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La cuestión EA ante el 21-O

Joxan Rekondo

De entre todas cuestiones que se confrontan en esta campaña, hay una que afecta exclusivamente a las dos principales fuerzas en liza, PNV y EH Bildu. Esta cuestión se refiere a EA y se ramifica en diversas opciones.  ¿Confirmará el 21-O el cierre definitivo del ciclo de la escisión del PNV, el final de una evolución ideológica hacia la izquierda abertzale o un viaje al vacío de aquel partido que surgió de la mano de Carlos Garaikoetxea?

Hace ya años que, en el grupo de críticos, decíamos que Eusko Alkartasuna era el único partido vasco que nunca creció. Era difícil encontrar dirigentes que quisieran debatirlo. Se nos achacaba no creer en el proyecto o se nos convocaba a abandonarlo. Pero, a nadie se ocultaba la realidad. Mientras nos desenvolvimos en el espacio propio del nacionalismo vasco, el partido no crecía a pesar de que lo habíamos probado todo, tanto la disputa como la cooperación con el PNV, el otro contendiente por el mismo espacio electoral. Lo que sucedió, en el fondo, es que fuimos incapaces de responder a las expectativas de los que nos votaron.

Nuestros ejecutivos pensaron entonces que la solución podría encontrarse en un desplazamiento hacia el ámbito de la izquierda abertzale. En la medida en que ésta asociara su acción política a la violencia, EA debería prepararse para recibir la previsible fuga de votantes disconformes con la violencia. Esta previsión fracasó. Aunque, al cesar la violencia de ETA, el proyecto de EA, modificado hasta el punto de renunciar a sus propias raíces y trayectoria, quedó políticamente encadenado a la nueva estrategia de la izquierda radical vasca.

Volvamos a la pregunta: trasmutación ideológica, salto al vacío o cierre de la escisión. El 21-O traerá un poco de todo, pero no creo en los cambios ideológicos empujados por el oportunismo. Sin duda, EA sigue ahora el camino de ANV. Una sigla en el cajón de sastre de Otegi y compañía. Los dirigentes de Eusko Alkartasuna dicen que el papel que cumplen en ese magma de la izquierda abertzale es el de moderar. Es decir, templar los modos de una vanguardia todavía sectaria. Al Sortu hegemónico le viene muy bien la imagen que EA aporta para que EH Bildu no proyecte esa imagen extremista y para dar un barniz interclasista a la coalición. ¿A cambio de qué? La EA del primer Congreso (1987) denunció que el MLNV (la izquierda abertzale) pretendía utilizar “el problema nacional vasco para la confrontación radical con el Estado en forma de ruptura”. Ahora, es difícil comprender cómo se pasa del modelo socialdemócrata de aquella EA original a la colaboración en la confrontación para el logro del Estado socialista vasco, finalidad que hoy igual que ayer persiguen los que mandan en la coalición EH Bildu.

El deseo íntimo de los promotores de la Carta Fundacional de EA (1986), (Carta Funcional que se puede leer en el siguiente enlace), era “conseguir una reunificación digna de la familia nacionalista” (dicho así, literalmente), deseo que era masivamente compartido por las bases que les siguieron. En cierto modo, la decepción por el fracaso de la aludida reunificación digna, que quedó definitivamente frustrada tras el rechazo a coaligarse con el PNV en las autonómicas del 2009, ha concluido con el trasvase progresivo de miles de votos a este último partido. El 21 de octubre Urkullu seguirá recibiendo multitud de votos fugados para siempre de EA. Seguro que no es aquel deseo íntimo que manifestamos en el año 1986. Pero, somos gente práctica que consideramos que nuestro voto hoy abre camino a un digno reagrupamiento mañana.

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