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Balance de un año de pandemia en Euskadi

Mikel Balerdi

Se cumplen ya 14 meses de pandemia en lo que parece ya la fase final de la misma. En estos meses hemos vivido sufrimiento, miedo, incertidumbre, como no habíamos experimentado en nuestras vidas. Asimismo, la crisis ha puesto las bases para una aceleración de ciertas transformaciones sociales y económicas que posiblemente marcarán las próximas décadas. Pero hay algunas cosas que no cambian, y así lo lleva demostrando la oposición política en Euskadi, radicada en Bildu. Aparte de renovar a los mismos líderes políticos que hace más de dos décadas, siguen en lo mismo. No hay alternativa política ni propuesta alguna salvo socavar la confianza de la sociedad en sus instituciones.

La Izquierda Abertzale pensaba que la pandemia le iba a brindar una oportunidad de oro para dar un vuelco a las mayorías políticas de este país y poder así tomar las instituciones y llevarnos a la vanguardía del socialismo revolucionario en Europa.  Se tenía la convicción de que la crisis de la pandemia, generada en uno de los países de referencia ideológica para la izquierda vasca, iba a poner las bases para la derrota del sistema institucional vasco. Pero parece que la realidad, no exenta de sufrimiento, va por otro camino. En Euskadi solo han aportado críticas, ausencia de propuestas constructivas y mucha demagogia perdiendo todo rubor a poder decir lo uno y lo contrario y tener la osadía de seguir criticando mientras en Madrid ponían la alfombra roja al paso de un gobierno central que, por otra parte, está haciendo aguas por todos los lados.

Recordemos, en ese sentido, otro aspecto muy llamativo que fue la convocatoria de elecciones. Las críticas fueron numerosas y el tiempo ha demostrado que el momento fue el mejor de los posibles (Euskadi estaba con ratios de contagios acumulados en 14 días de menos de 50) frente a las elecciones celebradas en Cataluña y Madrid (elecciones en ambos casos convocadas con una ratio de incidencia de más de 300 casos).  Y además se puso en marcha un gobierno libre de cualquier intento de chantaje político por parte de la oposición irresponsable de este país.

Decía el lehendakari este fin de semana, en un ejercicio de autocrítica y de realismo poco común, que los políticos no han sabido estar a la altura de las circunstancias. Sin embargo, no podemos sino recordar que la acción de este Gobierno Vasco se ha centrado desde un primer momento en no convertir en elección cuasi antagónica, la salud vs. la economía, como pretendían falsamente Bildu. En este sentido conviene recordar una serie de datos en ambos ámbitos que pone en valor el esfuerzo de gestión realizado por las instituciones vascas y que muestra un resultado mucho más equilibrado que comunidades comparables en densidad de población y actividad económica como Cataluña o Madrid. Con el nivel de sufrimiento, pérdidas humanas, enfermedades graves habidas, resulta un ejercicio difícil e incómodo de hacer, pero estamos obligados, ante tanta demagogia, a poner encima de la mesa lo que unos y otros han aportado para salir de esta crisis. Comencemos recordando algunos datos sobre la evolución de la enfermedad en Euskadi (a fecha 30 de abril):

Desde el primer momento y a pesar de quedarse solo, EAJ-PNV en el intento de intentar preservar y minimizar los daños en el tejido productivo vasco (recordemos el episodio de cierre total de la economía donde solamente en todo el estado español el PNV se negó a aprobarlo) y a pesar de las dificultades evidentes que estamos afrontando, vemos la luz al final del túnel y de manera clara además. Para ilustrarlo, aportaré una serie de datos de esta misma semana, muchos de ellos:

En definitiva, tiempos difíciles, pero de esperanza en Euskadi, que ha sabido a lo largo de su historia salir de crisis, conflictos y sobrevivir y hacerse más fuerte a pesar de los intentos de unos y de otros. Y todo ello con un fuerte componente social, que se ha visto reforzado con los presupuestos más sociales de la historia (77,8% del gasto previsto destinado a políticas sociales). No puede presidir en nosotros ningún ánimo de autocomplacencia sino lo contrario. Estos tiempos exigen un grado de responsabilidad aún mayor, y un esfuerzo colectivo a la altura de lo que ha demostrado la sociedad vasca ser capaz. Espero, eso si , que el lehendakari único dirigente que ha mostrado con gran vehemencia y responsabilidad el caos que puede generar la decisión del gobierno central de no facilitar alternativas jurídicas para hacer frente a las semanas de pandemia que nos quedan, no acierte y evitemos el caos, y podamos celebrar pronto la salida de esta pesadilla y así podamos proseguir con más fuerza la construcción de la Euskadi del futuro que a pesar del esfuerzo de algunos, no se detendrá.

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