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Retos de la economía vasca

Mikel Balerdi

El mundo actualmente está en continua transformación y movimiento. En anteriores épocas de la historia donde las grandes revoluciones y transformaciones económicas duraban siglos enteros ahora mismo es casi imposible prever donde estaremos dentro de una década o dos. Las principales empresas del mundo nacidas fundamentalmente a partir del año 2000, Google, Amazon, Apple, Microsoft, Facebook tienen un valor equivalente al 200% del PIB del estado español, cuarta economía de la zona euro y la mitad que la principal, Alemania, por poner un ejemplo. Y este crecimiento ha sido fundamentalmente en las dos últimas décadas y especialmente en la última. Asia de representar poco más del 15% del PIB mundial en 2000 ahora representa el 34%, creciendo casi 20 puntos.

En 2000 la UE era la zona del mundo con mayor peso en la economía mundial y ha caído más de 10 puntos en 20 años situándose en aproximadamente el 25% de la economía mundial poco más que Estados Unidos que ha caído también 5 puntos. El eje económico mundial se ha trasladado a Asia en dura pugna tecnológica y ahora comercial con Estados Unidos donde Europa ha perdido su posición e influencia sumida en graves crisis políticas en numerosos países.

Parece claro por tanto que vivimos en un mundo de grandes amenazas, riesgos y a la vez oportunidades, donde nada es para siempre y donde, desde una perspectiva positiva y optimista, si somos capaces de hacerlo bien como País, tenemos grandes oportunidades apalancándonos en nuestras fortalezas históricas. De no ser así, los riesgos económicos, sociales y políticos son grandes. Hay problemas estructurales que es necesario afrontar si queremos mantener los niveles de prosperidad y bienestar que ha conseguido la sociedad vasca.

Y ¿cómo afronta Euskadi estos retos? Trataré de dar una serie de datos objetivos que van en un doble sentido aunque remarcando la potencialidad de nuestra economía. Euskadi representa aproximadamente el 0,2% del comercial mundial, lo que nos sitúa en el contexto mundial desde la humildad de nuestro tamaño pero desde la fortaleza de nuestra flexibilidad. Si bien el PIB per cápita de aproximadamente 34.000 euros nos hace ser la comunidad más rica del estado español junto con Madrid y superar la media europea, estamos lejos de los países punteros del mundo como países nórdicos, Estados Unidos o Singapur (pongo este ejemplo por su tamaño y origen y porque se independizó en 1965 con una población menor a la de Cataluña) con más del 50/100% de PIB per cápita que Euskadi, si bien es cierto que en índices de igualdad y desarrollo sostenible, somos una de los países más equilibrados del mundo. Pero no es intención mía, la de dar una imagen negativa, todo lo contrario. Tras 80 años sumidos en dolorosas tinieblas que lastraron y limitaron nuestra capacidad creativa y dinamismo, creo que afrontamos un ciclo histórico, que, si lo aprovechamos adecuadamente, puede dar lugar sin duda a una Euskadi diferente a la que conocemos, pero mejor.

Tenemos una economía con una clara vocación de apertura al exterior con exportaciones (fuera del estado español) que superan el 33% (Alemania país exportador por antonomasia en el mundo exporta casi el 40%). Más de la mitad de las exportaciones tienen un nivel tecnológico medio o alto y el número de empresas exportadoras se ha duplicado desde 2010. En los tiempos actuales donde el nivel de endeudamiento de un país es clave para ser autónomo y adoptar las medidas económicas y sociales necesarias, estamos en una buena posición, con un nivel de endeudamiento relativo bajo con una calificación crediticia doble A, como Francia, Reino Unido, que calificaríamos de notable alto. El tradicional modelo industrial vasco se ha mostrado resistente a la crisis, con un peso industrial sobre el PIB de prácticamente el 25% (30% en Gipuzkoa) vs 12% de España y 27% de Alemania por ejemplo.

Somos flexibles, tenemos alguna compañía referente mundial como Iberdrola, tenemos 30 compañías líderes mundiales “ocultos” en sus nichos industriales respectivos, contamos con un modelo cooperativo pionero y que se ha mostrado exitoso y resistente ante la crisis, somos un destino cada vez más atractivo desde un punto de vista turístico lo que nos da oportunidades para desarrollar la marca Basque Country y atraer talento, somos una sociedad cohesionada con estabilidad política, nuestra economía es de las más productivas de Europa, apenas el 5% de la población mundial tiene más renta que la vasca, somos el cuarto país del mundo en esperanza de vida y tenemos por ejemplo una de las menores tasas de pobreza y de exclusión social comparada con todos los países de la Unión Europea con unos índices de igualdad social destacables. Pero al estar el mundo en permanente cambio, nada permanece inmutable, la economía y la política, los valores, la distribución de la renta y la tecnología, entre otros factores experimentan vertiginosos cambios a los que no estamos acostumbrados por muchas razones, entre otras culturales, sociales y políticas, lo que genera reacciones lógicas de miedo y escepticismo.

