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¿Qué podemos aprender del Proces? Los nuevos ritmos de una vieja melodía.

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Jon de Urbia

Son muchos los aspectos relacionados con el llamado proces catalá, pero hay, a nuestro entender, algunos de ellos dignos de mención desde una perspectiva nacionalista vasca.

El primero es el que hace referencia a la naturaleza de dicho proceso. Bajo la denominación de independencia, se esconden fuerzas absolutamente oportunistas en la medida en que dicha independencia es un mero puente hacia otros fines no declarados con la misma nitidez. Fines como el de Podemos y su marca catalana En Comu Podem, cuya intencionalidad no era otra que derribar al gobierno de Madrid en una especie de “asalto a la Moncloa”, fines como el de la CUP de establecer una república socialista al estilo de los viejos soviets, fines como el de Esquerra de coadyuvar a ambas cuestiones. En definitiva todos ellos fines sinérgicos con el Fin último de establecer un socialismo revolucionario en España, y por lo tanto de comenzar la “conquista de occidente” , en plena UE, el gran sueño de la extrema izquierda ávida 100 años después de mostrar su modelo, por fin, en contextos de economía avanzada y superar así el complejo de “receta” para países en vías de desarrollo de corte agrario (donde el proletariado ha brillado por su ausencia).

Estamos por lo tanto ante una independencia de naturaleza revolucionaria que sólo será defendida en la medida en que sea útil para lograra la ruptura con el sistema. Nada que ver con el ideal nacionalista de pertenencia a, y desarrollo de, una identidad ligada a un territorio y a una cultura y una lengua que entrelaza a las personas con dicho territorio, su historia y su futuro.

En segundo lugar, la forma del proces, ha ido cobrando coherencia con su naturaleza. Así se ha ido deslegitimando cada vez más la democracia representativa, a favor de la democracia asamblearia, donde la ausencia de contornos nítidos favorece la manipulación estratégica. Esta cuestión ha llegado al paroxismo el 1 de octubre, donde el acto sagrado por antonomasia de una democracia, como es el votar, se confunde con una sinfonía desvencijada de urnas de plástico a las que se puede contribuir de forma “generosa” depositando la papeleta cuantas veces apetezca. ¡Y el resultado de semejante despropósito condiciona una declaración de independencia de todo un Parlamento como el Catalán!, verdadera sede de la soberanía popular. Eso sí justificado, como no, por la violencia del Estado opresor, materializada por las desafortunadas cargas policiales.y las incomprensibles y torpes detenciones de algunos lideres de ANC

Esta violencia termina de “explicar” todas las pérdidas de garantías de libertades individuales y permite establecer unas condiciones de “levantamiento popular”, tercer aspecto a considerar, donde comienzan a darse situaciones de “cuanto peor mejor” ( la marcha de empresas relevantes del territorio catalán, la inseguridad jurídica,…), internacionalización del conflicto, y permanentes estados de excepción sociosicológica, con personas llamadas a la calle, en plena dialéctica de expectación-frustración , que convierte a las “masas” en manipulables.

En este momento, la melodía, la vieja melodía, no hace mención al modelo de la nueva sociedad catalana, en esa república independiente. Desaparece cualquier referencia al respecto, nadie sabe qué tipo de arquitectura política, social y económica se desea tener en el “nuevo contexto”, porqué este silencio? Es un olvido casual?.Suena la música ( la de siempre) pero no hay letra…

Siendo consistentes con el “gran fin”, no se nos puede escapar un cuarto aspecto, como es el del reflejo en otros territorios de fuerte sentimiento nacionalista como puede ser Euzkadi.

Este reflejo, trasmitido y aumentado por las “antenas locales” del movimiento, Elkarrekin Podemos y EH Bildu, pretenderá replicar la situación catalana en nuestro territorio con la misma intención de ayudar al “objetivo final”. Para ello su “trasmisión” de la vieja melodía con los nuevos ritmos deberá de ser oída ( ¿y bailada?) por miembros de otras organizaciones ya que sin la colaboración de estas no sería posible el añorado escenario de ruptura. Es clave la movilización, sutil, soterrada, subliminal de personas del NACIONALISMO DEMOCRATICO VASCO , para poder “avanzar” en el proces vasco .De paso no estaría mal un resultado como el catalán en el que el nacionalismo ha terminado hecho añicos y moviéndose como un títere al son que otros interpretan.

El estado que es otro de los actores puede caer en el mimetismo reactivo que le propone todo este proceso y plantear medidas como la suspensión de la autonomía catalana que supondría la ruptura desde el otro extremo, la destrucción de la representación catalana como represión respecto a la acción revolucionaria. Flaco favor a la democracia dotar de razón moral y política a aquellos que por desesperación o puro seguidismo deciden romper con la realidad institucional. El estado tiene la máxima responsabilidad por lo que no buscar caminos de conciliación por su parte no sería más que dar un impulso a todo este despropósito.

En definitiva, naturaleza, forma y condiciones del proces catalá, nos avisan que tengamos cuidado con los cantos de sirena, y que por mucho brillo poético con el que se presente, no nos dejemos deslumbrar por los reflejos de unas luces que no son más que las de un viejo local, cuyo piano toca sin cesar la misma melodía, durante casi 200 años consecutivos, prometiendo libertad y de paso esclavizando a la humanidad.

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