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Liderazgo político y cuentas públicas vascas

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Joxan Rekondo

1. El debate sobre los presupuestos con los que nuestras instituciones abordarán el año 2013 se está desarrollando en medio de unas circunstancias no muy normales. Habitualmente, el año presupuestario se inicia con las cuentas aprobadas. Así resultó también en el pasado 2012. La anomalía del 2013 causa sorpresa porque las relaciones de poder de los órganos forales no han cambiado. Sin embargo, los presupuestos de los mismos (exceptuando Gipuzkoa) han tenido un recorrido lento y dificultoso.

Esta anomalía proviene de dos causas. Una es, por supuesto, manifestación del largo periodo de confrontación (2009-2012) que ha resabiado las relaciones entre partidos antes más proclives al entendimiento de tal modo que ahora éstos se mueven en un círculo vicioso de acritud y mutuo desafío. No hay todavía nuevo tiempo, por mucho que a él se apele. La segunda causa deriva de la primera. Tras las elecciones del 25-O, hay un nuevo Parlamento y un nuevo Gobierno en Euskadi. A este nuevo Gobierno, al que todos le tienen ganas, no le favorece la aritmética parlamentaria. Y, aunque parezca mentira, en el arduo trámite de las cuentas forales se ha reflejado la actitud recelosa con la que las fuerzas parlamentarias vascas afrontan la nueva legislatura.

2. Ahora, todos los presupuestos territoriales están solucionados. De este hecho se deducen tres efectos positivos que pueden facilitar que el ciclo presupuestario termine con las cuentas del Gobierno Vasco también aprobadas. Por una parte, la vía libre a los presupuestos territoriales, despeja de escollos extraparlamentarios el proceso de debate de estas últimas. Por otra, que la estabilidad financiera vasca se consolida desde abajo, cosa imprescindible para que también haya estabilidad arriba. Y, finalmente, que todos los partidos se han implicado, a través de arreglos bilaterales en el marco de distintas sumas de fuerzas, en la aprobación de las previsiones contables de los Territorios históricos.

A partir del desbloqueo de las cuentas forales, se han creado nuevas y mejores condiciones para la aprobación de los presupuestos generales de la CAV. Afortunadamente, se aleja la opción de la prórroga presupuestaria. Es cierto que, técnicamente, prorrogar el presupuesto solo invalida aquellas partidas singulares que habrían debido ser ejecutadas durante el ejercicio natural. Los vacíos que esta situación pudiera producir podrían solventarse con la aprobación de un paquete de normas específicas complementarias. No obstante, el presupuesto es algo más que contabilidad, es la expresión de una voluntad política. De prorrogar el de 2012, Urkullu y su equipo estarían gobernando con una herramienta desconectada de la nueva legislatura, lo que crearía una situación de desajuste democrático. La prórroga sería, además, un fracaso para lo que hoy necesita Euskadi, que es liderazgo sólido.

3. En una etapa de crisis tan dura como la que vivimos, en la que las cuentas públicas son menguantes, para un partido de oposición no es un gran motivo de alarde ser el bastón de apoyo para que el Gobierno pueda aprobar unos presupuestos. Pero, sería socialmente reprobable que la oposición parlamentaria bloqueara por capricho, sin darle ninguna oportunidad para ejercer, el arranque de un Gobierno nuevo, con unos presupuestos propios. Por eso, ninguno de los partidos rechazan a priori el diálogo presupuestario y todos ellos plantean condiciones de contenido político para iniciarlo.

Las nuevas condiciones creadas tras la garantía de la aprobación de las cuentas forales han hecho que el escenario de negociación se haya despejado sustancialmente. Me permito recordarlas. En primer lugar, el diálogo sobre las cuentas vascas puede centrarse en torno a éstas, sin que se superpongan complicaciones exógenas. En segundo lugar, la estabilidad de las haciendas forales es el suelo imprescindible para la misma estabilidad de la hacienda común. Y, tres, la implicación de todos los partidos (Bildu y PSE en Gipuzkoa, PNV y PP en Araba y Bizkaia) en los diálogos presupuestarios territoriales crea una imagen de corresponsabilidad que todos ellos querrán cuidar.

4. Por cierto, decir que el mapa de acuerdos presupuestarios supone la apertura de un eje derecha/izquierda es un puro ejercicio de publicidad engañosa. Acaso en otro momento cabría abrir un debate sobre el aporte, real y programático, de los diferentes partidos vascos al progreso social del país y de su gente. En este ámbito, el historial del colectivo dirigente de EH Bildu es ciertamente parco en logros y abundante en malogros. En lo concreto, sin embargo,  los presupuestos de Gipuzkoa no son más sociales que los de Araba o Bizkaia. El margen en el que se han materializado estos acuerdos es más fino que el filo de una cuchilla de afeitar. Tanto el apoyo del PP (5,5 millones de € sobre los 1.435 millones de Bizkaia) y el acuerdo del PSE (7,5 millones de € sobre los 661 millones de Gipuzkoa) se han cristalizado en su mayor parte en programas de tipo social, dependencia en Bizkaia y empleo en Gipuzkoa.

5. La aprobación de los presupuestos compromete recíprocamente al Gobierno y a la oposición. Aunque corresponde al Gobierno la iniciativa de promover el proyecto y buscar el diálogo para concitar los apoyos necesarios. EH Bildu casi se ha autoexcluido por creer que representa la alternativa al Gobierno Urkullu. El PSE ha planteado el abordaje de una reforma fiscal como condición previa. Con el PP será posible si no incluye condiciones insuperables que buscan maniatar al Gobierno en otros ámbitos y si mantiene la actitud que ha posibilitado los acuerdos en Bizkaia y Araba. Y UPyD insiste en la reforma de la LTH.

Conviene reseñar algunos acontecimientos que se están desenvolviendo con mucha rapidez, ya sea por iniciativa del Gobierno o a través de la actividad del Parlamento. El lehendakari ha comenzado a abordar una reforma fiscal con los tres diputados generales y la reforma de la LTH se reestudiará en el seno de ponencia parlamentaria que en un plazo máximo de tres meses emitirá un dictamen que servirá para fundamentar una futura modificación de la ley. Pero, hay que insistir en que una cosa no tiene que ver con la otra. Cambiar la LTH no conlleva que el Parlamento pueda regular el régimen tributario vasco. Ahora bien, vistas las divergencias fiscales existentes entre los tres Territorios, sí puede intervenir para fijar los parámetros en torno a los que se armonizaría la situación. No obstante, de haber consenso del Gobierno con los Diputados forales para una reforma fiscal, ésta podría encauzarse a través de las Juntas Generales.

6. En definitiva, creo que habrá presupuestos. Aunque las manifestaciones públicas de los portavoces políticos parezcan duras, en el fondo se está produciendo una intensa gestión constructiva. Por ahora, aunque sin fijarse un aliado preferente, se puede ver que el Gobierno está moviendo posiciones en temas delicados para poder levantar los obstáculos que hoy dificultarían una buena interlocución con los diferentes grupos parlamentarios. El trabajo, aunque no tenga efecto de manera inmediata, no es en balde. Un liderazgo sólido y centrado que busca integrar a todas las fuerzas en un esfuerzo compartido requiere contrastarse, no solo en el cálculo parlamentario, sino en la transparencia, la capacidad de cooperación y la coherencia entre las palabras y los hechos.

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