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¿Qué es el soberanismo? (2): La búsqueda del soberanismo de Txema Montero

Ion Gaztañaga

(Imagen tomada del blog de Bilbobatzarra)

Comenzamos la serie sobre el soberanismo analizando la evolución del pensamiento de Txema Montero hacia el “soberanimo”,  que ocurrió allá por la mitad de los 90 con unos claros precedentes. En otro capítulo o serie veremos la posterior evolución de su pensamiento desde el soberanismo hacia otras posiciones. Lo interesante es comenzar en el año 1992 con el artículo “Por la independencia de Euskadi”, que significó su expulsión de HB y en el que defendía la participación institucional como medio hacia la independencia:

“Así, el Estatuto y la Ley de Amejoramiento, al tiempo que constriñen y limitan la identidad y la reunificación vasca, posibilitan proyectos y apuntalan posiciones para la consecución del Estatuto Nacional de Autonomía”, y los medios, “sólo aquellos que la mayoría social admite como legítimos en cada situación y deberán ser rehusados aquellos que por no alcanzar tal grado de legitimación son consiguientemente rechazados”.

Por tanto, como punto de partida, la posición contra la violencia es fundamentalmente dependiente de si cuenta o no con mayoría social, pero aún más interesante es leer los errores que según Montero, había realizado en sus análisis el MLNV:

“las contradicciones del régimen democrático entre reformístas y separatistas depararían una situación de cambio, decíamos; la crisis económica, el paro y sus terribles consecuencias en los más humildes suscitarían el inicio de un proceso revolucionario, augurábamos; el ingreso en la CE y la inevitable degradación de los sectores económicos tradicionales vascos (siderurgia, naval, pesca y agricultura) supondrían la modificación de escena política, profetizábamos; la entrada en la OTAN y el consiguiente alineamiento en el bloque imperialista potenciaba, en su rechazo, nuestro movimiento emancipador nacional, enfatizábamos. ¡Tantas previsiones incumplidas o parcialmente ciertas!”

El hilo común del soberanismo de Montero, Zallo y Ollora es como habíamos dicho en el anterior capítulo, la apuesta por la unidad abertzale y la “constatación” de la muerte del estatuto y del pacto de Ajuria Enea. Ya en el mismo año 92, en el ciclo “Euskadi 1.993. Una cita con la paz”, organizado por la “Fundación Sabino Arana” Montero nos propone “un contrato social” que rija las relaciones entre los vascos mediante un Estatuto Nacional de Autonomía.” El Correo lo recoge de esta forma:

“Las condiciones que Montero advierte para que esta propuesta llegue a buen término son que «el nacionalismo consiga una unidad de acción basada en el diagnóstico común sobre las competencias por transferir, el calendario razonable para alcanzarlas, el desarrollo de la declaración parlamentaria sobre el derecho de autodeterminación y en el cese del uso de la violencia para la consecución de objetivos políticos, por ser éste el elemento principalmente impediente de la citada unidad de acción».”

En otro artículo de El Correo bajo el titular “Txema Montero propone la creación de un frente abertzale como salida a la violencia” podemos leer:

“El ex miembro de HB Txema Montero propuso ayer en El Escorial la creación de un frente abertzale como salida al problema de la violencia en Euskadi. Montero, que hizo esta propuesta durante su intervención en el curso “Los nuevos rojos”, que se está celebrando en la universidad de verano de la Complutense, explicó que dicho frente debería estar integrado por las «formaciones de estricta obediencia vasca», entre las que citó al PNV, Eusko Alkartasuna, Herri Batasuna y Euskadiko Ezkerra.”

Y esta posición aparece confirmada en una entrevista en El País:

P. El frente abertzale que propone, ¿es un requisito para el final de ETA o puede ser un coadyuvante?

R. Un acuerdo de unidad de acción de las fuerzas nacionalistas ayudaría mucho. Un frente amplio abertzale vendrá dado en circunstancias ahora no previsibles y relacionadas con alguna disyuntiva, en el momento en que el marco político no dé más de sí.

