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Sobre alardes únicos y paritarios (y III)

Mikel Arriaga (*)

Hemos analizado en los anteriores apartados el enconamiento de dos posturas; una esencialista (Alarde tradicional), y la otra fundamentalista (Alarde mixto). Esto nos lleva a concluir que una parte de la población tiene una visión estrictamente social (y además reivindicativa), la de Jaizkibel Konpainia, con una aplicación de la igualdad hacia el Alarde como si de un derecho administrativo se tratara, o como si fuera la representación social de un estamento público, esto es un error, ya que es un acto ritual y festivo con connotaciones estético-folklóricas. Dejemos de lado pues el tratamiento de este conflicto como si de un problema de género se tratara. Desde un punto de vista, sea estético, folklórico o de representación ritual, no tiene sentido aplicar las connotaciones de género que sí pudieran tenerlas desde el punto de vista únicamente social y reivindicativo. Volvemos pues a lo mismo, no existe una única visión de esta celebración, las aproximaciones son múltiples y variadas.

No obstante, es de extrañar que habiendo una solución positivamente planteada, de facto implementada, y con la experiencia de varios años, no sea igualmente practicada en Hondarribia. Me refiero al caso de Irún. Sospecho que pudiera haber una agenda oculta, esto es, parece probable que otro tipo de intereses ocultos son los que están manteniendo la cerrazón por el Alarde único y paritario, y por la imposición de esta única representación ritual a toda una población, curiosamente contraria a la participación paritaria de este sentimiento. (Por cierto, la postura de Jaizkibel Konpainia tampoco es paritaria, porque hasta la fecha ningún hombre ha desfilado en esta compañía como cantinera). ¿Por qué no una solución respetuosa con ambas partes y opiniones? ¿Por qué no dos Alardes como se plantea en Irún? ¿Dónde está el quid de la cuestión de este nudo gordiano? Personalmente opino que este enquistamiento no es irreversible. Quizá existen intereses de otra índole que no se estén barajando a la hora de la negociación. Sin duda alguna, cada uno deberá analizar qué, cuándo y cómo aporta soluciones para llegar a buen puerto. Pero hay algo más en juego que la paridad, la igualdad o la expresión feminista de una minoría. Lo que está en juego es la libertad de todas las personas del municipio, la cohesión social y la concordia vecinal en Hondarribia.

Está en juego algo más que la libertad de las mujeres para desfilar en el Alarde, es decir, lo que está en juego es la libertad individual de cada uno de poder interpretar y expresar, de poder tener una opinión propia, y la libertad de poder decidir, decir y compartir en comunidad en qué tipo de Alarde se desfila. Más allá de la “cuestión de género”, que verdaderamente no está del todo clara en este asunto, lo que se está poniendo en la cuerda floja es el concepto de la libertad individual. Se está intentando retorcer el concepto de derecho de un colectivo para imponer ese derecho sobre la libertad de otro grupo de personas, en este caso la mayoría. Y todavía llegaremos a ver piruetas y acrobacias semánticas para justificar la imposición de la opinión de unos pocos sobre la de una mayoría. La propuesta de aquellos que propugnan el Alarde único como supuesta solución, no es más que un insulto a la inteligencia y al sentido común. ¿Acaso es lícito suplantar un derecho mediante otro derecho? De ningún modo. Los que proponen el Alarde único, los tolerantes, están practicando la perversión del derecho utilizando la demagogia, oprimiendo e insultando la libertad, la libertad de todos. Quisiera subrayar, que a pesar de no ser un asunto estrictamente de derechos, todos los años escuchamos en boca de muchos, y en los medios de comunicación, la cantinela de siempre: “Los derechos no se votan”. Nunca más lejos, ya que esta es una falacia total. En cualquier lugar del mundo civilizado actual, en cualquier momento, los derechos se regulan, se votan, se mejoran, se cambian, se administran y un largo etcétera.

La reivindicación de la igualdad no puede ser una reivindicación real y justa si no respeta la libertad de cada persona. Y en este caso resulta evidente que se quiere coartar la libertad de mucha gente.

El intento de una de las partes en este problema, la parte que aboga por la -eufemísticamente llamada- integración igualitaria, la parte representada por Jaizkibel Konpainia, en realidad lo que pretende en última instancia es anular y disolver un sentimiento popular de férreas raíces y pétreo anclaje. Para ello, ha planteado últimamente difundir la negociación a diferentes colectivos sociales de Hondarribia “ya que el Alarde es Patrimonio Cultural de todos los hondarribitarras”. Si lo que se pretende es atomizar un sentir mayoritario para facilitar la manipulación, y obtener como conclusión final la suma de opiniones de las diferentes sociedades, propongo algo más limpio y justo como es una consulta popular individual entre todos los censados en Hondarribia. ¿Por qué no se ha aceptado hasta la fecha esta proposición? La respuesta creo que es clara, y además, siguen apareciendo más agendas ocultas (tacticismos y posiciones ambiguas de algunos partidos políticos, etc.).

Dado que se trata de una lucha sectorial con varias décadas de prolongamiento, suele ser habitual que la parte minoritaria, es decir, la que menor apoyo popular tiene en el pueblo del conflicto en cuestión, intente recalar apoyos en caladeros políticos fuera de lo que es su ámbito real, es decir, el de un problema socio-cultural con diferentes interpretaciones antropológicas. Incluso se pretende ir más allá, como en este caso, intentando manipular las decisiones judiciales mediante una presión ejercida por los medios de comunicación, aplicando los conceptos tan en boga hoy día de la corrección política. Esto en ningún caso resulta ni serio, ni cabal, ni mucho menos ayuda a solucionar un conflicto relativamente enquistado que requiere de una visión global antropológica para llegar a una armonía y concordia social.

Sinceramente, podríamos hablar incluso de delirio por parte de Jaizkibel Konpainia si no supiéramos claramente que su fin último es la imposición de su opinión, cueste lo cueste. Por ello, es deber de los poderes públicos facilitar la libertad de expresión de todas las opiniones y expresiones derivadas del sentimiento correspondiente.

La integración igualitaria de dos sentimientos y visiones diferentes es completamente imposible en este caso, por lo que, en favor de la integración social y el respeto mutuo compartido, no conviene hablar de integración en este asunto. La concordia y la armonía en la convivencia dependen del respeto mutuo y de la aceptación de las posturas divergentes. Esta es la única manera de preservar la libertad de la comunidad y de cada individuo, es decir, la asunción con respeto de las dos visiones contrapuestas de una misma comunidad. Cuando una supuesta opción integradora para algún evento o asunto rompe la cohesión social, entonces tiene que ser descartada en aras de la concordia de la comunidad.

La igualdad total, a veces, resulta una quimera imposible de conseguir si no radica en el respeto y en la libertad. Por tanto, ¿por qué la Conserjería de Interior del Gobierno Vasco no plantea y organiza unos horarios para que las dos posturas contrarias en Hondarribia, y su público correspondiente,  no coincidan en el espacio y en el tiempo? Se me hace difícil pensar en la imposibilidad de esta solución por parte de una conserjería con capacidad y por parte de una policía integral como es la Ertzantza. A cinco kilómetros ya lo han aplicado, ¿a qué esperan ustedes? Es derecho del pueblo pedir y exigir que la libertad de toda la ciudadanía sea respetada. En este asunto del Alarde está en juego la libertad de todos y todas, y no la de solo unos pocos.

(*) Profesor e investigador.

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