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Podemos y el colapso que viene

Jon Urtubi, Jon Elgezabal

Decía en alguna parte el filósofo José Antonio Marina: “ninguna democracia está a salvo del colapso”. La democracia española podría entrar en esa fase gracias a la actual crisis del Covid-19. Lo novedoso de la situación excusa, en parte, la incompetencia del Gobierno español y su presidente, Pedro Sánchez. La persistencia de este en el cortoplacismo, la improvisación y la mentira tanto a sus socios (el PNV) como al pueblo español, no augura nada bueno. Pero, como dice el socorrido Murphy, una situación por muy mala que sea siempre es susceptible de empeorar.

Uno de los factores más importantes de empeoramiento proviene de las iniciativas del socio de gobierno de Sánchez, Pablo Iglesias y del proyecto de Podemos. Antes de entrar en la materia de su relación con la crisis, nos gustaría recordar y señalar algunas características de esta formación y sus dirigentes. La historia de Podemos comienza a perfilarse con el viaje de ida y vuelta del trabajo teórico comunista Antonio Gramsci, de Europa a Latinoamérica y de Latinoamérica a Europa, por la vía de Ernesto Laclau (teórico marxista argentino que va a Europa y cuyo pensamiento retorna a Latinoamérica). Ese trayecto lo realizaron los líderes de Podemos Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Iñigo Errejón, formados, todos ellos, en las Escuelas Bolivarianas de Caracas (generosamente subvencionados por Hugo Chávez, a los que calificó de “aliados naturales de la revolución bolivariana”) y devueltos a las costas de España con la intención de aplicar sus enseñanzas. Iglesias reconoció que “me considero marxista. Digamos que tras los presupuestos teóricos y de comunicación de Podemos hay una lectura muy específica de Gramsci”. Para poner en práctica estos postulados Podemos tiene como objetivo la formación estricta de 10.000 militantes que suficientemente concienciados desde diversos ámbitos de poder puedan instalarse en diversos cargos institucionales o bajar a la base de la sociedad para impulsar las iniciativas emanadas por el liderazgo de Podemos.

En coherencia con los postulados del llamado Socialismo del Siglo XXI, se trabajó una metodología nueva para llegar al poder para lo cual era necesario eliminar todo aquello que oliera a lucha contra el sistema. La cuestión esencial era elegir un programa mínimo con enganche, un líder carismático y una así denominada “cadena equivalencial” de “significantes vacíos” que amalgamase diferentes problemáticas con un fin único. La metodología bolivariana distingue 4 etapas en la “toma del poder”.

La subida al poder de Podemos y de Pablo Iglesias representa el cumplimiento del objetivo histórico del comunismo hispánico que Santiago Carrillo pretendió y no pudo allá en los albores de la transición democrática. Existe incluso un nexo evidente entre ambas etapas. El actual programa mínimo-táctico de Podemos se basa en los derechos “sociales” de la Constitución Española (introducidos por Santiago Carillo) a cuya aplicación el “líder carismático” (o según el filósofo José Luis Villacañas, “caudillo”) Pablo Iglesias pretende otorgar un valor normativo. La crisis del Covid-19 le ha dado la oportunidad de plantear los primeros rasgos de ese programa-mínimo-etapa-puente-al-socialismo como, por ejemplo, nacionalizar la energía, otro tipo de empresas y socializar los ahorros, esgrimiendo para ello el artículo 128 de la Constitución.

El colapso del Covid-19 se muestra, así, como la gran oportunidad de Iglesias-Podemos para promover, desde el propio gobierno y desde el propio sistema constitucional, otro colapso, esta vez político económico, cuyo primer paso ha sido el decreto de paralización de la actividad económica por parte de Sánchez, cuyas consecuencias pueden ser fatales para la sociedad española. El magma de esta tremenda crisis político-económica puede, por de pronto, barrer el liderazgo de Sánchez y del PSOE y volver a plantar a Podemos como la alternativa a un eventual gobierno de la derecha, derivado de esta crisis.

Es realmente penoso en lo que se está convirtiendo aquello que vino a llamarse “gobierno de progreso”. Por mucho que fuera deseable la sustitución del gobierno del PP de Mariano Rajoy, la falta de experiencia y de criterio ajustado por parte de Pedro Sánchez está mostrando que no es rival ante un hombre con las ideas claras y la perseverancia implacable de Pablo Iglesias. Desde el principio hemos visto que había no uno sino dos gobiernos. Y lejos de cualquier veleidad de apoltronamiento, la actual crisis permite a Iglesias pisar el acelerador, en vistas a un cataclismo cuya autoría presumiblemente la va a pagar su socio de gobierno.

El modelo, adoptado por Sánchez, de no negociar con los agentes políticos y sociales y emplear el derecho de excepción en su propio provecho político, de tal manera que el gobierno pueda actuar por decreto, sin interferencias y por encima del poder de las comunidades autónomas, es la concreción del ideal bolivariano de Podemos, menos el liderazgo de Sánchez que, por otra parte, como se está viendo, es vulnerable a la presión, el criterio y la personalidad superior de Iglesias. Es por eso que, aquí en Euskadi, la izquierda abertzale asiente a todas esas medidas, reforzando su política de acoso y derribo al gobierno de Urkullu (acusando a este, a la vez, de ser ninguneado por el Estado y de no querer poner en práctica las medidas planteadas por aquel: recordemos que ELA y LAB piden a Denis Itxaso, delegado del Gobierno en la CAPV, medidas para que se cumpla el Real decreto).

Con la legitimidad de que le aporta la “Razón de Estado” que promueve la paralización económica y el próximo colapso, Iglesias y la Izquierda Abertzale sueñan con un marasmo de incertidumbre donde se combinen las ruinas del sistema del 78, del PSOE de Sánchez y de la crisis económico-social. Es ese anhelo lo que hay detrás de su exigencia de paralización. Tras el colapso del Covid-19, la paralización puede traer un nuevo colapso que sea oportunidad de una nueva fase como “etapa puente” al tal anhelado socialismo bolivariano, en versión hispánica, con gran parte del lujo de la miseria y el dirigismo verticalista del original venezolano.

En este artículo hemos tratado únicamente la llegada al poder de Podemos con su agenda social bajo el brazo. Vemos que la crisis del Covid-19 ha trastocado el panorama político, propiciando un escenario donde Pablo Iglesias puede condicionar la política económica del gobierno metiendo al empresariado del Estado en vereda. Hay que tener en cuenta que para el marxismo es una verdad científica que el capitalismo caerá sí o sí. El problema es que no se sabe cuando, pero el líder de Podemos actúa desde la perseverancia que le otorga esa intima convicción ideológica. Desde este punto de vista, Iglesias, que él mismo se consideró en público un “jinete de contradicciones” emplea la crisis para lograr una hegemonía que el reparto de vicepresidencias le negó. Y los hechos demuestran que está ganando la partida al Presidente Sánchez puesto que este gobierno se sitúa en una situación muy precaria, en la antesala de una negociación presupuestaria realmente complicada, tanto en lo que se refiere a la articulación de mayorías en el Congreso como al contenido social que está pactado en el Pacto de gobierno PSOE-Podemos.

Podemos actúa al viejo estilo del clásico agente revolucionario que maniobra en el contexto de los propios condicionamientos del momento político. Una crisis de esta magnitud aparca la agenda política de Podemos para los próximos años con la intención de acometer el asalto y demolición del sistema del 78, por una vía más directa. Esta cuestión la dejaremos para un siguiente artículo. Ahora el Covid-19 lo condiciona todo.

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