Como contraste con su pensamiento actual, mientras Montero abogaba entonces por la unidad abertzale y la independencia total de Euskadi (“Ratifico mi compromiso con la causa de la independencia vasca”, decía en este artículo de El País), este último año ya sugirió en Hermes un posible Bad Godesberg para el nacionalismo como “una independencia dentro del Estado” y nos advirtió en la prensa de que “la izquierda abertzale del futuro no iba a ser aliada del PNV”. Un cambio sustancial, sin duda, pero el término “contrato social” sigue vigente según la conferencia de Txema Montero en Donostia el 9 de Abril de 2008 que podemos leer en el blog de Iñaki Anasagasti: “Para la consecución de todo esto, resulta premioso que los vascos alcancemos un común denominador, un Programa Común entre Partidos Políticos, consecuencia de un Nuevo Contrato Social entre ciudadanos”.

Esta idea “pre-Lizarra” parece que no está sólo en la mente de Montero, pues para final del año 92 ya aparecen algunas noticias de las famosas conversaciones del PNV con HB y podemos leer en El País: El PNV propuso un “Gobierno nacionalista” a Herri Batasuna a cambio de romper con ETA. En las conversaciones entre ambas formaciones se barajó desplazar a los socialistas”:

“Un documento entregado por el PNV a HB en la sesión final, el 29 de julio, introduce la cautela de que “el sector no nacionalista de la sociedad vasca deberá ser tenido en cuenta” (…) . También recordaba la necesidad de procedimientos democráticos (…) y aseguraba (…) que el PNV no persigue la división en el MLNV. Así lo han confirmado varias personas que se sentaron en la mesa que en 10 sesiones (…) reunió a Egibar, Ollora y Agirre, por el PNV; con Aoiz, Idígoras e Iruin, de HB.”

“(…) aparecen reflejados en las actas de HB (…) “Comienzan ellos [el PNV] situándose tras un modelo (…) sin lucha armada y con un clima de normalización”, se lee en la del 22 de julio. “En esa fase ellos creen que la clave sería (…) construir una nueva coalición de gobierno, una mayoría de gobierno nacionalista (…)”.

Por su parte, esto también se reproducía entre EA y EE según noticia de El País: Herri Batasuna trata de artícular un frente común ‘abertzale'”:

Ayer, tras aplaudir la reacciones “positivas” de EA y EuE al reciente comunicado de ETA, (…), Floren Aoíz se mostró partidario de que las eventuales conversaciones con EA y EuE se desarrollen de manera simultánea al diálogo con el PNV. “Ambos procesos”, dijo, “no tienen que ser incompatibles”.

Y ya en el año 93, con un pie en el Patronato de la Fundación Sabino Arana Deia recoge la apuesta por la unidad abertzale de Montero:

“destacó en su conferencia que «en Euskadi hay un nacionalismo que representa los derechos históricos de los vascos, que son el PNV y EA, y HB, que es la reacción airada a la negativa a reconocer esos mismos derechos». (…) propuso una serie de medidas políticas (…) que permitirían desbloquear la situación. Favorecer un clima de entendimiento entre la CAV y Nafarroa (…), suprimir la Audiencia Nacional y la Ley Antiterrorista, traspasar el mando de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad españoles a(…) Gasteiz, constituir una «verdadera policía judicial y acabar con la tortura» (…).

(…) se pronunció a favor de «iniciar verdaderas negociaciones entre ETA y el Estado,  (…) entrega de las armas por salida de los presos. Y esta negociación, complementada con una plataforma común de las fuerzas nacionalistas para la reforma constitucional, que permita la confederación entre CC.AA. y posterior reconocimiento del derecho de autodeterminación».”

