En torno al Auzolan (y 3)
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En torno al Auzolan (y 3)

Joxe Martin Larburu

¡CON EL AUZOLAN ESTAMOS DE MANO!

Las estrategias que diseñemos para la recuperación de más estado, además de contar siempre con un amplio consenso vecinal, no deben condicionar nuestra acción social en favor de lo comunal, ni deben suponer el abandono de la buena administración institucional de las competencias que disponemos. En tanto en cuanto seamos capaces de activar todo lo que tenemos en nuestras manos, los intentos, exteriores e interiores de imponer dependencias no pactadas serán más fáciles de deshabilitar.

La reflexión anterior no pretende cuestionar las peticiones de más estado, eso es legítimo, en torno a estas peticiones ya hemos hablado en otras ocasiones y lo seguiremos haciendo, siempre en favor de la vía vasca. Hoy lo que pretendemos es hablar de lo que está, de lo que tenemos de nuestra mano (Eskukoa duguna).

Si los vascos hemos demostrado algo, aún en los momentos con mayor opresión exterior y más graves agresiones interiores, normalmente de agentes supeditados a intereses e ideologías importadas, ha sido nuestra capacidad de montar artefactos comunales en beneficio de nuestra comunidad. Estos instrumentos los hemos creado basándonos en nuestra tradición de trabajo vecinal, en la corresponsabilidad, en la participación y en la colaboración.

El auzolan estaría en la base de todas estas iniciativas, el mismo además de servir para el mantenimiento y desarrollo de recursos comunes tangibles e intangibles, ha contribuido a fortalecer el sentimiento de pertenencia y el reconocimiento entre los miembros de la comunidad. En esencia es parte de una cultura colectiva de una sociedad emprendedora, solidaria, capaz de trabajar por el bien común. Vecinos impulsando a través del diálogo el acuerdo entre diferentes, potenciando sus propios valores, trabajando en común para superar las dificultades económicas y recuperar la cohesión social y el bienestar.

Atribuir a la lucha de masas los logros del auzolan, asimilarla como un apéndice de luchas particulares por el poder, supone desnaturalizar el contenido de lo que supone esta práctica.  Son dos realidades muy diferentes; una, hunde sus raíces en la confrontación la otra, en la colaboración.  La unilateralidad y la división (incluso entre vecinos) de contenido ideológico son base de la confrontación, el pacto y la unión por el bienestar de todos son fruto de la colaboración. La sociedad vasca los mayores logros los ha conseguido gracias al auzolan.

Los mismos que atribuyen el abandono de la lucha armada a una supuesta voluntad de los que la promovieron, nos quieren hacer creer que el auzolan y el modelo vasco van de su mano, ese cinismo no debiera hacernos olvidar que es la comunidad vasca, trabajando de forma cooperativa, la que ha creado los bienes que han ido en beneficio de todos los vecinos. Ese intento de desvirtuar la realidad viene motivado por que se han visto obligados a bajar al campo de juego, al suelo que otros han creado a través del sentido común tradicional vasco. Por eso, con las consabidas precauciones somos partidarios de un llamamiento que incluya a toda la vecindad vasca para que siga su camino, trabajando:

  • Para compartir lenguajes y significados, que nos posibiliten compartir procesos, objetivos y acciones. Diseñar entre todos entornos, procesos, herramientas y metodologías, que favorezcan el desarrollo del bien común desde el auzolan.
  • Para recuperar los valores y los objetivos de justicia y equidad, que parecen cada vez más difuminados en la directa o velada deriva neoliberal que estamos sufriendo; y que tanto oxigeno dan a los que creen que la solución es la matxinada. No hay nada más exitoso que propulsar líneas cooperativas para esquivar la inflamación confrontativa que persiguen las ideologías totalitarias y solucionar con visión de futuro las necesidades reales de los vecinos.
  • Para impulsar en la profundización democrática de los marcos y procedimientos de la administración de lo público, desde la participación, la apertura y la transparencia, frente al peligro cierto de burocratización y tecnificación deshumanizada que persigue a todas las administraciones. Nosotros debemos de evitar que alcance a la vasca.
  • Para actualizar desde nuestros valores la manera de producir y gestionar en comunidad bienes y recursos que nos pertenecen a todos, o mejor, que no pertenecen a nadie.
  • Para proponer en nuestras distintas realidades regionales, en las que estamos insertos, el trabajo en red. Presentando nuestro modelo socioeconómico, basado en un ecosistema cooperativo, a partir de modelos de negocio colaborativos e interdependientes.

En definitiva, necesitamos procesos de planificación estratégica participada; basada en establecer relaciones cualitativas, trabajar los conflictos, contrastar y consensuar decisiones; para el desarrollo de futuros compartidos.

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