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El debate Silveira-Urrusolo

Imanol Lizarralde

Históricamente las polémicas de los revolucionarios han sido un asunto desagradable. Recordemos a Trotsky fulminando al pobre Kautsky, porque quería una revolución en la que no corrieran ríos de sangre. Evoquemos la correspondencia entre Marx y Engels poniendo a caldo a Lassalle, el verdadero creador de movimiento obrero alemán. Tenemos también la respuesta, cara a cara, de Lenin a Valentinov, “todo el que se aparta del marxismo es enemigo mío. Y a los filisteos ni les saludo ni me siento a la mesa con ellos”. El propio Mao desposeyó de los cargos más altos del Comité Central a sus antiguos amigos Liu Shao Chi y Chen Boda, los arrastró por el suelo lleno de piedras de las sesiones de autocrítica, para luego deshacerse de ellos. Bajo el ejemplo del radiante sol de la Revolución Cultural, el filósofo Alain Badiou denunció a su maestro Althusser, como “arrogante, idealista, irresponsable, hipócrita y metafísico”. En Euskadi, el MLNV ha conseguido importar los comportamientos y el ejemplo lo tenemos el pasado agosto, en la disputa habida entre el bertsolari Xabier Silveira (“Estilo Faluya”, Gara 2013-08-02, y “Avtomat Kaláshnikova 1947”, Gara 2013-08-16, ) y el preso de ETA Joseba Urrusolo Sistiaga (“Silveira se va a la guerra”, Gara 2013-08-09) (.

Nos encontramos ante una polémica interna del MLNV, ya que ambos contendientes se ubican y utilizan las categorías típicas de este movimiento. ¿Cuál es el tema? El bertsolari Silveira nos lo proclama a ritmo rapero:

“Hay unos chavales, hijos de puta profesionales, que me molan como nadie; son los que gritan socialismo o barbarie. Son metralleta en letra, son los que dicen «terrorismo no es ETA, es Belén Esteban enseñando las tetas». Son Los Chikos del Maíz, a veces Riot Propaganda. Obviamente no, no son de Euskal Herria, si no habrían sido declarados no gratos en “Berria”.

Empezando del título del artículo (“Al estilo Faluya”, escenario en Irak de una floreciente guerrilla urbana), Silveira nos regala con un peán a la violencia revolucionaria-juvenista, salpicado por la nostalgia,  “Renunciamos a la lucha armada ¿Para qué? ¿Para continuar la lucha haciendo nada? ¿Lucha institucional? ¡La diputación solo sirve para almacenar amonal!”. En esta línea de cosas, Silveira nos recuerda la alienación de las masas y la soledad de los elegidos (“Despidos masivos, recortes sin sentido, pero pueblo que agacha la cabeza se lo tiene merecido”) y finaliza haciendo una reivindicación del fúsil kalashnikov. Quizá este texto hubiera pasado como una simple efusión de radicalidad si no se hiciera una alusión (“Lo dice GARA, ahora todos somos Urrusolo Sistiaga”) que da pie a la respuesta del mencionado. Este afea la crítica de Silveira hacia Bildu:

“Esta vez, critica a Bildu y para ello recoge una frase de una pintada, «Bildu españolen morroi» (Bildu criado de los españoles). Se queja porque «renunciamos a la lucha armada». Pero si Silveira se ha pasado la vida evitando practicarla y viviendo solo en y del folklore que ha rodeado a la lucha armada. Con ese aire de radicalidad de taberna que solo es posible mantener, evitando a la vez implicarse, a base de tener la cara suficiente para hacerlo. ¿Por qué le preocupa ahora que ETA renuncie si él ya renunció a practicarla?”.

El argumento deriva en una acusación ad hominem, marcando la equivalencia con el modo con que Silveira utiliza a Urrusolo Sistiaga como expresión de una categoría humana, la de los “renegados” del MLNV. Urrusolo remacha: “No critiques solo a Bildu, que tú bien sabes, y no haría falta recordarte, que quien ha dicho que dejaba la lucha armada ha sido ETA y el Colectivo de presos lo ha apoyado sin que ninguno se haya salido de la línea oficial. Así que tus críticas tenían que haber ido dirigidas a ellos y no tanto a Bildu”. Acusa así a Silveira de una doble cobardía, de hacer apología de la lucha armada sin practicarla cuando tuvo oportunidad, y de criticar a Bildu por ello cuando la responsabilidad del cese es de ETA, a la que no se atreve a criticar.

Silveira inicia su contrarreplica con una afirmación problemática, “el que busque en estas líneas una respuesta a Urrusolo Sistiaga que deje de leer” ya que a renglón seguido desea la muerte de su ignorado interlocutor: “Mejor que, como yo soy un cobarde, se encarguen de él mis amigos de Medellín; allí saben bien cómo tratar a quien deja a sus compañeros en la estacada”. Y es que pese a su afirmación inicial, sigue aludiendo a aquel:

“Según él, “glorificar la lucha armada y no practicarla tiene tela”. Y lo dice él, que canta “quien siembra miseria que recoja bombas lapa”; o “yo sueño todas las noches con volar la Moncloa”. Si en vez de leer el Libro Rojo de Mao hubiera leído la autobiografía política de Argala, estaría posiblemente más capacitado para opinar sobre temas que veo que desconoce por completo”.

