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Mejor encender una cerilla que quejarse de la oscuridad

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Joxan Rekondo Pyrenaeus-eko Talaian

1. No hace falta recurrir a los grandes barómetros de opinión para saber que las relaciones entre política y sociedad atraviesan muy mal momento. La interacción entre ambas, que debía ser dialéctica (identidad y tensión), parece desintegrarse.  La falta de confianza social en el debate político se manifiesta de diversas maneras: como indiferencia, como hastío o como hostilidad frontal. En todos los casos, en un ambiente que algunos ya llaman posdemocrático, la sociedad se encuentra cada vez más apartada de la acción política.

No faltan quienes justifican esta situación. Están los que creen que la falta de confianza es una consecuencia natural de la profunda crisis que vivimos, que provoca el desgaste del vínculo de la delegación que une a representantes y representados. Pero, “Rajoy no está cumpliendo sus compromisos, pero sí su deber”, ha dicho Nuñez Feijóo. Compromisario no, aunque héroe sí. No se trataría de hacer lo prometido, sino de tener arrestos para hacer lo que hay que hacer. Otros van mucho más lejos todavía y opinan que la falta de confianza es el estado natural de un sistema democrático que, para funcionar correctamente, necesitaría fuertes dosis de escepticismo.

2. Sin embargo, los proyectos políticos que conocemos (prácticamente todos los que actúan en nuestro país) se desenvuelven con gran incomodidad en este escenario. Todos ellos miran a la sociedad y tienen discursos muy implicados con una determinada visión de comunidad política. Y la desafección y el escepticismo no son precisamente valores en los que se pueda apoyar lo comunitario.

En Euskadi, a pesar de que la desafección social también aquí es creciente, el juego político está focalizado en la esfera de lo social, que viene a ser el lugar político decisivo. Todos buscan un rearme social, aunque entre nosotros se contraponen tres visiones.

La primera localiza su centro en la ‘comunidad nacional española’, para la que la atribución de condición nacional a la sociedad vasca acarrea un grave problema de cohesión. De ahí deriva el programa de “españolizar” la educación.

La segunda y la tercera de las visiones que se confrontan en nuestro país se adscriben al propio marco vasco. Por un lado, estaríamos los que pensamos que la solvencia de las instituciones públicas depende de la existencia de una sociedad dinámica, asociativa y con un alto nivel de autoconciencia, capaz de asumir responsabilidades y promover servicios y actividades por sí misma y en colaboración horizontal con la misma administración pública. Por otro lado, estarían los que quieren dirigir y activar las masas (a través de la mediación de movimientos y colectivos puramente protestatarios) para generar  un “contrapoder popularque, siendo en sí mismo un embrión de poder estatal, busca cambiar la naturaleza de clase del poder público.

3. Auzolan es la expresión tradicional del dinamismo desplegado por la sociedad vasca de manera autoorganizada, y desde abajo. La que Iztueta llamó “hermandad sin par” viene a pelo para llamar a la acción colectiva ante este trance de emergencia. De hecho, los mensajes políticos de las visiones que se exponen en clave vasca apelan a nuestros valores comunitarios. Aun así, hay diferencias de fondo.

El lehendakari Urkullu demanda acordar y sumar entre todos (instituciones, agentes económicos y sociales, trabajadores y trabajadoras,…) y afrontar por nosotros mismos el reto de salir de la crisis. Se le ve en la línea del primer lehendakari, sin eludir responsabilidades, sin descargar la evasiva de compromisos en la falta de medios, creyendo queel éxito está en nuestras manos con una condición, que lo queramos firmemente (Declaración de Gabon, 1957).

El nuevo partido Sortu cita también el Auzolan. Esta afirmación le sirve para justificar la proclamación del que llaman ‘socialismo identitario vasco’. Así y todo, es difícil entender cómo se puede armonizar el principio de subsidiariedad que conlleva nuestro Auzolan con el ejercicio de vanguardia centralizada de los brazos político y de masas del nuevo MLNV. No nos es desconocido, para los que conocemos la práctica de esta gente en nuestros pueblos y barrios, que solo hay un Auzolan aceptable para el MLNV. Este es el trabajo social que se encuadra en su estrategia integral y se somete a sus designios verticales. Por el contrario, la labor vecinal, comunitaria, solidaria, que se resiste a sus mecanismos de control es hostigada y aislada.

4. Además, vemos cómo opera el socialismo identitario en otros lugares. El movimiento revolucionario vasco ha conseguido que el socialismo del siglo XXI incluya el Auzolan vasco en su catálogo de nociones revolucionarias disponibles para su militancia. La experiencia bolivariana de revolución ha enarbolado las comunidades indígenas y utilizado sus usos y modos tradicionales como armas de lucha contra el viejo Estado. El ejemplo de Bolivia es el más destacado. Lo que pasa es que siempre se impone el intelectual orgánico de la vanguardia que solemniza que “toda la lucha pasa por el Estado; incluso la lucha contra el Estado pasa por el Estado (García Linera, vicepresidente Bolivia). Al final, la actividad de las comunidades pierde autonomía regularizada y racionalizada desde el nuevo poder estatal del MAS. El Auzolan bolivariano, en consecuencia, termina domesticado (“desmoralizado y disgregado” según Raul Zibechi) por el centralismo burocrático de los socialistas del siglo XXI.

5. El ejemplo bolivariano nos previene ante el socialismo del siglo XXI que en realidad plantea un simulacro de acción comunitaria. Una representación de masas desesperadas guiadas por un telemando. Nuestro Auzolan es otra cosa. Se dice que es “mejor encender una cerilla que maldecir la oscuridad“. Es trabajo constructivo, del que hay mucho para todos. Entendiendo que nadie resolverá nuestros problemas mejor que nosotros mismos, mediante la mejor de las soluciones, las que provienen de nuestro propio esfuerzo. Por lo tanto, de acuerdo con los lehendakaris, interaccionar, acordar y sumar, fusionar política y sociedad, aunque no quepa evitar todas las resistencias existentes entre ambas, ayudará a consolidar nuestra personalidad comunitaria y el éxito estará sin duda en nuestras manos.

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