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El autogobierno vasco desde el prisma del Lehendakari Ardanza (1): El proceso constituyente

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Ion Gaztañaga

Intentando buscar documentos sobre las distintas visiones sobre lo ocurrido los últimos 30 años desde la transición hasta el actual profundo desencuentro entre el nacionalismo vasco y el españolismo, hace ya unos meses que pretendía citar la conferencia del Lehendakari Ardanza en la Real Academia de la Historia del 3 de Abril de 2001, que se puede descargar desde esta página oficial de EAJ-PNV, un mes antes de la derrota del tandem Mayor-Redondo. En esta conferencia el Lehendakari da su visión global sobre las claves de la transición, del desarrollo estatutario y del fin de la confianza de los gobiernos de coalición que lideró, en un texto muy extenso, de veinticinco páginas.

En una serie de cuatro artículos voy a intentar sintetizar las diversas etapas de la conferencia, no sin bastante esfuerzo y riesgo de deformación, siempre intentando reproducir exactamente sus palabras, dejando cláramente diferenciados mis comentarios al respecto, porque considero que las reflexiones que hizo el Lehendakari Ardanza hace ya ocho años tienen interés hoy en día, bajo el gobierno del “polo español”.

Esta primera parte, referente a la visión de Ardanza sobre actitud del PNV ante la Constitución y el Estatuto, es extensa pero interesante, pues aunque como dice el propio ponente sólo refleja una opinión personal, creo que es una visión interesante de una referencia política y social nacionalista. La conferencia comienza así refiriéndose a la invitación que recibió para dar la conferencia:

” (…) La complicada situación por la que atraviesa mi país no era (…) el aliciente más motivador para aceptar la invitación. (…). Estoy pensando, más bien, en el profundo desencuentro -político, primero, pero también cada vez más social y cultural- (…) tanto dentro de la sociedad vasca, (…) como entre algunos de éstos y la sociedad española en general. (…) Mi intención (…) es precisamente la de averiguar si estamos ante un desencuentro necesario, (…) abocado (…) a ahondarse en el futuro, o (…) de un desencuentro que podía no haberse producido (…)

En junio de 1977 el PNV decidió comparecer con sus propias siglas a las primeras elecciones ­democráticas (…) Tres eran (…) las consecuencias transcendentales de aquella decisión:

  1. (…) El PNV dejó claro, (…), que emprendía su propio camino autónomo (…). Fue aquélla (…) una bifurcación irreversible en las vías que habrían de seguir desde entonces el nacionalismo vasco democrático y el abertzalismo revolucionario y rupturista.
  2. (…) el PNV recuperaba (…) el tracto histórico (…) y volvía a situarse dentro de su tradición pactista.
  3. (…) el PNV se alineaba con los demás partidos democráticos vascos y españoles en la persecución del objetivo más urgente y prioritario del momento: consolidar, cuanto antes, en España el sistema democrático y el Estado de Derecho.

La opción (…) fue sincera y profundamente meditada. A su adopción contribuyeron razones tanto de convencimiento democrático como de memoria histórica y de realismo político:

  1. (…) Los años de la República (…) y el largo exilio (…) habían afianzado en el nacionalismo vasco la adhesión inquebrantable a los valores y a los comportamientos democráticos. Cualquier alianza con fuerzas revolucionarias de corte totalitario quedaba descartada por principio.
  2. (…) el recuerdo de las nefastas consecuencias que para el nacionalismo y el autogobierno vascos se derivaron de su ausencia, en 1930, del Pacto de San Sebastián ayudó al PNV a evitar cualquier tentación de aislacionismo (…)
  3. el sentido de la realidad y el pragmatismo (…) convencieron al nacionalismo vasco de la necesidad ineludible de consolidar, primero, la democracia en el Estado, para proceder, después, a plantear y negociar sus reivindicaciones nacionales. (…)

Los resultados de aquellas primeras elecciones de 1977 se saldaron con un notable éxito para el PNV. (…). La postura que el nacionalismo vasco iba a defender en el nuevo proceso había quedado ya clara. En una Asamblea cuasi-constituyente en (…) 1977, en Pamplona, el PNV había fijado sus posiciones doctrinales (…).

(…) Así, sin renunciar al horizonte último de la total soberanía (…) se decidió (…) por la estrategia de recuperar la personalidad política de Euskadi mediante la autonomía en el Estado español. La base para tal reivindicación no sería el Estatuto del 36, sino, más bien, el “derecho histórico” a recuperar una “estructura política originaria”.

Tal fundamentación llevaría a la idea de la “reintegración foral plena” como la fórmula más realista, amén de más acorde con las reivindicaciones (…) desde la segunda década del pasado siglo. (…) Las dos almas del nacionalismo, (…), siempre habían encontrado en la fórmula foral el punto de equilibrio.

Por lo tanto, el Lehendakari Ardanza nos dice que el PNV decidió en la transición retomar la apuesta por su programa estratégico desde principios del siglo XX, la reintegración foral plena, aquél que fue punto de equilibrio para lograr aunar todos los sectores independentistas y fueristas y del que hablamos en el artículo de Bad Godesberg. Y añade:

(…)Tan firme era (…) la decisión que, cuando, (…) se planteó -por parte de (…) Euskadiko Ezkerra- la fórmula de la autodeterminación, el PNV votaría expresamente en contra de ella con una razonada explicación de voto a cargo de su portavoz.

