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Patriotismo en tiempos de guerra

Mikel Balerdi

La verdad es que no resulta fácil escribir unas líneas sobre la situación que padecemos. Como bien señala hoy mismo (domingo 29 de marzo) en una entrevista, el Diputado Foral de Gipuzkoa, Markel Olano, “no hemos vivido una situación parecida desde la Guerra Civil”, lo que calibra de alguna manera la gravedad de lo que estamos viviendo. Los cimientos sobre los que nos sostenemos como seres humanos parecen sufrir un terremoto como no pensábamos que alguna vez íbamos a vivir. La sensación de extrema vulnerabilidad se hace más cruda que nunca. Pero no podemos olvidar que saldremos, que este país, en tiempos muy difíciles pasados pero recientes, ha demostrado capacidad de sacrificio y de resistencia y no me cabe ninguna duda que superaremos esta crítica situación con la confianza además de que, como colectivo, podremos afrontar más fuertes los retos del futuro. La prioridad actual es resolver la crisis sanitaria y minimizar hasta anular los daños humanos que el Covid-19 está generando en nuestra sociedad y en el mundo entero. Creo también que no hay que perder la oportunidad para transmitir a la sociedad un mensaje positivo y de esperanza y subrayar ciertos actitudes que parece que, en tiempos de emergencia nacional, buscan otros objetivos.

Decía Daniel Innerarity, el 17 de marzo en una entrevista en La Vanguardia que “el valor clave de las instituciones es la confianza” y que “la lógica institucional requiere lealtad y confianza (entre niveles territoriales y entre gobierno y oposición), recursos de los que estamos muy escasos. No los hay porque todos los agentes políticos piensan que esto es una gran oportunidad para obtener algo que no se habría conseguido si no fuera gracias a una gran catástrofe: la recentralización, la alternancia de gobierno…”. Lamentablemente nuestro país no se sitúa al margen de la realidad de la que habla Innenarity. A pesar de los tímidos llamamientos formales de algunos dirigentes de la Izquierda Abertzale en favor de la colaboración política, desde el inicio de la crisis, no han hecho más que cargar contra el lehendakari y contra el EAJ-PNV e intentar poner nuevamente en la “diana” social al empresariado vasco que se mostró tan resistente y comprometido con el País en su historia reciente a pesar de, en muchos casos, sacrificar su vida por ello. Mientra la Izquierda Abertzale muestra esta actitud en la CAV, en Madrid intentan hacer de la contradicción virtud y mientras la semana del 17 de marzo hacían un llamamiento a no acudir por “responsabilidad” al congreso de los diputados, el 25 de marzo participaban en la sesión de aprobación de la ampliación de la prórroga del estado de alarma, donde se abstuvieron siguiendo las indicaciones de ERC habiéndose debatido entre el sí y la abstención. Su posición se basó en la petición de medidas más severas, un cierre total, que no dejaba de ser a falta de concreción (su propuesta ocupaba menos de media página), un acto de abstracción en relación a la realidad económica de la CAV y Navarra.

Recordemos que desde la aprobación del estado de alerta el 14 de marzo que marcaba las medidas de confinamiento más duras de Europa junto con las de Italia, la actividad económica se ha reducido más de un 50% con un sector servicios bajo mínimos o totalmente parado y una actividad industrial planificada para mantener el mínimo de actividad imprescindible, garantizando las medidas de seguridad y reduciendo el número de personas que asisten a sus puestos de trabajo. Partiendo de que no hay verdades absolutas y que, recurriendo a un símil futbolítico, hay mucho experto de VAR (árbitro asistente de vídeo), donde cómodamente se ven claras las “jugadas” a posteriori, el hecho es que afrontamos una realidad muy compleja desde un punto de vista social y económico que exigen respuestas claras, concretas y difíciles. En una economía donde competimos a nivel global, la continuidad de las operaciones (aunque sea reducida a niveles bajos) en la casi totalidad de las economías mundiales y la interrelación entre sectores (decía la ministra de economía del gobierno del estado español, Nadia Calviño el lunes 23 de marzo que “para que un hospital funcione, tiene que funcionar la industria química, la farmacéutica, el textil para fabricar las prendas de los sanitarios, el transporte para que puedan llegar al hospital, el sector alimentario para alimentar a todos”), hace que tengamos que ser muy cuidadosos y concretos con las medidas a tomar que a su vez deben conllevar medidas de contrapeso para que ciertas medidas no supongan, el día después de la crisis, una devastación económica y del estado de bienestar que tanto nos ha costado lograrlo.

