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Un 5 de marzo de 1949

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Jose Manuel Bujanda Arizmendi

“El auténtico valor no consiste en causar daño al enemigo, sino en estar dispuesto a sufrir el daño que él nos causa”.
Lauaxeta

El Pueblo Vasco es, cuantitativamente en tamaño, ciertamente pequeño y en la defensa de nuestra voluntad e identidad de querer seguir siendo, siempre hemos necesitado inteligencia, astucia, sabiduría, pacto y negociación. Hemos sido un pueblo abierto y solidario. Y ante la imposición, el fascismo y las dictaduras hemos siempre apostado por la democracia, la libertad y el autogobierno. Pienso que los vascos y las vascas, que Euskadi, que la sociedad vasca tiene derecho a decidir y que ese decidir pasa hoy por negociarlo y pactarlo con instancias jurídicas y marcos políticos superiores vigentes, pienso que pasa por negociar y pactar, pienso que pasa por no imponer ni impedir, por ser inteligentes, por tener visión de futuro en la Europa del siglo XXI, pienso que pasa por lograr un vigoroso y amplio acuerdo político entre diferentes.

La necesaria inteligencia del pequeño, que aspira a poder seguir siendo, se concreta hoy y aquí, en un futuro negociado y pactado con España, en la libre adhesión y por lo tanto en la relación amable. Creo por ello que el derecho a decidir pasa por nuestra capacidad inteligente de negociar, pasa por la necesidad de pactar y pasa por  la astucia de integrar. Euskadi es plural. Hay que actuar en consecuencia, hay que pactar en consecuencia, hay que liderar en consecuencia. Y por eso precisamente, hoy y aquí, estoy convencido de que el pacto interno en el seno sociedad vasca  y el posterior pacto con España son a día de hoy las vías políticas posibles en el  objetivo de hacer de Euskadi cada vez más nación cívica autogobernada. Es más, son las únicas vías posibles y razonables de labrar el mañana. Labrar cada vez más patria vasca, labrar cada vez nación vasca más abierta, más solidaria y justa. Una patria de hombres y mujeres más libres. Creo, en los pactos recíprocos y garantistas, creo y apuesto en negociaciones que implican bilateralidad efectiva, garantías, condiciones de lealtad y respeto a nuestra identidad como vascos que somos y que queremos seguir siendo en el concierto europeo y mundial. Sin ser más que nadie, sin ser menos que nadie. Creo por lo tanto en un pacto que obliga al acuerdo, a la cooperación, al reconocimiento mutuo, al sentido común, apuesto por la firmeza y claridad de  las ideas y de los principios. Quiero estar con los pies en la tierra. Inteligentemente.

Estoy en el convencimiento de que el reconocimiento del derecho a decidir de Euskadi, el compromiso mutuamente adquirido a ejercer este derecho por la vía del pacto y el principio de consentimiento de que esta decisión debe integrar las distintas sensibilidades existentes en Euskadi son la llave que posibilitará una nueva etapa para los vascos y las vascas. Apuesto por la factibilidad de la política, apuesto por el pragmatismo y el posibilismo responsable, apuesto por la gestión entendida como construcción nacional y respuesta a los hombres y mujeres que viven y trabajan en Euskadi, hayan nacido donde hayan nacido, piensen como piensen y se consideren como se consideren. Reniego de la literatura política ideológica y preciosista, barroca y hueca cara al futuro. Sé de la pluralidad ideológica, identitaria e institucional de nuestra historia y de nuestra cultura, y soy consciente que probablemente así seguirá en el futuro. Sé que ello no es un posible peligro, ni amenaza, ni renuncia alguna a nuestro proyecto político propio como nacionalistas vascos de lograr la Burujabetza para Euskadi en el marco de un Zazpiak Bat del siglo XXI, moderno y posible. Convencido sí en ganar un futuro mejor por el que habrá valido la pena comprometerse honestamente con aciertos y errores incluidos.

No es fácil adivinar qué nos deparará el futuro a los que sí creemos que sí existe el Pueblo Vasco y que tiene derecho a dibujar su presente y su futuro. Seguiremos pues anudando nuevos eslabones en la historia de Euskadi y continuaremos apelando a la democracia, porque los límites de los ámbitos de decisión vasco y español, la concepción de la España plurinacional y la identidad territorial se colocan en el nudo gordiano de la sima política de los desencuentros. ¿Alguien cree realmente poder resolver el conflicto vasco con el Estado y plantear reconducir el desencaje institucional en el entramado constitucional del Estado, ignorando de pleno la voz de la ciudadanía vasca? Y algo debe de quedar claro, hay un conflicto político de calado sin resolver, pero que sí puede encontrar vías de soluciones compartidas, esto es con el respeto a la voluntad de la ciudadanía vasca, es el no impedir y el no imponer, y viceversa, ni aquí ni allá. Negociación pues, pacto y bilateralidad.

Hoy, hace ya 77 años, un 5 de marzo de 1.949, a diez años de finalizar la cruel guerra civil, en plena dictadura franquista y por lo tanto en la más plena de las oscuridades en cuanto a derechos fundamentales, autogobierno y libertades se refiere, el EBB del PNV emitió una declaración política, de la cual, el que esto subscribe, ha entresacado a modo de ejemplo uno de los párrafos más significativos: ”El PNV proclama el derecho del Pueblo Vasco a expresar libremente su voluntad y a que su decisión sea considerada como la única fuente jurídica de su estatus político. Lo que entraña el deber correlativo de respetar esa voluntad”. Pues eso.

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