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El silencio musulmán

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Gabriel Otalora

A un lado de la cuerda, estiran con fuerza los que pretextan el Corán como solución global a base de imponer la violencia con fines muy poco religiosos. Al otro, los fundamentalistas coránicos que no han salido del primitivismo religioso, fiándolo todo a las formas, los ritos y a su tradición, sin discutirla ni interpretarla. En medio queda la mayoría, millones de musulmanes, la mayoría sencillos y con buena voluntad, que tratan de vivir su fe conforme a la religión del Corán y su principal Profeta. La cuarta pata del banco son las potencias occidentales que juegan con la geoestratégica sin calibrar las consecuencias.

A pesar del simplismo al que acabo de reducir una realidad tan compleja, creo que sirve para situar el problema en parámetros que no se pueden soslayar por más tiempo. A estas alturas, creo que es una necesidad imperiosa interpretar la literalidad del Corán por parte de los musulmanes, a la vista del fundamentalismo y su fácil manipulación a nada que se manifieste la pobreza y la exclusión social, en Occidente y allí, en los países musulmanes orientales. Es que tienen miedo, nos dirán… Los verdaderos mártires de cualquier religión que se precie, son aquellos que han antepuesto la Verdad para liberarla, y de paso abrir las puertas de la experiencia religiosa libre a su pueblo. Hubo un tiempo histórico de tolerancia religiosa y erudición musulmana cuando los cruzados cristianos eran más burros e irracionales. No hay que olvidar tampoco que el primer fundamentalismo nació en los protestantes norteamericanos con su literalidad a veces infantil del Antiguo Testamento; no es musulmán. Una gran religión como es el islam, con tantas suras apelando en el Corán al Dios misericordioso, se merece que pueda experimentarse en su mejor versión.

Con la misma claridad, creo también que el propio mundo musulmán, el grueso de sus fieles que aumentan año a año sobrepasando ya los quince millones en Europa, deben manifestarse de una vez en público, por la calle, rechazando estos horribles crímenes terroristas en nombre de Alá. Su silencio es comprensible en parte por miedo, pero no es suficiente razón para la indefinición pública de tantísimas personas. Más si cabe, cuando no son comunidades homogéneas ya que proceden países tan diferentes como Marruecos, Turquía o Pakistán.

Las cosas han llegado a un punto en que la comunidad musulmana en Europa, debe dar un paso al frente con el objetivo doble de visualizar al islam mayoritario frente a quienes no entienden más que del terror y desacreditan ferozmente a la noble causa religiosa de Mahoma. Y de que admiremos su valentía soportada en su fe, en solidaridad con quienes les acogieron a ellos y a quienes antes que ellos vinieron a vivir a Occidente buscando lo que no existía en sus países de origen: libertad y posibilidades de una vida mejor sin exigirles que se asimilen a nuestra cultura, respetando sus convicciones de vida que a los occidentales no se nos respetan allí (es sangrante el martirio continuo ¡y poco denunciado! de cristianos en muchos países musulmanes de Africa y Oriente). Y que algunos tienen muchas de que tampoco sean respetadas aquí.

Los cristianos, en fin, tampoco debemos claudicar ante la indiferencia ni caer en la tentación de demonizar a una religión por los horrores de unos pocos. La historia nos muestra demasiados episodios de sangre en nombre de Dios, de unos y de los otros. Ya es hora de que nos volquemos, cristianos y musulmanes, en las prácticas de amor, al menos en sus estadios más primarios de respeto, denuncia de los fundamentalismos violentos y ayuda mutua, como el único lugar en el que podemos ser reconocibles como bandera de esperanza en un mundo mejor. No demos más bazas a los hijos de las tinieblas, que se frotan las manos con las graves inconsecuencias de los hijos de la luz, por acción y por omisión.

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