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Un proceso sin garantías

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Imanol Lizarralde

La irrupción de Jesús Eguiguren en sus entrevistas en El País y en el Diario Vasco, nos muestra que nos encontramos ante un “proceso” con una segunda interpretación. Eguiguren profetizó en el 2006 que la paz venía de forma segura. Y no vino. En este caso, no anda tampoco escaso de profecías. Esperemos que acierte más que entonces. Veamos lo que dice ahora:

“Con el proceso anterior, ETA y Batasuna contaron con una agenda amplia de negociación y sabían que ya no se iba a repetir. Tenían que apostar por una agenda limitada. Con ese cálculo y la catarsis que suponía para la sociedad vasca el cambio de Gobierno en Euskadi, fijé la fecha de 2011 para el parón de ETA, y su final para las autonómicas de 2013”.

Hay dos cuestiones esenciales dentro de este párrafo. Según Eguiguren, ETA y Batasuna apuestan ahora por “una agenda limitada” en oposición de la “agenda amplia” de la que dispusieron en el 2006. ¿Qué puede significar aquí el concepto de “agenda limitada”? No otra cosa que lo único que los socialistas están dispuestos o pueden negociar es la legalización de alguna marca del MLNV y la situación de los presos (“si el compromiso de ETA con el fin de la violencia se confirma”, dice más adelante).

Ahora lo que se está haciendo ver a la ciudadanía es que se abre un proceso por parte de ETA para ver qué ficha mueve el gobierno, cuando la realidad es que el gobierno tiene la opción de legalizar o permitir una marca de la izquierda radical y el precio es la tregua. Y parte importante de ese escenario pasaba por llevar a la oposición al PNV, escenario donde los intereses del PSE, el PP y ETA confluyen. Esa es la catarsis de la que habla Eguiguren, la del cambio de gobierno en Euskadi, parte importante en esa negociación con ETA.

Eguiguren exhibe, también, una serie de plazos que tienen en común la coincidencia con dos años electorales, el 2011 (municipales) y el 2013 (autonómicas), en los que en medio se encuentra otro año electoral, el del 2012, coincidiendo con las elecciones estatales. En este sentido, Eguiguren se empeña en señalar repetidamente a Patxi López como el Lehendakari de la paz: “la historia lo ha puesto ahí para traer la paz”.

Eguiguren nos muestra cómo los socialistas pretenden sobornar a ETA y Batasuna con la legalización y la modificación de la situación de los presos. ¿Es posible que 30 años de acción político-militar del MLNV, con procesos negociadores donde se han acordado contenidos políticos, pueda terminarse de ese modo? Dice Eguiguren:

“Veo un intento de acudir a las municipales. Crearán un partido independentista que rechace la violencia con gente nueva, aunque no sé si conseguirán ir (…). Pero si no van a las municipales, aprenderán la lección y harán los deberes para las autonómicas de 2012 y estarán en ellas. Este recorrido es para estar en las instituciones, hacer la política y alcanzar la paz. Pero la solución está en sus manos”.

Hay otro aspecto de toda esta reflexión que conviene remarcar al hilo de lo señalado antes acerca de los intereses comunes de PSE, PP y ETA: Eguiguren juzga el gobierno PSOE-PP como uno de los jalones de esta nueva etapa. Es evidente la intención de Eguiguren de hacer coincidir los pasos hacia la paz en Euskadi con los intereses electorales de un PSOE a la baja. Las fechas preelectorales, que han animado las iniciativas de Batasuna o de ETA, también coinciden con la necesidad de los socialistas de sacar algún rédito de una legislatura muy parca en logros. Por citar un caso de la guerrilla amiga de ETA, los FARC de Colombia, recordemos al presidente Pastrana tratando de realizar lo mismo, hacer coincidir fechas electorales con los pasos de un proceso de paz, y fracasando lamentablemente en el intento. ¿Por qué? Porque la perspectiva electoral es esencial para un partido político dentro de un sistema democrático, pero para una organización político-militar como ETA los tiempos políticos son, simplemente, otros. O lo que es lo mismo; mientras que los partidos políticos solo piensan en clave electoral ETA piensa a largo plazo. ¿Cuáles son las garantías que Eguiguren nos ofrece para el éxito del actual “proceso”?

“El proceso de paz anterior le costó carísimo a Batasuna, pero si esta vez no lo cumple y da un paso atrás sería un coste definitivo. ETA sería ya el Grapo y la parte política quedaría en la marginalidad. Yo soy un hombre desaliñado en el vestir y, cuando llevaba una semana en Noruega, alguien de allí me comentó: ‘me llama la atención que tú vienes con la ropa arrugada y éstos con la ropa planchada’. ETA es un terrorismo VIP”.

