Aberriberri bloga

Vasco-americanos en las convenciones

Read Time:4 Minute, 29 Second

Iñaki Galdos Amentzerauta blogean (artículo publicado el día 28 de julio de 2016 en el diario Noticias de Gipuzkoa)

Caucus demócrata en Boise, Idaho. Ganó Sanders

Una de las cuestiones que a uno más le ha llamado la atención desde que, allá en 1974, empezó a tener relación con diversos miembros de la comunidad de origen vasco de los Estados Unidos de América, ha sido la gran dificultad de encontrarse con personas que se declaran abiertamente republicanas en aquel país. En efecto, de la misma manera que los simpatizantes demócratas vasco-americanos nos hablan de política con absoluta naturalidad, lo más habitual es que los seguidores republicanos esquiven la conversación, no sin cierta incomodidad. Seguramente no es ajeno a este fenómeno la poca simpatía que se le tiene aquí, en líneas generales, al también conocido como Grand Old Party.

Pero nos equivocaríamos si coligiéramos de ello que la adscripción mayoritaria de aquella comunidad es demócrata. Más bien al contrario, existe un amplio consenso al señalar que históricamente los vasco-americanos han sido republicanos. Y múltiples factores explican tal circunstancia. Por una parte, el hecho evidente que el origen de la emigración vasca ha sido fundamentalmente una sociedad conservadora que sintonizaba mejor con los valores republicanos. Por otra parte, tal y como cuentan John y Mark Bieter en su libro An Enduring Legacy, al tratarse de una comunidad decidida a volver cuanto antes con dinero, esta no se encontraba excesivamente interesada en la agenda que desde el campo demócrata se estaba proponiendo en aquella época. Por último, tal y como cuenta William A. Douglass, la ley sobre el pastoreo de 1934 llamada Taylor Grazing Act significó el final del pastoreo itinerante de muchos vascos y el comienzo de una nueva era con la constitución de ranchos en propiedad y negocios, con todo lo que ello conlleva en la constitución de una mentalidad más acorde a la ideología republicana.

Es en ese contexto en el que se forjaron varios liderazgos políticos entre la segunda generación de la emigración vasca de los EEUU. Nos referimos a personalidades como Paul Laxalt, exgobernador de Nevada, exsenador, expresidente nacional del partido, incluso con breve carrera por la presidencia en 1988. Conocido durante muchos años en Washington como first friend por su cercanía a Reagan, políticos vascos como el lehendakari Ardanza pueden dar fe de su capacidad de influencia en la política estadounidense de finales del siglo pasado. También republicano aunque algo más heterodoxo –cuenta en su historial con apoyos a presidenciables y otros políticos demócratas- era Pete Cenarruza, influyente Secretario de Estado de Idaho durante más de tres décadas, cuya trayectoria a favor de la causa del pueblo vasco ha sido reconocida entre nosotros. Cenarruza fue sustituido por otro republicano de ascendencia vasca, Ben Ysursa.

Cada uno a su manera, Laxalt y Cenarruza representaron en gran medida durante largos años a una comunidad vasco-americana que los veía con orgullo y que manifestaba su natural inclinación republicana, no sé si con altivez, pero sí sin el apocamiento actual al que he hecho referencia al inicio de estas líneas. Prueba de ello, los carteles y pins que poblaron ranchos, casas y prendas con la inscripción Basques for Reagan and Bush de las elecciones de 1980.

Tengo para mí que en otras circunstancias (Laxalt tiene 94 años y Cenarruza falleció en 2013), ambos hubieran engrosado la extensa lista de ilustres ausentes en la reciente convención republicana celebrada en Cleveland, ya que su republicanismo clásico –describámoslo así- poco tiene que ver con el que ahora se estila en aquellos lares. Así las cosas, la representación vasco-americana en la citada convención estuvo reducida a Adam Laxalt, nieto de Paul y fiscal general de Nevada desde 2014, tras una reñidísima votación. Ciertamente este Laxalt, que regresó a Nevada hace tres años para hacer carrera política y apoyó a Cruz en las primarias, poco tiene que ver con su abuelo, ni como político ni como referente de la comunidad vasca.

Cuestión diferente es lo que sucede en el bando demócrata, con tres líderes emergentes de ascendencia vasca bien posicionados. Rafael Anchia como miembro de la cámara de representantes de Texas, John Garamendi como congresista por California en Washington y David Bieter como alcalde de Boise, representan un brote de optimismo para quienes siempre han valorado la importancia de tejer complicidades desde Euskadi con los políticos de origen vasco de los EEUU, amén de otros de origen no vasco pero muy amigos de nuestro pueblo como Cecil D. Andrus. Se da la feliz circunstancia además de que, como antaño aquellos republicanos, estos tres demócratas siguen con gran interés todo lo que aquí acontece, tal y como nos recordó el propio Andoni Ortuzar desde la convención demócrata de Filadelfia.

Parece evidente que con las nuevas generaciones, en la comunidad de origen vasco de los EEUU se ha producido cierto deslizamiento hacia los demócratas, pero no creo que se trate de un vuelco. Además, como en su día dijo Joseba Zulaika, un votante republicano vasco-americano se parece bastante a un votante demócrata vasco-americano. A veces este tipo de circunstancias se producen por casualidad, pero el dato objetivo es que, a día de hoy, los referentes políticos vasco-americanos han estado en la convención de Filadelfia y no en la de Cleveland. Depende de nuestras instituciones y partidos que sepamos aprovechar su buen hacer, su pasión por lo vasco.

Salir de la versión móvil