Ayer, sábado 28 de marzo, el presidente del gobierno central, Pedro Sánchez, comunicaba la ampliación del estado de alarma, ampliando el cierre a sectores no esenciales. Uno puede estar o no de acuerdo y al margen del caos organizativo y empresarial que ha provocado este anuncio al no permitir ni 24 horas para planificar el cierre (la industria del metal por ejemplo necesita 24/48 horas como mínimo para planificar las operaciones ), el gobierno español en su anuncio ha realizado el ejercicio de inconcreción (pendiente de corregirse antes de su puesta en marcha) que están cometiendo tanto la Izquierda Abertzale como el Partido Popular (que en un ejercicio de esquizofrenia política, también se ha sumado a la crítica política con contradicciones continuas, reclamando y criticando acto seguido la centralización, intentando generar debates falsos sobre la actuación del Gobierno Vasco y pidiendo el cierre económico, aunque con diferencias de criterio entre sus dirigentes, autonomías y apoyos mediáticos, etc). Tanto las medidas anunciadas (parece que corregidas parcialmente el domingo al mediodía) como las que reclamaban la Izquierda Abertzale y la derecha española (con las contradicciones de discurso señaladas y que aflorarán en mayor medida en los próximos días) son en la práctica muy complejas de interpretar y de aplicar en la medida en la que afectan a empresas vinculadas a las denominadas actividades esenciales incluyendo la fabricación de material sanitario (hay muchas empresas de actividades no esenciales que están transformando parte de su actividad para fabricar material médico) y actividades vinculadas a la cadena de valor de sectores básicos como el de la alimentación. No me siento capaz de evaluar la eficacia de las medidas adoptadas ahora y no creo que a la fecha, se tenga información para hacerlo (siendo extremadamente preocupante, en la provincia más industrializada del estado español- Gipuzkoa-, el caso de enfermos ingresados en la UCI -35- no supera las cifras de provincias españolas con actividad prácticamente nula) pero llama la atención los ejercicios de improvisación política, populismo y falta de rigor que estamos contemplando. En tiempos de emergencia nacional donde, en aras a mejorar la coordinación entre todos, se hace más necesario que nunca la unidad y la cooperación entre instituciones, agentes sociales y partidos políticos, hay incluso algunos llamamientos a la confrontación social. El acuerdo se tiene que trasladar a todos los ámbitos sociales y económicos y en el ámbito empresarial cualquier alternativa tiene que abordarse desde el pacto, empresa a empresa y cumpliendo con las normas generales que buscan preservar la seguridad y salud de todos.

Como señalaba anteriormente, desde la Guerra Civil y derivado del drama humano y el miedo que nos inunda, no hemos vivido un shock social, económico y emocional de esta magnitud. Pero también en estos momentos difíciles conviene recordar que Euskadi se encuentra en una situación que nos puede permitir salir de la crisis que nos viene de manera más rápida y con menores impactos sociales y económicos. Recordaré una serie de datos y situaciones que se mencionaron en un anterior artículo sobre los “Retos de la economía vasca” que solo pretenden generar un hilo de positivismo y optimismo futuro.

