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Cuando los mitos se vuelven lanzas (2)

José Díaz Herrera Los Mitos del Nacionalismo Vasco

José Díaz Herrera Los Mitos del Nacionalismo Vasco

José Díaz Herrera y Los Mitos del Nacionalismo Vasco

Sobre el tema de los Servicios Vascos de Información se puede decir que va sobre los mismos carriles, ya que el autor titula uno de los capítulos del libro como “De políticos a txibatos”, así, con grafía euskérika. Mantiene el tono de confusionismo general de su libro porque  unas veces habla de Servicio del Información del PNV -es decir, servicio de partido- y otras, Servicio de Información del Gobierno Vasco. Los llamados Servicios Vascos no era un organismo que dependiera del Partido Nacionalista Vasco, había nacionalistas en sus filas si, pero había también muchos que no lo eran e incluso gente variopinta. Su director fue el irunés Pepe Mitxelena, que dependía del lehendakari Aguirre.

Como orientación general de esta temática se puede decir que José Díaz Herrera se ha inspirado en las líneas narrativas que, en los medios que hacen opinión, difunden muchos ‘ex etarras’. Hay dos tipos de ex etarras: aquellos que han cambiado de forma y de contenido, los que han roto, en lo fundamental con su pasado, y; los que cambiando de forma no lo han hecho de contenido. Es decir, que con la nueva forma adquirida están trabajando, en otros ámbitos, al servicio de la línea del MLNV. Son etarras o, miembros del MLNV, que trabajan en el exterior. De ahí su nombre ‘ex etarras’. La acepción normal del término ex etarra les sirve de perfecta cobertura para su labor. Estos ‘ex etarras’, no necesitan hacer muchos esfuerzos para hacerse con la nueva forma: basta que condenen verbal o literariamente la violencia armada de ETA y condenen al nacionalismo vasco en la forma que hacen desde el PP para acercarse a ellos; y basta con que condenen también del mismo modo la violencia armada de ETA y condenen al nacionalismo en la forma que se hace desde el PSOE (guiños vasquistas incluidos)  para acercarse a este ámbito. Pero también hay ‘ex etarras’ en el ámbito del PNV, que van a lo mismo que los anteriores: para ello, condenan la violencia de ETA con el mismo ritual y deben hablar, en este caso, de modo que parezca nacionalista con todos sus tópicos y, al poder ser, con un poco de estridencia (soberanismos, territorialidad, Nafarroa, etc). Los hay también quienes bajo formas de organizaciones tipo ONG, pues reciben subvenciones, andan moviéndose indistintamente por todo el interespacio modelado por el PNV, PP, PSOE y el MLNV y que parece no tienen amo.

Bajo la inspiración de algunos de estos ‘ex etarras’, o quizás porque él mismo sea un ‘ex comunista’ -vale la definición anterior-, José Díaz Herrera atribuye a algunas personas -y a la propia organización de Servicios- connotaciones anticomunistas que, hoy, en 2005, sólo interesa a los propios comunistas, pues creen que con más anticomunismo promocionan al socialismo y al comunismo. Siguiendo esta senda, en la pág. 399 José Diaz Herrera  nos muestra la “cara oculta” del trabajo de los Servicios: “ La cara oculta de su trabajo fue perseguir a los partidos políticos de las democracias de Hispanoamérica, delatar los planes de los disidentes a Estados Unidos y vigilar a los exiliados en beneficio propio. Así se da la dolorosa contradicción de que mientras Aguirre no deja de preconizar la independencia del País Vasco, sus agentes se infiltran en los movimientos nacionalistas portorriqueños, filipinos, panameños, dominicanos y cubanos y actúan como chivatos con el único objetivo de fomentar el colonialismo de Estados Unidos sobre sus respectivos países”.

