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La Asamblea General del PNV (y 2): Una fuerza imparable con rumbo claro

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Miguel Ángel Aramburu

La Asamblea General del PNV, y el proceso de deliberación que le precederá, es una buena oportunidad para que el nacionalismo vasco realice las mudanzas necesarias para recuperar energía popular.

El presidente del EBB, Iñigo Urkullu, ha advertido valientemente que hay que recuperar valores como la “transparencia y la honestidad”, misión que estimo la más importante de las que el EAJ-PNV debería abordar en esta ocasión.

Hay, por supuesto, más temas que, imbuidos también por la pujanza de esos valores recuperados, requerirían, a mi entender, de un enfoque que afiance una agenda y una referencia propia  para el nacionalismo.

El terrorismo y la paz. Lo que todos quisieramos evitar: que ETA amojone el recorrido que haya de seguir la política vasca. No queremos hacerles el eco. Ni dar protagonismo a aquellos discursos políticos que son su caja de resonancia.

Decir y repetir, como muchos portavoces jeltzales dicen y repiten, que lo que haga y diga Bildu es determinante para el cese final de ETA es dar a su discurso el pábulo que desea y le hace dueño de la llave de la paz.

Pero, sin dar tanto pasto público a la izquierda radical y sus nuevos socios, cabría otro tratamiento del tema. Parece claro que ETA ha parado sus actividades principales. Pues bien, nos bastaría con tener la certeza de que los responsables de la seguridad pública vigilan en alerta constante e impiden que se reproduzca y vuelva a actuar, que el terrorismo vuelva a extorsionar, a amenazar y a atentar. Y nos debiera bastar con saber que nuestros representantes públicos vigilan e impiden que la organización terrorista sea un centro de poder ilegítimo, que usurpa en todo o en parte la capacidad de decidir del pueblo vasco.

No es tan importante, por tanto, lo que Bildu haga o no haga en relación con ETA. Si lo es, sin embargo, lo que hagan los responsables públicos. El llavero de la paz, de esta manera, no estaría en posesión de una fuerza política que la capitalizaría a favor de su particular interés, sino que estaría en manos de las instituciones públicas, lo que es decir al servicio de todos.

Haría bien EAJ en fijar posición de manera clara y evitar que sean las organizaciones de la izquierda radical la referencia principal en relación al deseado objetivo de la paz.

El presidente del EBB ha proclamado, además, el objetivo más o menos inmediato de lograr un ‘nuevo estatus’ para Euskadi. El nacionalismo, en mi opinión, tendría que ser capaz de clarificar lo más posible el debate sobre la construcción nacional. Y tendría que ser capaz de no sobrecargar el debate político con conceptos imprecisos.

Por una parte, hay un debate formal que se refiere a cuál es el soporte jurídico más adecuado para avanzar en las libertades nacionales del pueblo vasco. En su día, el PNV descartó, frente a EE y HB, la constitucionalización del derecho de autodeterminación por no dejar el ejercicio práctico de dicho derecho, en un escenario de fuerzas desfavorable y en el marco de una Constitución jacobina y de interpretación tan tendenciosa, en manos de instituciones del Estado. Asombra, por lo tanto, la reciente iniciativa que, en relación a este derecho, ha adoptado el partido ante la anunciada reforma constitucional referida a la estabilidad fiscal. La repercusión de esta iniciativa ha tapado la denuncia del recorte que produce la modificación constitucional en el autogobierno fiscal vasco. ¿No hubiera sido más coherente, y también más claro, defender sin juegos de astucia nuestra situación de excepción constitucional en esta materia económica?

Por otra parte, por supuesto, cuando hablamos de ‘nuevo estatus’, clarificar significa concretar. Importa para ello definir el ‘para qué’ (el proyecto social y nacional que queremos construir) y vincularlo al ‘con qué’ (las facultades de decisión que necesitaríamos para desarrollarlo).

Si por mor de una acumulación de fuerzas (palabra que hoy mismo genera una gran agitación política) se aplazara el debate sobre el modelo de nación y sociedad que queremos se estaría generando una gran confusión, se estaría quebrantando el principio de transparencia de los programas políticos ante la ciudadanía y se estaría finalmente eludiendo una cuestión candente para el pueblo vasco. Asimismo, se estaría evitando aclarar si se opta por consolidar la tarea de construcción emprendida hace décadas o si se opta por desmontar pieza por pieza todo el basamento social y público del país, buscando su disolución.

En este sentido,  Iñigo Urkullu venía a definir muy certeramente el esquema político vigente en nuestro país, un país “que supera los estress-test de quienes pretenden el debilitamiento y la dilución de nuestro sistema institucional, por un lado y por otro”. En realidad, nos enfrentamos a un arraigado esquema de trincheras que redobla el fuego cruzado que nos rodea a poco que este pueblo es capaz de crear nuevas oportunidades para su futuro.

De la Asamblea General de EAJ-PNV, en fin, esperamos que salga ‘una fuerza imparable’ que haga crecer la potencia de la corriente central del cauce que, con rumbo claro e iniciativa vigorosa, desborde y anule el destructivo poder de atracción de esa espiral frentista que parece dominante.

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