Tras 80 años sumidos en dolorosas tinieblas que lastraron y limitaron nuestra capacidad creativa y dinamismo con periodos recientes de graves crisis económicas y sociales (principios de los años 80 y 90, crisis financiera del 2008-2014), tenemos una economía y una sociedad mucho mejor preparada para afrontar el reto de reconstrucción que nos tocará hacer frente en los próximos meses. Nuestra tasa de exportaciones es similar a las más altas del mundo con más de la mitad de las exportaciones con un nivel tecnológico medio o alto. El esfuerzo requerido de inversión social y de apoyo al sistema productivo va a adquirir unas dimensiones inimaginables hasta el momento y dadas las políticas de estos últimos años de rigor presupuestario y de inversión social (no han dejado de crecer las inversiones en el estado de bienestar), estamos en una buena posición, con un nivel de endeudamiento relativo bajo con una calificación crediticia al nivel de Francia Reino Unido que nos permitirá acudir a los mercados financieros de una manera menos costosa que otros países, con el consiguiente ahorro y capacidad de invertir en medidas anticlícicas. Tenemos una economía que se ha reinventado varias veces en su historia reciente, con un alto peso industrial equivalente al de Alemania, con menor peso del sector servicios muy afectado por la crisis. Si bien también contamos con sectores económicos que van a salir perjudicados de esta crisis como son el sector de automoción y algunas subindustrias, éstas cuentan con un bajo nivel de endeudamiento y los esfuerzos de las instituciones se deberían basar en apoyar la liquidez de estos sectores hasta que se normalice el nivel de demanda.

Si bien el turismo se verá muy afectado a corto plazo, vamos a seguir siendo un destino atractivo desde un punto de vista turístico lo que nos seguirá dando oportunidades para desarrollar la marca Basque Country y atraer talento. Somos una sociedad cohesionada con estabilidad política, con una de las economías más productivas de Europa. Apenas el 5% de la población mundial tiene más renta que la vasca, somos el cuarto país del mundo en esperanza de vida y tenemos por ejemplo una de las menores tasas de pobreza y de exclusión social comparada con todos los países de la Unión Europea con unos índices de igualdad social destacables. Esta crisis nos tiene que servir para reforzar y habilitar el sistema sanitario de cara a coyunturas similares que pueden venir. Y también para que, el mismo día en que este sistema consiga acoger con garantías a todos los afectados y podamos abandonar el confinamiento, cuando ganemos esta guerra (que vamos a ganar) se inicie a toda máquina la labor de reconstrucción económica y social. Se está mostrando que la solidaridad y la valoración de sectores que están arriesgándolo todo para mantener en pie la sociedad es un activo. Este activo es uno de los factores esenciales con el que tenemos que afrontar el futuro por medio una verdadera “herrigintza” a múltiples niveles. Las instituciones vascas y la comunidad de los vascos, por el bien común, tienen el deber de cohesionarse y en ello, frente a los que en estos momentos pretenden sabotear el esfuerzo y la ilusión que necesitamos, hay que demostrar un patriotismo de medidas prácticas.

Contamos con unas instituciones que llevan 40 años apoyando al sistema productivo vasco y desarrollando y perfeccionando el estado de bienestar vasco a pesar de la situación de partida de quiebra del modelo industrial heredada del franquismo, del acoso especialmente marcado que vivieron los empresarios vascos que no abandonaron su país y siguieron invirtiendo en él y de las tres crisis económicas y sociales especialmente duras vividas en las últimas cuatro décadas, en un contexto de crispación social que no facilitaba la salida de las mismas. Hemos superado muchos obstáculos a lo largo de la historía y éste que estamos sufriendo es uno de ellos. Es el momento de vencer el combate sanitario contra esta pandemia y por ello nuestra confianza colectiva no puede verse resquebrajada. Como nos recordaba el Lehendakari Agirre en el manifiesto de Trucíos en el año 1937, en el momento más difícil en los últimos 150 años en la historia de este país, “el pueblo vasco puede mirar el futuro con ilusión”, “el territorio habrá sido conquistado, el alma del Pueblo Vasco, no; no lo será jamás”. Pues a ello, saldremos, el virus no nos “vencerá” y a diferencia de otros momentos históricos, debemos seguir unidos, sin matices ideológicos o de otra índole. De esto solo salimos todos juntos. Esa es nuestra lección histórica que no podemos olvidar. Lo lograremos. Aurrera Euskadi!

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