes de España.

Salir de la versión móvil