Este autor ubica a los vascos distrayéndose de su propia causa y de la labor para con los aliados para dedicarse a fomentar el colonialismo de Estados Unidos en beneficio propio. Más adelante, en la pág. 432, insiste en la misma idea: “en contra de sus convicciones políticas, se encargan de delatar a movimientos de liberación de Puerto Rico, Filipinas, Panamá, Santo Domingo y otras naciones”. Puerto Rico era territorio cuasi-americano y hablar de movimientos de liberación en el período 1942-1945 en Panamá y Santo Domingo es inflar un globo de aire, porque no había nada. Es verdad que los Servicios Vascos actuaron en esos países y en otros varios más, pero los agentes nazis o franquistas a los que combatieron nunca conformaron un movimiento de liberación en ningún sitio. Los ‘movimientos de liberación’ a los que alude sólo bullen en la cabeza de los ‘ex etarras’ a quienes José Díaz les hace oidos y presta su pluma; por lo demás, son movimientos revolucionarios de nuestra época, y no de aquélla. En referencia a Cuba el autor escribe, en la pág. 416, un episodio que no tiene por dónde agarrarlo de lo absurdo y falaz que resulta: “El 12 de noviembre de 1956, Antonio Irala viaja a Cuba como agente de la Basque Intelligence Office, con un billete pagado por el FBI, con el fin de estudiar la forma de crear una oficina, con personal vasco, que se dedique a combatir el comunismo en la isla. Se encuentra con varios dirigentes comunistas españoles que viven refugiados en esa ex colonia española. Propone que se investiguen sus actividades para evitar que acaben contaminando con sus ideas al grupo de Sierra Maestra”. José Díaz incluye un confuso informe que dice que es “informe de Antonio Irala” del 11 de octubre de 1943, pero que bien pudiera ser también ‘informe de Galíndez(¿) sobre Antonio Irala’ pues en su segunda línea aparece la frase “…Irala es de la opinión…… tras viajar por Cuba y Sudamérica se ha encontrado…”.

En fin, los hechos son que esa supuesta oficina se encuentra ante una auténtica misión imposible, por doble motivo. Por un lado, la evidencia de que Fidel era ya comunista para cuando fue a Sierra Maestra. Por otro, el 12 de noviembre de 1956 no había ningún “grupo de Sierra Maestra” que contaminar pues Fidel desembarcó en la Sierra más tarde, el 2 de diciembre de 1956. Y el detalle que da cierta verosimilitud al episodio como “el billete pagado por el FBI” resulta ser mentira, porque la familia ha desmentido que el sr. Irala estuviera nunca en Cuba (Diario Vasco, 5/10/05). Sería un acto brillante que el autor nos indicara los documentos, desclasificados o no, en los que basa el episodio.

El verdadero dolor que constriñe al autor le viene de tener que contrariar su línea de infundios al no poder ocultar la cara brillante de los Servicios vascos que él mismo relata, por la boca pequeña, de esta escueta pero inmejorable manera: “El Servicio de Información vasco espió las actividades de los nazis en América del Sur, los movimientos y planes de sus agentes, incordió a los franquistas y les impidió expansionarse en Latinoamérica” (pág.399). Y en verdad que la marina mercante española, las oficinas ministeriales de Madrid y las Embajadas españolas en el exterior tuvieron constancia de las actividades de los hombres de Pepe Mitxelena. Si esta es su conclusión, ¿porqué se dedica entonces José Díaz Herrera a escribir páginas y páginas de una historia que no es? No tiene otra explicación que la del autor que quiere ser deshonesto con sus lectores, que en su mayoría han pagado los 27 euros que cuesta el libro y que en lugar de informarles, les desorienta y confunde. ¿Por qué?. Mas adelante veremos que el autor es un brillante desinformador.

Estos éxitos no se logran por casualidad. Tiene que haber detrás, sobre todo, un gran equipo humano. En el activo de Pepe Mitxelena -que contó con el firme apoyo de su familia- está que en el período 1942-1945 ninguna persona que trabajaba en su red fue detenida ni por la Gestapo ni por la policía franquista. Y su trabajo no era fácil: consistía en pasar información a través de la frontera ocupada en ambas vertientes. Sobre Mitxelena se puede añadir la devoción que le tuvieron algunos de los que trabajaron con él. Ricardo Nalda -que aparece citado en el libro- era miembro de una familia republicana de Bilbao y no era nacionalista, pero en una entrevista que le hicieron pocos meses antes de morir, hace unos cuatro años, en una residencia de ancianos de San Sebastián, dijo al periodista que no perdiera el tiempo con él, que era más interesante trabajar sobre una biografía de Pepe Mitxelena, que, en su opinión, era una de las grandes inteligencias que Euskadi había dado en el S.XX.

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