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El juego de los espejos del Complejo Sortu-Bildu (I)

Jon de Urbia

El juego de los espejos es conocido porque las imágenes, aparentemente reales, se superponen sucesivamente, engañando a quien involuntariamente participa en el mismo, para regocijo de quien lleva la iniciativa. Sólo este último sabe la verdad y se mueve a su antojo, confundiendo al resto.

En los últimos tiempos Sortu-Bildu ha desplegado con toda su energía toda una batería de acciones que se coordinan bajo la lógica del juego de los espejos. La derogación de la reforma laboral es un buen ejemplo de ello.

La reforma laboral del 2012 realizada por el PP, entre otras cuestiones, tenía como objetivo flexibilizar el mercado de trabajo y se caracterizó por otorgar mayor autonomía de organización interna a las empresas y dar preminencia a los convenios de empresa frente a los sectoriales. Fue ampliamente contestada por los sindicatos y los partidos de izquierda, al considerar que precarizaba el trabajo y abarataba el despido. No es objeto de este artículo el valorar la reforma laboral, sino fijarse en su proceso de derogación, considerando como sujeto de acción al Complejo Sortu-Bildu (SB).

La derogación era uno de los acuerdos de legislatura entre el PSOE y Unidas Podemos. Cuando ha llegado el momento de llevar a cabo dicha actuación legislativa, Sortu-Bildu no sólo lo ha apoyado, sino que además se ha jactado de ello allí donde ha podido. Lo ha “vendido” como   un magnífico ejemplo de su “madurez” democrática apoyando a un gobierno de izquierda en Madrid. He aquí las primeras imágenes de los espejos. Ellos si pueden, pero cuando el PNV acuerda un pacto de investidura (permaneciendo Sortu-Bildu en una abstención vigilante, como el guardián del centeno, ¿muy progresista no?), el PNV no apoya un gobierno renovador, pacta como siempre con Madrid. No contentos con ello, lanzan otra imagen, la de ser capaces de acordar  con el PSOE, cuando en realidad están pactando con Unidas Podemos (sus hermanos en la ideología, verdadera razón para apoyar a Madrid), generando además otro reflejo para Euzkadi. Esto es, se puede alcanzar un pacto de gobierno (con el PSE) para desplazar al PNV de la Lehendakaritza, el sempiterno sueño del complejo (SB). Pero aún hay más, en pleno paroxismo reflectante, ya nadie se acuerda de qué es lo que se está derogando y qué implica dicha derogación, en la forma en la que se pretendía hacerlo.

En primer lugar, la reforma laboral vigente ha permitido, en situación de confinamiento de emergencia, agilizar los ERTES. Es decir, el gobierno de Sánchez lo ha utilizado como instrumento válido que le ha dado agilidad al sistema. Esto es una clara señal de que no se puede derogar algo sin que se establezca una alternativa. ¿Alguien le ha pedido al complejo SB explicitar cuál era su proyecto sustitutivo? En segundo lugar, una derogación liquidacionista (con el entusiasmo de Iglesias) otorgaría un rango de inestabilidad al país lo que de facto implicaría riesgo severo de no poder acceder a los fondos de la Unión Europea, tan necesarios para la reconstrucción. En síntesis, se rompe un mecanismo (que se está utilizando), sin presentar alternativa para llegar a la “magnífica” dinámica de “cuanto peor, mejor” (sin importar la desgracia humana causada por la pandemia). De hecho, el PSOE dio un giro importante al impulso liquidacionista modulando los planteamientos iniciales e intentando dar así una imagen de solvencia institucional ante la UE.

Resumiendo, para tener la imagen real en esta galería de los espejos, es necesaria una visión caleidoscópica. Con la misma se puede identificar al verdadero personaje: el complejo SB está intentado una vez más desplazar al PNV del Gobierno de Euzkadi, haciendo creer al PSE que si puede pactar en Madrid con el PSOE lo puede hacer en Vitoria. Pero el pacto sólo tenía intención de destruir, por aquello de ir generando las condiciones, y mientras tanto hacer creer a Idoia Mendía que podría ser la primera mujer Lehendakari, cuando en realidad el acuerdo en Madrid es con el partido de Iglesias y mientras el PSE les ayuda desplazando al PNV, a apoyar la causa bolchevique (en España), que terminaría indefectiblemente con la eliminación de los mencheviques (es decir con el propio PSOE).

Por el momento no le ha salido todo lo bien que le hubiera gustado a SB su juego de los espejos. Estos no están lo suficientemente limpios.

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