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José Díaz Herrera y Los Mitos del Nacionalismo Vasco

El Nobel Santiago Ramón y Cajal solía aconsejar a sus alumnos e investigadores jóvenes lo siguiente: ”No hay problemas pequeños. Los problemas que parecen insignificantes son grandes problemas que no son entendidos” (“Consejos a un joven investigador”). Con este consejo invitaba a los jóvenes a tomar el camino de la ciencia, un camino ciertamente trabajoso. Es la ciencia la que convierte un problema pequeño en un problema grande. Hurgar un supuesto pequeño problema y descubrir que abre la puerta a un nuevo universo, y por tanto, desconocido, no gusta al común de los mortales. El estudioso debe modelar su propia mente a los nuevos ámbitos y ser audaz. Los tópicos no le valen. Por el contrario, los problemas pequeños, los tópicos, los lugares comunes, hacen que la vida fluya de modo aparentemente más fluido y sencillo Pensar cada paso que se haya de dar es un hándicap a la fluidez y al dejarse ir. De ahí la tendencia de muchos a querer seguir ignorando lo nuevo, siguiendo la ley general del mínimo esfuerzo. Pero la vida presenta también otro lado: sucede que, bajo el influjo de la ignorancia, de la superchería y de los tópicos se crean grandes problemas, problemas irresolubles, que representan un terrible obstáculo al desarrollo humano, y que la ciencia, el conocimiento, o el simple cambio de punto de vista, trastocan en sencillos problemas.

Y aquí interviene un problema de la actitud: ¿qué se prefiere, la ignorancia y los tópicos con sus pros y contras, o, el conocimiento con los suyos? Promover la ignorancia, o promover el conocimiento es un problema de actitud; y conviene indagar porqué se toma una u otra, porque cualquiera que sea ella, es una actividad consciente.

José Díaz Herrera escribe: “Durante decenas de años la organización terrorista ETA ha jugado con dos mitos: que se trataba de un movimiento de liberación social en defensa de la clase trabajadora para formar un Estado socialista y que su principal objetivo era acabar con el franquismo para facilitar la liberación de los pueblos de España de la Dictadura” (pág.505). Es evidente que ha leído los objetivos de ETA y del MLNV, pero los tergiversa, convirtiéndolos en mito: el que ‘su principal objetivo era acabar con el franquismo para facilitar la liberación de los pueblos de España de la Dictadura’ el autor se lo ha sacado de la manga durante la redacción de ese capítulo. Respecto del otro hay que decir que MLNV (en el que ETA es una organización del mismo) es un ‘movimiento de liberación social y nacional -las dos a la vez- en defensa de la clase trabajadora para formar un Estado socialista’ del que el autor omite ‘lo nacional’. Y lo omite porque no quiere dar explicaciones a sus lectores de cómo la liberación social y nacional se hacen a la vez y no secuencialmente, primero uno y después otro. Opta por ello hacer mitología de la realidad convirtiendo en tremendos tópicos separatistas lo que son aspectos de la ‘liberación social’ del movimiento. Y no quiere entrar en el meollo de este último aspecto porque es aquí donde reside el mito de todo el movimiento izquierdista mundial que pasa por verdad revolucionaria.

En efecto, ningún movimiento revolucionario que se reclame socialista y haya conquistado el poder ha hecho otra cosa sino profundizar en un capitalismo de estado -manteniendo la naturaleza explotada del trabajo-, o los más modernos están utilizando el neoliberalismo para consolidar todavía más al partido que dirige ‘el socialismo de características chinas’ (caso de China), por lo que la liberación de la clase trabajadora sigue siendo el gran mito que seguirá recorriendo el s.XXI sin que surja, por parte de los supuestamente interesados, ningun sistema alternativo de producción que elimine la explotación del trabajo. Pero José Díaz, prefiere no denunciar este gran mito y actúa de esta otra forma: es conocedor de la finalidad de ETA y del MLNV porque ha leido sus escritos, pero a continuación se da la vuelta y nos dice: “…su estrategia se encaminó siempre a crear, con la inestimable ayuda del PNV, las condiciones objetivas y subjetivas que le permitieran promover la secesión del País Vasco del resto de España” (pág.505) que es el tópico con el que Franco nos inundó, y los partidos demócratas aceptan como oro de ley, con el que justifican sus políticas antiterroristas, sin resolver problema alguno.