Llevamos décadas escuchando lo mismo que dice ahora Eguiguren. Y no fue así. Ni en 1989, 1999, ni en 2006 tras volar por los aires la AT-4.  El MLNV superó el batacazo electoral del 2001 y la ilegalización consiguiente. Resurgió con fuerza en las elecciones autonómicas del 2005, gracias a la legalización pactada con los socialistas de cara a un inminente proceso de paz. El actual proceso de paz (parece que lo confirma el propio Eguiguren) no tiene un horizonte más amplio que el de la propia legalización. Una vez conseguida ¿Quién puede garantizar que la paz vaya a ser definitiva? El MLNV ha pasado por esa situación y tiene fuerza y espíritu suficientes para volver a pasar por la misma, con la victoria en la mano de una legalización en una coyuntura necesaria. Continúa Eguiguren:

“Lo que cuenta es que Batasuna ha dicho que ETA tiene que acabar y que lleva un año con asambleas donde por 90/10 deciden que ETA tiene que parar y de momento le arrastra en esa dinámica. Los líderes de Batasuna, además, han fabricado una teoría, que puede ser muy eficaz, la de que lo que sus bases deciden vincula a ETA”.

Eguiguren está hablando del proceso “Zutik Euskal Herria”, mo obstante, se olvida de algo muy importante: el tema esencial de la validez o no de la lucha armada no se llegó a plantear en las asambleas. Así lo denunció el colectivo disidente de presos de ETA, Gakoa, cuando señalaba en el 2009 que “En nuestra opinión, si no planteamos como tema de debate para la asamblea de militantes el tema de la lucha armada, el debate nacerá muerto”. Como subrayaron los miembros de este colectivo, su propia ponencia, que incluía el debate sobre la idoneidad de la lucha armada fue silenciada y marginada con los métodos stalinistas típicos del funcionamiento interno del MLNV.

Eguiguren quiere ver que Batasuna ha decidido la vinculación de ETA a la voluntad de las bases de la izquierda radical. Cualquiera con un poco de conocimiento sobre esta materia sabe que cuando la cúpula político-militar del MLNV pone un tema a debate es porque la decisión ya está tomada de antemano. El protagonismo de las asambleas de militantes sirve más bien para acallar discrepancias, anular debates (como el de la lucha armada) y vincular a los elementos dubitativos por medio de la escenificación de una “decisión democrática”, que no es tal.

Son demasiadas incertidumbres las que se atiban en el camino. Eguiguren, considerado un “gurú”, repite ideas que años atrás se demostraron erróneas. Nuestra labor consiste, por tanto en alejarnos de fidelidades ciegas basadas en “gurús” y fundamentar nuestra posición en base al discernimiento racional de la situación.

A lo largo de todos los procesos de paz, el MLNV ha sabido prever todas las posibilidades y variables dentro de los mismos, incluyendo la propia ruptura del proceso. Eguiguren se niega obstinadamente a plantear esta posibilidad, como se negó en el 2006 cuando creía que la paz era segura. En 1989, los socialistas afrontaron una negociación con ETA, teniendo en Euskadi un pacto de legislatura con el PNV y tras acordar con el resto de los partidos democráticos un planteamiento de mínimos y un pacto político, como fue el Pacto de Ajuria Enea. Cuando ETA rompió su tregua, quedó aislada y las calles fueron tomadas por manifestaciones lideradas por el entonces Lehendakari, J. A. Ardanza.

Hoy en día, el PSE, de la mano de Eguiguren (como se vio en las negociaciones para la formación del actual gobierno) ha dejado en la oposición al partido mayoritario de la CAV, y puede optar por acudir a un escenario de pacificación con un gobierno PSE-PP con niveles bajísimos de aceptación y con un Lehendakari que no ha comenzado a liderar ni siquiera el proceso del que Eguiguren hace mención. Pone los pelos de punta pensar que podría ser la hipotética ruptura de la tregua en estas condiciones. Las alusiones de Eguiguren al Lehendakari denotan que, también en este tema, Patxi López no posee iniciativa propia y no es más que la pieza de un juego jugado desde el Estado.

Los planteamientos de Eguiguren de cara a este nuevo proceso de paz denotan, sin duda, dosis excesivas de falta de previsión y oportunismo. Nos encontramos ante un proceso sin garantías, como fruto de la confluencia de los intereses de los socialistas y de Batasuna, en el cual cada una de las partes plantea una interpretación contradictoria con la otra. Mucho nos tenemos que en esta disputa la persistencia flaquee más en las filas socialistas que en las de la izquierda radical, como la historia demuestra.

Desde la otra orilla, desde la izquierda radical, desde su encarcelamiento, el ex dirigente de Herri Batasuna Joxe Mari Olarra, lanza estas palabras en GARA (El salto del muelle, 13-9):

“Si a alguien le frena la desconfianza por los pasos que vaya dando el conjunto de la izquierda abertzale, que piense en la parábola del muelle: El muelle se repliega y la fuerza contraria proclama que le ha vencido, pero en su retroceso, el muelle acumula fuerzas y se carga de energía para el salto que le lleve a alcanzar su objetivo”.

¿Tiene en cuenta Eguiguren este espíritu y esta determinación? ¿Piensa que van a rendirse por una legalización y por un cambio en la situación de los presos?

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