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Un asesinato político

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Imanol Lizarralde

Era casi inevitable. Y sin embargo que bien poco se preveía en los mentideros políticos de todos los partidos y en las tertulias. La cuestión que mejor definiría, para mí, este atentado, es esa especie de irrealidad en la que se ha asentado tanto la clase política como la opinión pública, en dar por hecha la debilidad y la próxima derrota de ETA.

ETA tenía que arriesgar. El pasar estas elecciones sin dejar un cadáver sobre la urna hubiera supuesto, dadas las circunstancias, una debilidad real, que sería una debilidad que afectaría al núcleo de sus convicciones como organización armada; la debilidad de no aprovechar una coyuntura política contradictoria, como eran las elecciones, para incidir nuevamente en la debilidad máxima del estado español: la división de sus partidos en materia de terrorismo.

ETA pulsa con el simple asesinato del ex concejal Isaías Carrasco esta contradicción enfrentada a escasos días de un refrendo electoral, marcando una presión máxima.

La imprevisión es ecuménica. Ya nadie se acordará de los debates entre Zapatero y Rajoy, que en ningún momento daban a entender la posibilidad de una intervención tan salvaje de ETA. Por que la organización armada abre el campo de sus objetivos, que si bien también afectaba a los afiliados del PP y del PSOE ahora lo hace con mayor fuerza.

Por mucha leña que se quiera hacer de este atentado, hay un hecho indudable. ETA ha atacado directamente al PSOE. En intención (como nos lo dirá en su comunicado de explicación del atentado) y de hecho, cebándose en uno de sus afiliados.

No cabe subestimar, tampoco, la elección de un pueblo donde ANV lleva las riendas del gobierno municipal. De ese modo ETA hurta la posibilidad publicitaria de unas autoridades públicas dispuestas a movilizar a la ciudadanía en una muestra de repulsa popular del atentado. Y además el PSOE queda malparado por la presencia legal de ANV en el consistorio.

No olvidemos que este mensaje lo lanza ETA en conjunción con la consigna abstencionista de la izquierda radical. Es por tanto un mensaje de crear miedo y presión frente a los ciudadanos que quieren ejercer su derecho a voto en Euskadi. El asesinato es parte de una estrategia más amplia, donde también entran la presión en todos los campos como el municipal, el ecológico (recordemos que la sombra de ETA también planea sobre el TAV), el político. Recuerdo perfectamente el mensaje que nos lanzaron los representantes de ANV en el ayuntamiento de Astigarraga: “estaremos bien presentes en estas elecciones”. El cadáver de Isaías Carrasco es buena prueba de ello, pues en estas elecciones es la verdadera noticia, la que deja a todos helados.

El hecho de poder detectar últimamente una debilidad de ETA no supone su desaparición y este atentado no debe interpretarse como el coletazo de una organización terminal, pues es la división política (en el País Vasco, en España) el campo de donde saca fundamentalmente sus fuerzas. Es la división política la que arroja el jarro de agua fría de la desesperanza sobre este asesinato.

Este asesinato debe servir también para recordarnos que el ejercicio de la democracia es un oficio arriesgado. Para cualquier ciudadano de a pié, por el simple hecho de tomar una determinada opción política o efectuar un mero gesto como es el de votar. Y la dignidad de ciudadano por una vez viene refrendada por la malévola intención de un movimiento político militar, como es el conjunto de la izquierda radical, que quiere anular el principio democrático amedrentando y matando a las personas particulares.

Los nacionalistas debemos estar en la vanguardia de la defensa de los derechos de humanos y de los derechos de nuestros ciudadanos. Ese es el criterio primario de una política justa. Que el asesinato del socialista Isaías Carrasco nos sirva para tenerlo siempre bien presente.

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