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La caída del puerta a puerta

Imanol Lizarralde

Los resultados abrumadores y la alta participación popular de las consultas de Bergara y Eskoriatza, son un ejemplo de la urgencia que existía de que el pueblo tomara la palabra en este tema. Ha tenido que acceder el PNV a las responsabilidades institucionales para que esas votaciones pudieran llevarse a cabo y tuvieran carácter normativo. Es un triunfo de la democracia realmente participativa. Es un ejemplo de que “el pueblo” –los ciudadanos de a pié, los receptores de las políticas públicas- cuando quiere y está motivado por una situación límite, es capaz de utilizar, en el mejor sentido de la palabra, a los partidos políticos, para que cumplan su función, que es satisfacer sus demandas.

Triunfo que también es un fracaso, el de la falsa democracia participativa reivindicada por el MLNV: cuatro años de emperramiento de no querer ver cual era la voluntad popular, de derroche de recursos públicos en promocionar e implantar un sistema de recogida de residuos universalmente aborrecido, de mentiras institucionales para tratar de imponer el esquema mental diseñado por sus ideólogos. Cuatro años de engordar organismos artificiales, de amenazas, calumnias y ataques contra los políticos o los simples ciudadanos que en los pueblos se han atrevido a manifestarse en contra de los mandatos del MLNV. No hay que insistir mucho en afirmar que esta es la forma de gobierno de Bildu y este su modelo sociopolítico. Así se demuestra que la verdadera democracia, la que practica el pueblo cuando realmente quiere, es el peor enemigo del MLNV.

El MLNV ha tratado de llevar a cabo un experimento de ingeniería social por el cual intentó inocular a la sociedad guipuzcoana unas determinadas pautas de conducta. Para ello, construyó un organismo de masas como Zero Zabor y combinó su acción con su poder institucional. El movimiento contra el PaP (cuyas agrupaciones locales se reunirían en una organización única) demostró ser una iniciativa genuinamente ciudadana que sobrepasó la capacidad tanto de los partidos que colaboraron con ella como los que estaban en contra. Por encima del miedo que el MLNV había sembrado a lo largo de la década de los 90 y que condicionaba la actitud de los ciudadanos vascos, aunque ETA no estuviese actuando, las plataformas plantearon un proceso de múltiples acciones que, por de pronto, resquebrajó de arriba abajo el muro de los 35 alcaldes de Bildu que anunciaron que iban a aplicar el PaP. Bolsas de basura en los balcones a modo de protesta y de símbolo, pancartas alusivas, concentraciones y manifestaciones en cada pueblo, recogida de firmas y, sobre todo, un reguero de consultas populares, fueron las acciones más importantes de estas plataformas.

La paradoja es que las formas habituales de socialización, movilización y simbologías del MLNV fueron adoptadas por las distintas plataformas y que conceptos tan teorizados por los ideólogos del MLNV como la desobediencia civil se manifestaron en contra de la gestión de Bildu con tremendo éxito. Tantos años analizando las claves de la oportunidad de la insurrección y la revuelta, y esta surgió para estallar en las propias barbas de su poder institucional como una línea de masas enemiga, a la que se adhirieron los partidos de la oposición. El modelo de democracia directa o participativa con el que Bildu pretendía diferenciarse del resto de los partidos quedó puesto en evidencia.

Cabe añadir que el Consorcio de Residuos, regido por Bildu, interpuso en mayo de 2013 una demanda contra La Caixa, el Santander y Price WaterHouse Coopers Corporate Finance porque consideraba que estas entidades bancarias hacían un “uso abusivo” de los contratos de cobertura de los créditos para financiar la incineradora. El Consorcio perdió esa demanda y a costa de ella se calcula que habría que pagar 68 millones de euros, lo que supondría el pago 600.000 euros al mes en intereses. Resulta paradójico que la misma coalición que bramaba contra constructoras, empresarios y bancos fuera, finalmente, la que beneficiara a esas entidades, a cambio de nada y a costa del erario de todos los guipuzcoanos.

No puedo terminar este artículo sin mencionar a Luismari Ormaetxea, Oier Korta, Patxi Amantegi, Josu Leturia, Rafa Salido, Jesusmari Santos, Olatz Peón, Josemi Santamaría, Koldobike Olabide, Carlos Ormazabal, Izaskun Gómez y muchos más que han sido los protagonistas y los héroes de esta lucha. Debemos honrar a los políticos y a los simples ciudadanos que en circunstancias adversas supieron enfrentarse con dignidad con un enemigo despiadado y decidido a imponer sus decisiones. Ellos, junto con el pueblo movilizado y concienciado, han hecho valer la verdadera democracia.

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