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Y, después de ETA, ¿qué?

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Koldo San Sebastián

Leo en estos días cosas curiosas como un artículo en un medio electrónico titulado “Pavor a la izquierda abertzale”. Leyendo el texto y los comentarios que le acompañan tengo la impresión de que algunos viven en Marte. Si uno pasea por Bilbao, por Lekeitio, por Mutriku,… Si se da una vuelta por los campus de Donostia o Gasteiz,… Si hace por conocer cómo y  cuándo surgen los industrialdeak y los parques tecnológicos…se dará cuenta que  la “izquierda abertzale” no tiene nada que ver con nada de esto (que, además, es lo que, entre otros cosas, ha hecho que en Euskadi el desempleo sea la mitad que la media estatal). Más bien al contrario.

Cuando uno ve a un camionero polaco perdido en una rotonda en Lekeitio porque alguien ha borrado el nombre en castellano, uno piensa en que, con el mismo “spray”, se han pintado más abajo “Lekeition lan eta bizi” (¿”trabajar y vivir” en un lugar donde es difícil sacar y meter mercancías?). La izquierda abertzale se ha pasado los últimos treinta y tres años en otra cosa, que, por cierto, nada tenía que ver con aquello que decía la alternativa KAS de “mejora de las condiciones de vida y trabajo del pueblo trabajador vasco”.

Además, el pueblo vasco necesita una explicación. ¿Por qué acepta ahora a la baja lo que no hicieron hace treinta y tres años, y mucho más a la baja, de lo acordado en Loiola?. Es una explicación imprescindible, especialmente porque demasiados quedaron en el camino.

Y, en el nuevo escenario, ¿qué “pinta” el PNV?. O, mejor dicho: “¿Pinta algo el PNV?”. Por lo que uno lee, en el diseño del “nuevo escenario”, al Partido Nacionalista Vasco se le reserva el papel del mirón en el mus (se calla y da tabaco). Por si fuera poco, en este polo, el “derecho a decidir” se presente como un capítulo más de una estrategia más amplia que pasa por hacerse con la hegemonía del campo abertzale. ¿Para qué?. No se sabe. No conocemos el programa económico (¿cómo piensan Peio Urizar o Rufi Etxeberria crear empleo?).

Ante esta “cosa”, el PNV debe no solo luchar con todas fuerzas por recuperar la hegemonía en el campo abertzale en todos los territorios posibles, sino trabajar para que el adversario no consiga su objetivos (uno de ellos, desplazarle). No solo no deben abrirse rendijas, sino hay que subir la altura del muro. Y estar vigilantes con algunos “amigos”, no vaya a ser que nos metan en el patio de casa el caballo de Troya. Y es que yo (desde la muy lejana década de los 1970) no acabo de fiarme de los “sexteros” (de ETA VI). Esos que sirven para un roto y un descosido. Los veo ocultos tras una careta del Pato Donald o de Mickey Mouse, y eso no puede ser serio.

En los días que siguieron a la escisión, por lo menos en Bizkaia, el PNV activó varias líneas de actuación: la principal, fue la organización. Era una cuestión clave cuando, en algunos municipios, se estuvo al bordo de la extinción. La segunda se concretó en las llamadas “semanas nacionalistas” (que fueron, básicamente, ciclos de conferencias en el que participaron los máximos dirigente del nacionalismo en JEL) y, luego, otra serie de actividades dirigidas a motivar a la militancia propia (como el Jator Eguna, inspirado en Lea Artibai por el escritor Augustin Zubikarai) o el Euskararen Eguna, con, por ejemplo, un intenso homenaje a los euskaltzales de Elantxobe: Gorgonio de Renteria, Ogoñope, Andima Ibinagabeitia, Imanol Berriatua… En su inmensa mayoría (con la excepción del franciscano Berriatua), vinculados al PNV: Renteria fue presidente del EBB, el  periodista Ogoñope dirigió la Junta Extraterritorial de México. Se trataba de “marcar territorio” en circunstancias muy difíciles. Fue un trabajo duro que, con todo los matices que se quiera, dio sus resultados. Y, así, por ejemplo, en Bizkaia, solo resta abrir las puertas del Partido a los miembros de EA. Sin condiciones, ni reproches.

Los resultados de intentos de polo soberanista en Catalunya ha sido desastrosos. La Esquerra (ERC), que quería sustituir a CiU, entregó el Gobierno al PSOE y este, acompañada de la propia ERC y de IU, ha sido incapaces de resituar al país, colocándolo en una coyuntura económica inédita. Eso sí, era “de izquierda”. Al final, los catalanes han optado por el nacionalismo que se ocupa del desarrollo económico, de la creación de empleo y del bienestar de los ciudadanos. “Primum vivere, deinde philosophare”.

La construcción nacional desde el progreso económico y social es, siempre, mucho más sólido que cualquier otra opción. La buena administración de la hacienda, sirve para el caserío, para un ayuntamiento…y para un país. Y esto no es cuestión de derechas o izquierdas. Bloomberg (en un artículo firmado por Vernon Silver y Charles Penty) se ha mostrado recientemente muy crítico con la gestión económica de PP en la época Aznar (especialmente con Rodrigo Rato). Dicen que el PP “no supo aprovechar los buenos tiempos para llevar a cabo reformas estructurales en la economía española” y limitar su dependencia del turismo y la construcción.

En estos momentos, los ciudadanos quieren saber cosas más sencillas: si van a tener empleo el mes que viene, si van a poder pagar los salarios, si recibirán atención sanitaria cerca de su casa o a cincuenta kilómetros, cómo pagaran la hipoteca, si cobrarán una pensión, cómo serán la ciudades y pueblos y ciudades que dejemos a nuestros hijos,… Y, para atender este tipo de cuestiones, ni un “frente abertzale”, ni un política de izquierda clásica (tampoco una política neoliberal) tienen las respuestas. Además, visto lo visto, tampoco serían capaces de vincular la economía vasca a aquellas economías que resisten mejor los ciclos de crisis, con tasas de paro inferiores al 8 por ciento (entre el 6.8 alemán y el 8 belga).

El PNV debe afrontar el tiempo post-ETA desde tres premisas: la consolidación de un proyecto autónomo (sin mirar a unos y otros), la prosperidad económica (desde la justicia social) y la profundización del autogobierno en un proceso constante, agotando todos los recursos legales que el sistema permite: completar el 100 por 100 del Estatuto (tal y como se aprobó en 1979) y la actualización general del régimen foral nos llevaría a una situación cercana a las vísperas de la ley abolitoria de 25 de octubre de 1839.

Por cierto, todo lo anterior forma parte de un sistema que la “I.A.” dice estar dispuesta a aceptar. Treinta y tres años después, pero… finalmente, han optado por convertirse en una fuerza vulgar.

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