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Tres en Uno

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Joseba Kortadi

1. De acuerdo con la ley de la contradicción, en el seno de todas las cosas existe una lucha que provoca su transformación o desarrollo interno. La lucha es permanente, luego no cabe la síntesis entre los opuestos. No por supuesto entre los contrarios enemigos, pero tampoco en la relación entre los amigos.

Esta ley de la contradicción será objeto principal de las corrientes filosóficas revolucionarias. Por ello, para revolucionarios como Lenin, el materialismo dialéctico consiste precisamente en “el estudio de la contradicción dentro de la esencia misma de las cosas”. La pugna filosófica entre Mao y Yang Hsien Chen (1964-1965) evidenció el principio de la ausencia de síntesis en toda contradicción. Con el telón de fondo del conflicto chino-soviético, la lucha ideológica se manifiesta como negación (“el elemento más importante de la dialéctica”, diría Lenin) unificadora para afianzar el frente contra el imperialismo norteamericano. El ‘Dos se combinan en Uno’ de Yang decae frente al ‘Uno se divide en Dos’ de Mao. Es el choque entre la dialéctica revolucionaria y la antidialéctica. Únicamente cabe combinar el Uno y el Dos; es decir, la Unidad y la División. La clave del comportamiento del movimiento revolucionario se definiría así por las tres ideas de Unidad-División y Combinación aplicadas a la lucha efectiva. El ‘Tres se combinan en Uno’. Antón Irala pone esta polémica como ejemplo de la centralidad del estudio del materialismo dialéctico para el desarrollo de la lucha ideológica.

2. ¿A cuenta de qué vienen los párrafos precedentes? Pues bien, vienen a tratar de desentrañar que es lo que sucede en el interior del MLNV, con motivo de las modificaciones estratégicas y organizacionales que se han realizado en este movimiento a partir del debate de Bateragune. Digamos que algunos sectores siguen sosteniendo que ‘todo es ETA’, y que todas las expresiones y actividades de la izquierda abertzale lo son, ya que todas ellas forman parte de un bloque unido, señalando finalmente que de esa unidad participan desde el nuevo partido Sortu hasta el frente unido que éste ha promovido, EH Bildu. Otros, por el contrario, se apoyan en la crítica que estos últimos –partido y coalición- han realizado a algunas acciones de colectivos de calle para afirmar que algunos sectores del viejo MLNV ya no están en la estrategia de la izquierda abertzale, que se hallaría por consiguiente dividida. Entonces, ¿hacia dónde apunta el movimiento revolucionario vasco? ¿Es unidad o es división lo que prevalece en su seno?

3. No cabe duda que en un mundo que, como el de ETA, ha querido y quiere funcionar de completo acuerdo con la dialéctica revolucionaria lo congruente sería encontrar múltiples contradicciones internas. Durante años, sin embargo, el gran protagonismo de la lucha armada ha eclipsado el examen de las relaciones, de identidad y lucha, entre las fuerzas diversas que operan en el interior del MLNV. Es indiscutible el potencial cohesionador que ha otorgado a la organización violenta su carácter de ‘acontecimiento fundador’  del movimiento revolucionario vasco. Y más allá del poder simbólico asociado a ETA por aquella legitimidad fundacional, la izquierda abertzale siempre ha dispuesto de estructuras dirigentes complementarias para gestionar con cierta eficacia sus contradicciones internas y disciplinar formalmente el movimiento, tanto en el ámbito ideológico como en el orgánico. Nunca ha confiado su suerte a la mera unidad de acción de sus múltiples organismos y ha buscado además afianzar una unidad formal, a través de una dirección compacta, fuera KAS o Ekin.

De ahí que, al margen de las escisiones producidas durante la última etapa del franquismo, el movimiento haya exteriorizado un aspecto de unidad monolítica político-militar, más expuesta y visible ante el enemigo de lo que sería una organización más informal. Esto, por esta razón, le ha resultado muy perjudicial ante la dimensión, que el MLNV no había previsto, que ha adquirido la gran acometida antiterrorista del estado a partir del inicio de este siglo. Con un resultado frustrante para la izquierda abertzale, ya que las operaciones estatales fueron ejecutadas ante la mirada impasible de la gran mayoría social vasca, a la vez que entre sus propios seguidores se iba produciendo una desafección cada vez mayor con la violencia. Lo que podría llevar a concluir que los revolucionarios vascos habrían renunciado a desplegar el potencial de desorientación y camuflaje inherente a un ‘Uno’ más versátil – aunque parezca formalmente dividido, estrechamente unido en la lucha-, acorde con la enunciación maoísta del ‘Uno se divide en Dos’, recurriendo a la fórmula del partido que actúa fuera del partido. En fin, un fracaso. El coste final por haber usado una fórmula monolítica de organización ha sido el de tener que amortizar unilateralmente la lucha armada, con la erosión que este hecho puede suponer para la legitimidad retrospectiva del relato del ‘acontecimiento fundador’ (ETA).