Afrontamos por tanto un futuro de riesgos e incertidumbre pero también de oportunidades, como el resto de economías más desarrolladas del mundo, y Euskadi, como país europeo no permanece al margen del fenómeno de desplazamiento que vive Europa en favor principalmente de los países asiáticos. Por otra parte, en 1980 pesábamos el 7,47% de la economía española, ahora el 6,20%. En ese mismo periodo, el PIB español ha crecido alrededor del 280% y el de Euskadi, aproximadamente el 220%, datos que parecen invitar al pesimismo pero conviene recordar que, a inicios de los años 80 en plena convulsión política y violenta, Euskadi en claro declive económico heredera de una estructura industrial obsoleta, tenía que transformarse, esfuerzo que duró hasta mediados de los años 90 donde había que convencer y sobre todo incentivar a los inversores de que Euskadi era un país interesante y supimos crecer durante los siguientes 15 años superando con claridad la media del estado y convergiendo con Europa. Hace 25 años, en el año 94 la tasa de paro era del 25% y ahora es de aproximadamente el 9% por lo que la evolución ha sido muy positiva pero no debemos olvidar los retos pendientes.

Tenemos un buen punto de partida pero no podemos caer en autocomplacencias. La sociedad vasca ha demostrado con creces y durante muchas décadas su carácter emprendedor, dinámico y pragmático, lo que nos ha convertido en un país próspero, pero afrontamos una crisis demográfica sin precedentes, reto que es, en mi opinión, el más difícil de resolver, lo que puede impedir un relevo generacional adecuado. Ello junto con la necesidad de acelerar el proceso de transformación digital y el desarrollo tecnológico, donde no somos un país pionero en tecnologías clave, las veo como las cuestiones clave más complejas para darles respuesta. No tenemos otra alternativa que convertir Euskadi en un centro de tecnología y conocimiento puntero en el mundo y el objetivo es alcanzable pero no es nada fácil.

La tasa de envejecimiento es casi el doble que el índice de juventud, lo que indica un problema que irá a más de largo plazo y difícil de corregir a corto y medio plazo. Asimismo se da la circunstancia paradógica de que anualmente perdemos cientos de jóvenes que no encuentran proyectos profesionales adecuados a su formación y necesitan marcharse a otros países, a la vez que necesitamos anualmente miles de trabajadores, únicamente para reemplazar las bajas por jubilaciones. En este sentido, ya se empieza a notar la escasez de trabajadores en algunos sectores y puestos de trabajo y esta tendencia se agudizará. Esta circunstancia comienza a afectar también al sector público, en concreto a sectores como sanidad y educación que empiezan a vislumbrar grandes problemas para el relevo generacional. El número de personas que estudian FP en Euskadi es claramente insuficiente por lo que se hace necesario desarrollar políticas formativas que permitan a los inmigrantes a integrarse en el mercado laboral vasco y cubrir nuestras necesidades productivas.

Además, si no somos capaces de potenciar los sectores de mayor valor añadido, estaremos abocados a generar empleo con bajos salarios lo que podría empeorar las condiciones familiares y por tanto demográficas. Y el estancamiento o decrecimiento de la población se traduce en menos consumo e inversión y favorece el desplazamiento de los centros de decisión de las empresas, lo que puede incidir en uno de los mayores problemas de la economía vasca, que es el que se encuentra ‘demasiado fragmentada’, con empresas de escasa dimensión lo que impacta en una reducción de las posibilidades de elevar el nivel tecnológico y de retener y atraer el mejor talento de aquí y de fuera de aquí. Y además ahora, Euskadi se tiene que enfrentar a retos que amenazan su futuro en un entorno global cada vez más competitivo, de manera que sin una innovación disruptiva que nos permita dar un salto tecnológico, la economía vasca puede estancarse en sectores de menor valor añadido.

Para ilustrar la situación, Euskadi debería invertir entre 3.000 y 4.000 millones de euros al año en la próxima década si quiere ser referente en innovación en Europa muy lejos de las cifras actuales, que prácticamente se sitúan en menos del 50% del objetivo que nos colocarían a la cabeza del mundo. Pero no podemos permitirnos el lujo de no ser positivos, durante nuestra historia el pueblo vasco ha demostrado capacidad de adaptación y en muchos campos de vanguardia. Estas pinceladas en relación a los retos que afronta la economía vasca y su punto de partida, no deja de ser una llamada al esfuerzo común y una invitación a la reflexión conjunta que nos permita como sociedad conjugar voluntades y afrontar los desafíos futuros de la manera más cohesionada posible. Si vamos en esa línea no dudo de que seguiremos siendo una de las sociedades más prósperas y avanzadas del mundo.

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