Y, montado en el tópico, escribe como lo haría un ‘ex-etarra’o un miembro del Foro de Ermua: “En lugar de disolverse y pedir perdón por sus atentados, que ascendían a una docena, los terroristas deciden aliarse con el PNV en un Frente Nacional para elaborar un Estatuto Vasco e imponerlo por la fuerza en Madrid”. ETA, y por extensión el MLNV, nunca ha sido partidario históricamente del Estatuto Vasco y, por lo tanto, sobra lo de ‘para imponerlo en Madrid’. ETA (MLNV), por el contrario, siempre ha sido partidario de un frente, que no es precisamente el ‘frente abertzale’ que sueñan algunos ilusos nacionalistas, sino un frente revolucionario en el esté incluido -más bien embridado- el PNV, basado en sus propias alternativas tácticas y, de este modo alcanzar su objetivo: llevar la revolución a España y Francia. A esto, el MLNV le llama ‘acumular fuerzas’.

Y llegamos a otro tópico, franquista y ‘ex etarra’, aceptado por los demócratas: “Su aniquilación (la de ETA) era tan sólo cuestión de tiempo de no haberse cruzado por medio el Consejo de Guerra de Burgos y la actuación del PNV dispuesto, como siempre, a hacerle el ‘boca a boca’  a los terroristas para obtener ventajas políticas”. Es decir, algo parecido a: estábamos a punto de liquidar a ETA pero, en el último momento, aparece el PNV y, zas, lo reactiva.

Por lo visto, los ‘ex etarras’, los franquistas y neofranquistas, los ‘ex comunistas’ y demás gente pretende cargar en espaldas ajenas tópicos que ellos mismos han fabricado. No quieren considerar, por ejemplo, el antecedente cubano, donde fue el propio Fulgencio Batista el que difundió la figura de Castro como líder revolucionario cuando montó el juicio de Santiago de Cuba en julio de 1953. Sólo faltaban las cámaras de televisión, que entonces no existían.

El Consejo de Burgos fué algo parecido, aunque de gran dramatismo por parte de quienes lo vivieron. El Estado hizo de ello una cuestión nacional, pues se trataba, al parecer, de una cuestión mayor: la unidad nacional. En realidad lo internacionalizó. Se quería dar un castigo ejemplarizante a los ‘separatistas vascos’ -tópico habitual- y sucedió lo que sucedió: “hemos utilizado este juicio como plataforma para exponer la teoría revolucionaria y la opresión que sufre nuestro pueblo. De ser simples acusados, pasamos a ser acusadores y gracias a la solidaridad internacional hemos desenmascarado el sistema, hemos celebrado un juicio al fascismo y denunciado la situación que vive nuestro pueblo”, entresaca Jose Díaz de la Carta de los 16 militantes del Consejo de Guerra. Este documento habla de ‘exponer la teoría revolucionaria’, no habla de separatismos. El PNV colaboró, como el que más, a salvar vidas. O, ¿qué esperaban quienes ahora le recriminan, apoyar las sentencias de los militares?. Lo cierto es que tal y como planeó el régimen franquista la celebración del Consejo tuvo una gran incidencia en la calle y en Europa. Hasta el Vaticano intervino pidiendo clemencia, oponiéndose a la ejecución de las sentencias.

Fue tremendo porque gentes insensibles a la política, tanto en Euskadi como en todo el Estado, en todas sus capas sociales, percibieron nítidamente el fragor callejero y el mediático (las algaradas universitarias, las huelgas de Madrid, etc. no fueron, de modo alguno, organizadas por el PNV ) y quedaron sensibilizadas a favor de los enjuiciados y en contra del régimen. Y tuvo sus resultados: el Consejo de Guerra de Burgos fue el factor determinante para que, a partir de 1971, surgieran multitud de partidos de izquierda en Euskadi y en España. Partidos todos ellos independentistas pero no separatistas (más adelante se intentará aclarar el matiz). Atribuir al PNV el resucitamiento de ETA es tan disparatado como afirmar que el franquismo jamás existió. Pero por lo visto, hay autores, que leen una cosa y comentan otra, tanto mejor si  no tiene nada que ver con lo leído si con eso sirve al tópico.