Por tanto, Montero nos anticipa lo que vendría a ser el proceso de Lizarra varios años después, de la misma forma que HB tuvo una oferta informal para un gobierno nacionalista a cambio de la paz. El foco en la unidad abertzale pasa después al complemento ETA-Estado y Montero se hace eco del deseo de negociación en un artículo en El Mundo el año 94 bajo el título “Un deseo llamado negociación. Negociar negociando es otra de las enseñanzas de Argel:

“el revolucionario abertzale, (…) la lucha armada entendida como medio de independencia y el socialismo como fines indisolublemente unidos, de manera que estos son inalcanzables sin aquella, encuentra su respuesta en un creciente patriotismo español. (…) se observa una (…) confusión mediática en la que la legítima lucha por la autodeterminación y soberanía se confunden intencionadamente con el terror (…) apuntando genéricamente al nacionalismo como inspirador histórico (…) de la lucha armada.” (…)

No parece que concuerde aquí la definición del “revolucionario abertzale” (un movimiento por la independenica y el socialismo indisolublemente unidos, de modo que lo primero es el medio de ruptura para lo segundo) con la anterior suposición de Montero del MLNV como “una reacción airada” por la recuperación de los derechos históricos. Pero lo que quiere remarcar en este artículo esel tótem de la negociación:

“Si uno de los errores de Argel fue (…) el previo desconocimiento mutuo de las partes negociadoras acerca de los límites posibles de la negociación, no fue (…) error menor el intencionado arrinconamiento que la IA hizo durante el proceso de los partidos nacionalistas (…); no es superfluo recordar que la negociación en Irlanda, (…) sería insostenible sin el concurso del Partido Social Demócrata y Laborista de Hume, representante de los republicanos moderados.”

Precisamente los partidos “moderados” fueron fagocitados por los extremos de Ian Pasley y Gerry Adams bajo acusaciones de debilidad en sus posiciones, para terminar con ambos extremos en el gobierno haciendo cesiones que nunca perdonarían a los primeros y con el IRA auténtico y la kale borroka de nuevo en incubación. Pero del proceso irlandés y de la versión edulcorada que se recibió en Euskadi tendremos tiempo para hablar en otra ocasión. Para que la negociación ETA-Estado tenga frutos y tenga una “naturaleza política”, Montero nos dice que se requiere de una base:

“(…) cualquier movimiento negociador futuro deberá contar con una amplia base nacionalista si quiere ser plausible y (…) eficaz para que tome carta de naturaleza política; de otro modo la negociación seguiría siendo un simple deseo.”

Y después de esta evolución, en el año 96 Montero definiría su último impulso antes de la definición del “soberanismo”, en un artículo consecuencia de los decepcionantes resultados electorales de las europeas por parte de HB:

(…) el PNV apenas capta un ligero aporte del descenso de EA, a la vez que las fuerzas políticas estatales constituyen mayoría en nuestro país. No me atrevo a correlacionar este hecho objetivo con la persistencia de la lucha armada, empero la rutinización del nacionalismo y su mantenida ambigüedad no parecen la mejor receta para salir del estancamiento actual. Parece, pues, llegada la hora de la reflexión para la acción política, y en este sentido la práctica del sindicalismo nacional vasco nos depara interesantes enseñanzas.

Es interesante la constatación que hace Montero en el 96 de la mayoría social “estatal” en Euskal Herria, ante lo cual propone seguir el camino de ELA-LAB, test práctico previo al acuerdo de Lizarra. Una unidad de acción que a ELA le salió muy cara si recordamos que ELA mantuvo su unidad de acción con LAB incluso mientras ETA mataba sus militante. Y por fín, en un artículo de Deia del mismo año 96, Txema Montero nos da la definición de un nuevo concepto, el “soberanismo“, que reune todos los ingredientes anteriormente preparados:

“Montero, miembro del Patronato de la Fundación Sabino Arana, disertó sobre “¿Qué es el soberanismo?” en una conferencia (…) en la Facultad de Derecho de la Universidad de las Palmas.” (…) definió el “soberanismo” como la «nueva estrategia del nacionalismo». (…) «el nacionalismo soberanista es una nueva forma de identidad colectiva y de capacidad de acción cuyo esfuerzo va encaminado en alinear las ideas de etnicidad, nación y Estado».