El portavoz de aquella época, bajo el EBB presidido por Carlos Garaikoetxea, era Xabier Arzalluz, cuyos discursos, especialmente el referido a la Amnistía, le dieron a conocer en el Congreso como un gran orador. En otra serie hablaremos sobre la comisión constitucional y de los principios que defendió el PNV en el mismo, pero retomando la conferencia del Lehendakari Ardanza, continúamos con la valoración sobre la importancia de la “cuestión vasca” en el proceso constitucional:

(…) la existencia de una “cuestión vasca” y la necesidad de buscarle un arreglo definitivo no eran asuntos que preocuparan (…) al PNV en exclusiva. Todos los partidos del arco parlamentario, a excepción, quizá, de Alianza Popular (…) compartían idéntica preocupación. (…) No se tuvo en cuenta el precedente republicano, sino que se optó por un proceso general de descentralización. (…) No afirmaré yo (…) que, con esa decisión, en vez de resolver un problema, se crearon diecisiete, pero sí que las cosas adquirieron, a partir de ella, unas connotaciones desfavorables, al menos desde el punto de vista del nacionalismo. (…) Se desatarían pulsiones emuladoras -desde las Comunidades Autónomas- y homogeneizadoras -desde el poder central- que de ningún modo habían sido previstas (…).

La “cuestión vasca” siguió, pues, su curso en el proceso constituyente (…) se tomó con la seriedad y responsabilidad que la situación requería. (…) Dicho esto, también hay que añadir que se cometieron errores de bulto (…):

  1. (…) La incomprensible exclusión del PNV de la Ponencia Constitucional. (…) supuso una frivolidad política que tuvo efectos muy negativos en el posterior devenir de los acontecimientos.
  2. (…) La torpe negociación de la famosa Adicional Primera de la Constitución. El ir y venir de personas interpuestas, los avales y las desautorizaciones sucesivas, los acuerdos alcanzados, primero, no respetados, después, y alterados, finalmente, de manera unilateral y arbitrista, dieron al proceso tal carácter de improvisación, de azar y de arbitrariedad (…).

(…) La distinción (…) entre nacionalidades y regiones, el reconocimiento del derecho foral, las cláusulas derogatorias de las leyes abolitorias de los fueros y el respeto y amparo otorgados a los derechos históricos vascos constituyen signos inequívocos de la voluntad de reparar los errores cometidos en el pasado (…) Es éste un hecho que merece reconocimiento y en el que quién sabe si no habrán quedado depositadas potencialidades aún no del todo exploradas ni explotadas.

No se produjo (…) el encuentro entre el constitucionalismo español y el nacionalismo vasco, aunque tampoco se consumó la ruptura total y definitiva. El nacionalismo vasco prefirió la abstención (…) Se hace inevitable la pregunta sobre las causas de este (…) insuficiente acercamiento (…):

  1. (…) Quiero desmentir (…) que el nacionalismo vasco tuviera ya adoptada de antemano de evitar cualquier acuerdo constitucional con el fin de mantener intacto su irredentismo. El proceso negociador y las manifestaciones (…) en la Comisión Constitucional dan fe de lo contrario.
  2. (…) Las posturas de las partes (…) eran difícilmente cohonestables. La decisión de no fragmentar territorialmente la soberanía popular española a duras penas podía compadecerse con la reivindicación de preservar la soberanía originaria vasca (…)

Los constitucionalistas temían que el nacionalismo vasco quisiera para Euskadi una situación de exención constitucional plena (…). Los nacionalistas vascos (…) sospechaban que, tras (…) al “marco constitucional” como ámbito de desenvolvimiento de los derechos históricos, se ocultaban intenciones (…) amparadas por el famoso “sin perjuicio de la unidad constitucional de la Monarquía”, de la ley de 25 de octubre de 1839.

(…) en el fondo de la desconfianza y de la sospecha se esconde casi siempre un problema de desconocimiento. (…) Uno se pregunta si conceptos como “reintegración foral plena”, “derechos históricos” o “soberanía originaria” tenían un significado unívoco para las partes (y (…) si tales conceptos (…) habían sido elaborados con la suficiente y necesaria nitidez por los mismos que los defendían).

(…) para los más jacobinos, la idea misma de la “reintegración foral plena” no era sino una antigualla del pasado que (…) debería carecer de cualquier otro valor que (…) satisfacción meramente simbólica (…). Otros, (…), los más auténticamente foralistas, pensaban que (…) significaría, precisamente, el encaje y anclaje definitivo de los territorios vascos (…) y la consiguiente constitucionalización del nacionalismo vasco. (…) Había un tercer grupo (…): unos esperaban y otros temían, según el caso, que la “reintegración foral plena” podría interpretarse como la vuelta a una supuesta “soberanía originaria” y equivaler, de hecho, al reconocimiento constitucional (…) del derecho de autodeterminación de los territorios forales.

(…) Habría que añadir los condicionamientos que sobre el poder político ejercían (…) otras fuerzas (…). La más que dudosa propensión al cambio democrático que mostraban importantes sectores de las Fuerzas Armadas (…), la vinculación de elementos de las Fuerzas de Seguridad con los aparatos (…) del franquismo y (…) en la brutal campaña desestabilizadora que ETA (…). Podríamos concluir, por tanto, que las cosas dieron de sí lo que pudieron.

Hasta aquí la primera parte de la conferencia del Lehendakari Ardanza, que continuará en un próximo artículo, el que veremos las opiniones del ponente sobre la apuesta del Estatuto y el Pacto de Ajuria Enea, hitos que sin duda han marcado nuestra reciente historia.

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