Pero, las grandes situaciones, ejercen su influencia sobre un amplio espectro social, y superando los ámbitos singulares, el tópico de ETA como movimiento ‘separatista’ tiene larga y, por desgracia, sana vida. No sólo porque así le presentan sus contrarios en nuestros días (el franquismo, el PSOE, el PP y asociaciones satélites) sino porque también han hecho mella en otros ámbitos como en el PNV. En efecto, dentro de la familia nacionalista -PNV- (excluyo de ella, obviamente, al MLNV) hay varias sensibilidades que a través de la historia han actuado de formas diferentes pero sin mostrar estridentes diferencias entre ellos. Y el tema ETA se ha vislumbrado de dos maneras: entre los que les consideran ‘nacionalistas -abertzales- descarriados’; ‘coincidimos en los fines pero no en los medios’ (Uzturre) ; ‘unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces’ (Arzalluz) y los que, tomando en consideración lo que el MLNV escribe y hace políticamente, les toman como movimiento revolucionario, que tienen sus objetivos propios, y nada que ver con los de la familia nacionalista.

En el seno de la familia nacionalista se han hecho ponencias, charlas, debates políticos. Nunca con ETA y el MLNV como tema central -hablo del período 1976-2004)-, sino como algo que está como telón de fondo, soslayado y convertido en tabú. En estas condiciones se confían en el hecho que conforman una mayoría social con influencia y en la pericia y en los contactos de los que dirigen la nave peneuvista. ¿Los errores? Prácticamente no existen y si los hay, no se repetirán por segunda vez por eso, las responsabilidades políticas nunca aparecen ni como destituciones ni como dimisiones. En este sentido es llamativo lo que atribuyen a Egibar del Acuerdo de Estella: “Si fracasa rodarán cabezas”. Por activa, no rodó ninguna. En otros partidos democráticos europeos, por menos motivo presentan dimisiones o hay destituciones; por salud democrática. ¿Porqué se prolonga en el tiempo esta situación de no tratar a fondo el tema del MLNV? En el fondo es una actitud que se deduce del consejo de Ramón y Cajal comentado anteriormente: se prefiere seguir con los tópicos que facilitan el apacible discurrir de la vida -no se ven mas que ‘problemas pequeños’, pero sin solucionar ninguno- que acudir a la ciencia o al simple cambio de punto de vista, que no cuesta dinero y puede aportar soluciones, además de entretenimiento.

Esta actitud seguidista del tópico se da también en otros ámbitos socio-políticos, desde el PP al PSOE, desde IU al MLNV (que también aquí los hay), y cabe tildarla de reaccionaria porque es un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas democráticas en la resolución de los problemas concretos.

El primero que tildó de ‘nacionalistas’ y ‘separatistas’ a los de ETA fue Fraga Iribarne, en los primeros años sesenta, siendo Ministro de Información y Turismo con Franco. La revista ‘El español’ se encargó de difundir este tópico. El marxismo no existía para Fraga. Influyó en mucha gente nacionalista, de la vieja ola, la de la guerra civil y en los jóvenes vascos que querían ver cosas nuevas. Con estos mimbres resultó el Consejo de Burgos.

Más tarde, en la etapa democrática, el general Andrés Cassinello expuso, en los cursos de El Escorial de 1982, su tesis al considerar en ETA “al independentismo como sustancia y al marxismo como adherencia”. Lo que parece progreso -introduce el tema marxista- resulta todo lo contrario porque está mal introducido -exactamente al revés-. Es a partir de esta época cuando aparece un nuevo formato de agente político: los ‘ex etarras’. Estos, denostan a la propia ETA, por sabiniana y nacionalista, consideran el marxismo meramente anecdótico rebajando su papel a los militantes que lo profesan y no a su dirección. Ponen de moda los ‘mitos nacionalistas’ y  dan pábulo a las tesis de Cassinello, reforzándola. Sus efectos son tremendamente perniciosos y nada míticos:

ETA sigue cometiendo atentados, contra supermercados y cuarteles, no hay modo que desaparezca de la vida social las acciones terroristas ni su apología. Para incrementarlo se inventa el GAL. Son los “ex etarras” los mas interesados en sostener y difundir el análisis-tópico de Cassinello porque es la gasolina que necesitan para incendiar la pradera social. Y dan por descontado su anuencia con la extrema derecha para que el tópico se siga consolidando.