La idea del soberanismo la define no como «un particularismo étnico», y la identidad nacional «debe constituir un principio para organizar la sociedad aún cuando no todo el mundo sea un nacionalista comprometido». (…) aseguró que el soberanismo precisa «primordialmente de construcción de una nueva mayoría social (…)».

Aquí es importante remarcar cómo Txema Montero, como hará también Ramón Zallo, contraponen el “soberanismo” como una idea “más democrática” que el nacionalismo tradicional, que ven anclado en el “etnicismo”. Esta idea se ve refrendada el mismo año en un artículo de El Diario Vasco firmado por Alberto Surio bajo el titular “Montero plantea el soberanismo como nueva estrategia para los nacionalistas”:

“Montero lanzó ayer en Andoain un discurso contra el inmovilismo ideológico e intelectual en el mundo político vasco al apostar por una nueva estrategia, la del soberanismo político, que definió como superadora del nacionalismo étnico.

(…) consideró que la situación del conflicto entre el estado y la nación no tiene por qué llevar a pronosticar que el estado democrático se disuelve en tantos estados como naciones caben en él. «El soberanismo no es un particularismo étnico y la identidad nacional, que se ha vuelto plural más que singular y exclusiva, debe constituir un principio para organizar la sociedad en su conjunto aún cuando no todo el mundo sea nacionalista comprometido».(…)

(…) consideró que el soberanismo comparte con el nacionalismo clásico el elemento común de la creencia en el derecho de autodeterminación. «Pero la matiza en el sentido de que es posible una asociación con el Estado anfitrión, producto de un pacto susceptible de dinámica renegociación», (…). Para Montero, ello conllevará «una fórmula de soberanía-asociación equivalente a una estructura bilateral asimétrica».

Como vemos, la cosa se va complicando desde la “independencia” del año 92. Aparece el soberanismo, aparece “la estructura bilateral simétrica”, “el pacto susceptible a la renegociación”, “el poder normativo de los hechos”, términos abstractos, que son novedosos en boca de Montero pero que los nacionalistas pueden tener dificultades para entenderlo así. ¿Son “étnicos” la tradición foral pre-gaditana, los liberales fueristas, el nacionalismo pre y post estatutario de Agirre, Irujo, Landaburu, Irala y Ajuriagerra? ¿Es étnico el nacionalismo de la transición española? Esta formulación del soberanismo frente al nacionalismo “étnico” aparece de nuevo el año 97 en Deia en otro ciclo de conferencias:

“Montero expuso ayer dentro del ciclo de conferencias organizada por la Res Publica, su tesis (…) en la que propone el soberanismo, como una nueva estrategia del nacionalismo. (…) planteó la idea de constituir la nación como autoridad última dentro de un territorio, o por pasiva, conseguir del Estado de acogida el respeto al ámbito democrático de decisión propia. (…) puesto que el Estado es algo históricamente fortuito conviene (…) separar conceptualmente el nacionalismo del Estado(…)

(…) al superar la concepción actual de nación étnica cultural permite conjugar los conceptos de nacionalismo y democracia precisando que el ámbito de la soberanía popular es la nación misma (…). En este marco es necesario el mayor compromiso de los sindicatos y organizaciones obreras con el soberanismo como de hecho está ocurriendo. (…) y fomentará una nueva mayoría (…)”

Como resumen, podemos decir que desde su comienzo desde las posiciones de independencia a través del Estatuto y Constitución del 92 el soberanismo según Montero se  basa  en “superar la concepción actual de nación étnica cultural” que  “permite conjugar los conceptos de nacionalismo y democracia”, tendente a buscar una nueva negociación ETA-Estado que se legitime políticamente mediante una alianza nacionalista de base ampliable a otras fuerzas. Una visión que veremos cómo valora Zallo y Ollora en próximos capítulos. Las preguntas que nos deja a los nacionalistas, siendo Montero referente mediático durante largos años de la Fundación Sabino Arana, el supuesto Think Tank del PNV, es si este “soberanismo” es novedoso, es superador de lo étnico y qué resultados tuvo su plasmación en Lizarra, la práctica de esta teoría. Análisis que corresponde a otra serie para poder dejar paso al debate.

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