4. Ahora bien, sería un error que la lectura de la nueva estrategia de la izquierda abertzale se realizara sin tener en cuenta que ésta busca corregir sus desaciertos a la luz de esta experiencia práctica e intenta anticiparse a la reacción que sus enemigos puedan tener en el presente y en el futuro. Error de lectura, no obstante, del que existen dos expresiones principales.

“Siguen vigentes los principios revolucionarios de Mao, que condensó en su famosa, pero poco analizada y comprendida, consigna de “Uno se divide en dos”. Y cuando les conviene tácticamente siguen el principio contrario: “Dos se combinan en uno”. Es decir, que tan terroristas son los encapuchados que empuñan las armas como los militantes de esas organizaciones que realizan actividades políticas en plena comunión con los terroristas.”

5. Desde el documento Bateragune, los ámbitos primordiales de intervención del MLNV son la lucha institucional, la lucha de masas y la lucha ideológica. Desde esta delimitación de esferas de acción cabe apuntar dos cosas. Primero, que las contradicciones entre estas formas de lucha son algo inevitable y se corresponden con la distinta experiencia (y visión de las cosas) que se adquiere y se desarrolla en esos diferentes ámbitos de militancia (institucional, ideológica, de masas,…). De entre todas, siendo la actividad institucional la más frágil para los intereses revolucionarios debido a que se desenvuelve en el espacio más propicio para el enemigo, es casi natural que sea la más criticada dentro de ese movimiento.

Segundo, que es revelador que actualmente se signifique la gran importancia de la ‘lucha ideológica’  en esa nueva triada de frentes abiertos para la nueva fase estratégica. Prevalece el estudio del materialismo dialéctico como eficaz método de reflexión y de crítica (lo que conlleva la aparición de contradicciones), pero también de cohesión, orientado ‘hacia una praxis revolucionaria (de clase) que sea el norte de la militancia’, a cuyo servicio se impulsaría una ‘teoría marxista vasca’  (Txinaurri Gorria). De la acción ideológica, que sustituye a la lucha armada como elemento de referencia, se espera además una mayor contribución a la construcción del proyecto estratégico socialista que la que podía proporcionar la actividad armada, aunque ésta fuera mejor referente del carácter antagónico de las fuerzas enfrentadas.

6. En este contexto, la actividad de la izquierda revolucionaria vasca viene definida por la ley de la unidad de contrarios. Tan erróneo y unilateral es ver al MLNV solo como una Unidad, como verlo solo como un múltiple en trance de División. Pero, ésta conclusión tiene consecuencias prácticas muy concretas que influyen en las posiciones políticas que pueden adoptar otras formaciones políticas respecto al mundo revolucionario vasco. De esta manera, el señalar que ‘todo es Uno (ETA)’, que todo el movimiento se presenta en un bloque inseparable, lleva normalmente al error de confrontarlo de manera análoga, bloque contra bloque, creando un frentismo que la mayoría social desearía evitar. Los que solo perciben ‘división’ en la IA (por un lado ‘los que están en la estrategia’ y, por otro, ‘los que están al margen de la estrategia’) y se apuntan a alianzas bajo la dirección hegemónica de Sortu, muestran una ingenuidad política que puede ser muy provechosa para estos últimos que buscan, siempre de acuerdo con su cosmovisión dialéctica, aglutinar esos apoyos para alinear (y fracturar) a la sociedad a un lado y a otro del eje de conflicto Euskadi-estado.

La visión acertada exige fijarse tanto en los factores de Unidad y como de División que actúan o influyen en el actual devenir del movimiento revolucionario vasco, observando asimismo cómo opera la Combinación de esos mismos factores. Unidad-División y Combinación, completan de esta manera la triada (el Tres que se combina en el Uno) que se pone al servicio de la unidad en la acción revolucionaria contra el enemigo principal. Unidos o divididos, incluso unidos y divididos, las distintas fuerzas (políticas, electoral-institucionales, de masas, sindicales,…) del movimiento no dejan de combinarse en una matriz de relaciones más o menos complejas para luchar juntas. “Marchar separados, golpear juntos”, era uno de los eslóganes preferidos del leninismo.

Las utilidades de una comprensión holística de esta planificación dialéctica son evidentes. Acceder a ella nos ayudará a evitar la guerra de trincheras, el frentismo político que termina arruinando el país en todas sus dimensiones. Y nos facilitará abrir espacios de transversalidad social en los que se podrán desplegar acciones de cooperación que no excluyan a nadie. A la vez, finalmente, podremos desactivar con suficiente anticipación las tentativas de regreso a una violencia política que todavía no ha desaparecido del todo.

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