De ahí que la conjunción entre los prejuicios antivascos y antinacionalistas de ciertos sectores derechistas con elementos interesados en fomentar desinformación hacen que la alta dirección del Estado cometa errores, y, los partidos que la sustentan, también. No es de extrañar que todo ello afecte al PNV a cometer errores complementarios.

Un poco antes, en febrero de 1981, tiene lugar un acontecimiento que asienta definitivamente la base sobre la que se desarrollará la política post-Suárez y la mayor parte de la vida democrática española: el golpe militar Armada-Tejero, motivado para reconducir el tema autonómico -dice José Diaz-, cuando lo preciso es decir reconducir el problema vasco. El autor participa de la teoría franquista-‘ex etarra’, de que el Estatuto Vasco es consecuencia de una excesiva generosidad de Suárez y como el recorte del Estatuto puede causar frustración, que es lo que carga las metralletas de ETA, “se niega a pagar precio político a los de las pistolas.”. Pero resulta que las pistolas, en este caso, no son de ETA, y las fuerzas políticas sedicentes democráticas españolas han pagado y están pagando precio político a las fuerzas golpistas, que son quienes, de facto, han hecho la relectura de la Constitución, y con la que se vive desde el primer gobierno González (1982) -LOAPAs y demás leyes y sentencias judiciales restrictivas- hasta hoy. Caso único en las democracias europeas, la española es, en todo caso, la más parecida a la democracia turca, en la que las autoridades civiles -Estado, partidos, justicia- viven temerosas de las lecturas constitucionales del sector levantisco de la milicia. En el caso de la reforma del Estatut catalán, recientemente, también se les ha oído.

La singularidad de la democracia española proviene acaso propiciada por ‘la situación vasca’, que al no haber sido estudiada correctamente, invita a emitir continuamente mensajes fraudulentos. Pero el dilema persiste: ¿qué actitud tomamos, la de promover la ignorancia recurriendo a tópicos y ver sólo “problemas en apariencia pequeños” o recurrir a la ciencia, al conocimiento y al cambio de punto de vista para convertir en auténtico pequeño problema lo que parece irresoluble? ¿Preferimos los tópicos o seguimos la vía que Ramón y Cajal nos invita a seguir?

Complementario con lo anterior José Díaz saca a relucir un tema que tiene un frecuente uso como arma arrojadiza, pero cuando uno se introduce en el problema  resulta que no es tan sencillo como el autor quiere aparentar y surgen ramificaciones. Dice: “…A pesar de sus diferencias tácticas y estratégicas, en los momentos de dificultad, ETA y el PNV han mantenido un cordón umbilical subterráneo y poco conocido, que ha permitido el paso de la sabia vivificadora de una organización a otra” (pág.675), y más tarde insiste en lo mismo, “ Aunque el simple relato de las relaciones subterráneas y secretas entre la banda terrorista y el llamado nacionalismo moderado puede llenar páginas enteras….” (pág. 698).

Para sostener su tesis, José Díaz, echa mano del clásico ‘resucitamiento de ETA’ del Consejo de Burgos como si el franquismo nunca hubiera desempeñado ningún papel en ello; ni la acción de los comunistas y los incipientes socialistas (todos en la clandestinidad) no tuvieran tampoco ningún rol en el tema. Porque la oposición antifranquista, por el hecho de serlo, se opuso al Consejo de Burgos y trabajaron codo con codo, junto con el PNV, para evitar ejecutar las sentencias. ¿Les hace ello a comunistas y socialistas –a pesar de sus diferencias tácticas y estratégicas, en momentos de dificultad– acreedores de mantaner con ETA un cordón umbilical subterráneo y poco conocido?Si así fuera, José Diaz nos hace ver que los ‘cordones umbilicales subterráneos y poco conocidos’ no ligan sólo a ETA y el PNV, abarcan también a otros ámbitos. ¿Será que ve únicamente desde la trinchera neofranquista? En el tema de las conexiones subterráneas de ETA, ¿por qué quedarnos únicamente en el ámbito, siempre sospechoso, de la izquierda?