La contraposición entre Mao Zedong y Argala si que tiene tela, ya que es como decir a un jeltzale “si hubieras leído a José Antonio Agirre en vez de a Manuel de Irujo…”. El propio Argala, si estuviera vivo, le podría explicar que el concepto del “nacionalismo revolucionario”, concretado en la V Asamblea de ETA, del que se deriva el de “independencia y socialismo”, no hubiera sido posible sin la conjunción teórico práctica entre nacionalismo y socialismo/comunismo realizada por Mao. Apremiado por la acusación ad hominem, Silveira dice desvelar, en esta contrarreplica, sus verdaderas intenciones: “Quien haya querido ver en aquel Jo Puntua el deseo de volver a empuñar las armas no ha entendido nada”. Para, a continuación, añadir:

“El fusil de asalto AK-47 es todo un símbolo de lucha antiimperialista, tanto que, por ejemplo, su silueta compone, entre otras, la bandera de Mozambique en agradecimiento a su labor en la consecución de la independencia respecto del yugo portugués. Hasta Pérez Reverte lo sabe: “El Kaláshnikov, arma de los pobres y los oprimidos, quedó como símbolo del mundo que pudo ser y no fue”. Pero para los que creemos que otro mundo es posible, siempre hay más opciones”.

Va a resultar que su petición de fusiles de asalto no es más que agitar un “símbolo” de la lucha contra el imperialismo y de otro mundo posible, adobado con la opinión positiva acerca del mismo de Pérez Reverte, en un alarde de internacionalismo que encuentra en el escritor cartagenero un aliado inesperado –con el que le une la admiración por las conflagraciones. Llegados aquí, la pregunta es entonces, ¿qué es lo que nos quería decir Silveira con todas esas alusiones a rebeliones sangrientas?

“Arma es la herramienta con la que se lucha, bien pueden ser la palabra, o el silencio, dos armas letales. No pido balas, pido lucha. Pido poder luchar y que para ello se creen y fomenten métodos de confrontación con los estados. El principal objetivo del artículo era generar de inmediato el debate entre quienes conformamos el movimiento independentista y socialista de Euskal Herria para cuanto antes hallar entre todos caminos que nos saquen de esta situación de parálisis, pues es esta nuestra única oportunidad de que generaciones posteriores no tengan que volver a la vorágine de sufrimiento y dolor que supone la lucha armada. Y muchos vemos que se lo estamos poniendo más difícil cada día”.

De esta manera, el “rebelde” Silveira se nos muestra ahora como el más estricto ortodoxo de la línea oficial del MLNV, que aboga por la “lucha” a secas, por “métodos de confrontación con los estados”, para sacarnos de la “parálisis” en la que se encuentra el movimiento, (que, por ahora, no hace moverse las cosas), con la sana intención de que “generaciones posteriores no tengan que volver a la vorágine de sufrimiento y dolor que supone la lucha armada”. Pero, ¿qué hay de la acusación de “cobardía” que reluce en la respuesta de Urrusolo? Eso lo resuelve Silveira con una cita de Argala:

“Se grita ETA herria zurekin (ETA, el pueblo -está- contigo) y yo no creo que ese grito sea negativo en la medida en que con ello no se trate de que ETA solucione los problemas de todos. Que evidentemente no puede solucionarlos. Este grito es positivo en tanto que sirve para que los militantes de ETA vean que gran parte del pueblo está con ella y comparte sus objetivos, que no están solos”.

Silveira quiere, así, mostrar a los militantes de ETA, “qué no están solos” y que mientras ellos luchan en las cárceles o pululan por el mundo manteniendo la organización, otros militantes del MLNV, en otros frentes de lucha –por ejemplo, el propio Silveira en el frente bertsolarístico-cultural, en las propias tabernas- militan por los mismos objetivos e incluso glorifican sus hazañas así como cantan el imaginario revolucionario, pleno de insurrecciones, masacres y héroes encarcelados o clandestinos.

¿Cuál es la conclusión que podemos sacar de esta polémica? Desde el punto de vista humano, que la cordialidad y la fraternidad no son ingredientes habituales en el intercambio de ideas dentro del MLNV. En cualquier momento se puede recurrir a las calificaciones de “renegado”, “traidor”, “liquidacionista” que tantas veces hemos escuchado o visto escritas a lo largo de la historia del MLNV o del propio relato de las revoluciones. Como dice Beltza, la revolución no es una fiesta, sino una tragedia. Una tragedia de la que pende la vida de cada uno de los que participan en ella, incluso cuando se trata de un intercambio de ideas entre miembros del mismo grupo.

Desde el punto de vista político, vemos que el MLNV sigue formulando su estrategia y su ideología en los términos bélicos de amigos/enemigos, confrontación, etc, de la que se derivó el ejercicio de la lucha armada. Silveira pone el dedo en la llaga en una cuestión muy importante, referida al debate interno: la activación social, la acción política y de masas tiene que hacer “mover” las cosas más que la propia lucha armada. Si no, en pura lógica revolucionaria, resultaría inevitable el recurso de este instrumento. Se ve que todavía no ha sonado la hora del desarme mental y es muy dudoso que lleguemos a ello. Ya que los que sueñan con “otro mundo posible”, conforman su sueño con fúsiles de asalto con la intención de que Euskadi florezca como otra Faluya.

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