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Estado de frikicracia

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Koldo San Sebastian

Cada vez que paso delante de la antigua de Inama en Muxika pienso en el papel jugado (o no jugado) por Bildu de Busturialdea en la pérdida de unos 400 puestos de trabajo entre directos e indirectos. El falso ecologismo (aquel que no tiene en cuenta a las personas) y algo que mi amigo Jon Sánchez denomina como el movimiento txaletero (derivado de la querencia de algunos prohombres de la denominada izquierda abertzale por el chalet), unido al papel de Bildu en esta cuestión ha desembocado en el peor de los escenarios.

Por suerte, la consejera Urgell y el viceconsejero Ribera ya nos han preparado la performance “Sentido y sostenibilidad” que atraerá a tantos visitantes como asistentes al Congreso Internacional del Poesía, así que todo el mundo hace acopio de algo. El señor alcalde de Gernika y Lumo, por su parte, podrá ofrecer a los parados de Inama un empleo de una de las “fábricas de creación”.

El txaleterismo tiene otros ejemplos. En la anterior legislatura un ciudadano solicitó levantar un edificio con veinte viviendas en Mendexa. A cambio el promotor regalaba al pueblo 20.000 metros cuadrados. Si, veinte mil metros cuadrados. Estos se dividirían en un parking de 120 plazas para la playa de Karraspio y el resto en un gran parque para los habitantes de la parte baja del municipio. La reacción de Bildu fue inmediata: “No”. Los argumentos resultaban peregrinos.

Para evitar el bloqueo de la carretera de Ondarroa que, entre otras, dificulta el acceso a unas sesenta viviendas, proponía que la gente fuese andado. Crearon un lema: “Gu behintzat oinez”. Claro que algunos txaleteros no dejan de utilizar vehículos a motor. Incluso organizan caravanas de coches (“Gu behintzat kotxez”). Entre quienes se oponen, gentes que han vendido terrenos a un promotor en la parte alta del municipio (donde antes había tierras de labranza, hoy recalificadas) o algunos que verían afectada su “intimidad”. Tiene gracia porque, algunos de estos últimos, habían solicitado permiso para construir siete viviendas donde ahora hay un gran chalet. Finalmente, el gran chalet y sus dependencias se convertirán en tres viviendas. En justicia, deberían ceder 2000 metros al municipio, pero, aquí, como en el chiste de la moto del comunista. “Todo es de todos, pero la moto es mía”.

Este fue el “gran tema” de la campaña electoral de hace un año, convertida en un plebiscito. Bildu y los txaleteros fueron derrotados y ganó quienes defendían la operación. Y es algo que Mirari Artime, corresponsal de “El Correo” en la zona se olvida casi siempre. El pueblo está a favor: la izquierda abertzale (disfrazada de mil siglas) está contra. Pero, en algunos sectores, parece que la opinión de la mayoría importa poco (en realidad, nunca les ha importado).

En algunos rincones del país se extiende la “frikicracia” (votad lo que os de la gana que nosotros haremos lo que se nos ponga). La “guerra de las basuras” en Gipuzkoa es el mejor ejemplo. A Bildu, le interesa poco lo que opine la mayoría. Yo no quiere oír hablar de consultas populares después de los “gatillazos” de Zestoa (toros) y Tolosa (variante). Se están recogiendo miles de firmas en diferentes municipios (Zarautz, Arrasate, Zizurkil, Oñati,…).

El modelo económico que nos propone Bildu es incalificable (o indefinible). Fin de las infraestructuras (para aislar el territorio, me imagino) y subida de impuestos. En este punto, cuenta con el apoyo de Patxi López. No está mal. La empresas se irán a Araba, Bizkaia y Nafarroa sin despeinarse. Los ingresos serán menores, así que habrá que subir los impuestos a los ciudadanos otra vez. Y así, sucesivamente. Los trabajadores de Inama (y aquellos que han perdido sus empleos tras el cierre de la empresa) estarán encantados con el modelo que se trata de imponer desde la “frikicracia”. Claro que el concepto de “imposición” tiene sus intérpretes: “no es ético imponer la incineradora” (el alcade de Arrasate dixit). Si lo es imponer tres nuevos basureros, llevar la basura propia a Bizkaia o Nafarroa, el “invento” de los “árboles de la basura”. Claro que la “ética” de algunos solo se aplica a las basuras, no a las personas.

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