Resulta que Díaz arroja el anzuelo y el cebo más lejos todavía, cuando refiriéndose que a través del Concierto Económico el PNV es la encargada de repartir sinecuras, prebendas y canonjías afirma: “Lo peor de todo es que los partidos políticos que sucedieron a la UCD en la gobernación de España (PSOE y PP) han persistido en esta situación discriminatoria, a sabiendas de que con ello no contribuían a la integración de los vascos en la unidad constitucional, sino a fomentar el separatismo” (pág.776) Porque para semejante afirmación datos tendrá el canario Díaz, para acusar también al PP que, cultiva cordones umbilicales subterráneos y poco conocidos con los ‘separatistas de ETA’. Acusar al PP de “fomentar el separatismo”, -después de los tremendos esfuerzos realizados en la lucha antiterrorista- difícilmente se le ocurre a ningún militante del PP ni a ningún neofranquista. A ninguno de ‘dentro del PP’ se le ocurre semejante acusación.  Es que realmente José Díaz Herrera, por muy antivasco que sea, ¿es del ámbito del PP?  Me temo que no. Sospecho más bien, que es un agente -y no el único- del poco conocido y subterráneo cordón umbilical entre ETA y el PP. En definitiva, es un informante desinformador profesional de ETA en el ámbito del PP.

Y saliendo del ámbito estricto de los partidos, ¿por qué no pensar que, efectivamente, también entre ETA y el Estado hay subterráneos poco conocidos de cordones umbilicales? Pepe Mitxelena consiguió, en su tiempo, introducir los tentáculos de los Sevicios de Información vascos en los despachos oficiales franquistas. ¿Por qué otros, como ETA, no van a conseguir introducir sus ‘cordones umbilicales’ en los tiempos que corremos? También puede haber aunque, quizás, con menor complejidad debido a su menor nivel de lucha, cordones subterráneos poco conocidos entre ETA y el Estado francés. ¿Por qué no? Los alemanes lo hicieron antes de la invasión de 1940.

Si al PP José Díaz Herrera le acusa de ‘fomentar a sabiendas el separatismo. ¿Qué mensaje criminal -del tipo ‘solución final del problema judío’ nazi- no estará enviando a los militares levantiscos tipo Armada y Tejero? Y, de paso, como quien no dice nada, ¿qué papel están desempeñando las personalidades del PP que presentan su libro?

Es de suponer que ETA tenga su cordón umbilical también con el PNV. Porque en el PNV, junto a personas responsables con la cabeza bien amueblada no faltan personas relevantes con una personalidad más impulsiva que razonada, influenciable, por estar abierto a toda influencia pero con alergia a las buenas. Y los hay quienes alardean de sus contactos con el MLNV. Son aquellos que piensan y sienten que los etarras son ‘nacionalistas-abertzales’ los que tienen más boletos que ningún otro de ser elementos del cordón umbilical de ETA. Lo bueno o lo malo, según por dónde se vea, es que muchas veces actúan como tales sin tener consciencia de que lo son, pues, como otros muchos, están desinformados o intoxicados por exceso de información, sobre la naturaleza de ETA-MLNV. Y algo de esto sucede, cuando Carlos Garaikoetxea y Xabier Arzalluz firman calladamente con ETA, en junio de 1998, el contestado documento precursor de los Acuerdos de Lizarra de 1998. Destaca lo mal informados que estaban los dos dirigentes que firmaron tal documento convencidos como estaban que ETA hablaba el mismo lenguaje ‘sabiniano’ que ellos, y una vez echada la firma piden, ingenuamente,  puntualizaciones a ETA sobre algunos puntos ya firmados. Los deberes se deben de llevar hechos y no improvisarlos. Los Acuerdos de Lizarra tuvieron varios impulsores, con motivos contradictorios, siendo el principal el MLNV, pero también la impulsaron los movimientos políticos realizados por el PP-PSOE en los años 1997 y 1998, así como las gestiones de los muchos agentes de los diferentes ‘cordones umbilicales’ del MLNV que empujaban hacia lo mismo. Por poco consiguen, entre ambos dos, Garaikoetxea y Arzalluz, que el Lehendakari fuera Mayor Oreja y que PNV y EA pasasen a la oposición de la mano de Batasuna que, además, era el verdadero propósito del MLNV a través de aquél disparatado acuerdo.

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