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Ekonomiaren txokoa: Otra secuela de la burbuja inmobiliaria

José Ramón Urrutia Elorza (*)

Los males y las consecuencias del batacazo sufrido por el sector de la construcción y por la explosión de la burbuja inmobiliaria, no han terminado con el endeudamiento excesivo y las calamidades que están padeciendo tanto el sector financiero en su conjunto, como el ciudadano de a pie que en un momento de su vida se atrevió a adquirir un nuevo piso o un adosado, a base de un préstamo hipotecario.

Otros afectados que lo van a padecer, y por bastante tiempo, podrían ser aquellos que intenten en este momento o en un futuro próximo optar por la fórmula de la Hipoteca Inversa, como procedimiento para complementar la pensión pública o como elemento para poder disfrutar de unos ingresos adicionales en los últimos años de su vida.

Por la llamada Hipoteca Inversa, el propietario de una vivienda pone la misma como garantía ante una entidad financiera o compañía de seguros, para poder percibir una pensión de tipo vitalicio para él y para su cónyuge.

A la Hipoteca Inversa, como préstamo hipotecario, se le puede encuadrar como un producto financiero, que tuvo cierto auge en el primer quinquenio de este siglo, época del inicio del período de vacas flacas en el sector inmobiliario, y punto de arranque de la actual crisis.

La ley del mercado inmobiliario de diciembre de 2.007, en una disposición adicional, ponía a disposición de la población cercana a la tercera edad, una nueva posibilidad de hacer liquidez, y disponer de una prestación de tipo vitalicio, basada en algo que en aquel momento parecía un gran trato como era el valor de mercado de su propiedad inmobiliaria.

Esta fórmula, hasta cierto punto novedosa por estas tierras, ya tenía un recorrido histórico y se utilizaba frecuentemente en Europa y EEUU.

Los afortunados que firmaron su Hipoteca Inversa en los años finales de la primera década de este siglo, hicieron un buen negocio, pero no se puede decir lo mismo de aquellas entidades financieras o compañías de seguro que se “quedaron” con la propiedad, ya que en este momento la misma, tiene un valor de mercado bastante inferior y depreciado.

Así como en los momentos de euforia y crecimiento sin límite, los bancos y cajas de ahorros, sobre todo, apostaron por el sector inmobiliario, la realidad actual es la contraria, y el producto Hipoteca Inversa, aunque tampoco no tuvo un excesivo impacto, ahora permanece totalmente en la penumbra, quedando cerrado este procedimiento como elemento para poder complementar las pensiones públicas de las personas de mayor edad y con vivienda propia.

Varios han sido los motivos por los cuales casi ha desaparecido del mercado este producto financiero. El primero y más importante es la acumulación de activos inmobiliarios en poder de las entidades financieras y compañías aseguradoras en estos momentos tan críticos, y sobre todo las grandes dificultades para deshacerse de ellos. Además la valoración de los mismos, en perspectiva a medio plazo, es bastante preocupante y en franco retroceso.

Tampoco la sociedad va evolucionando y modificando la idea tradicional por la cual a los herederos había que dejarles sin ninguna carga, al menos, la vivienda familiar.

Por todo ello, el producto Hipoteca Inversa es otra posibilidad que se atasca para los sufridos pensionistas o para aquellos que se acercan a la edad de jubilación.

Malos tiempos para todos, pero en particular para los mayores,  con las perspectivas y previsiones que se ciernen además sobre el sistema público de pensiones, según las últimas estimaciones planteadas por el Secretario de Estado de la Seguridad Social, en su última comparecencia como tal, en la presentación de los datos a noviembre de este ejercicio, y con las exigencias rigurosas de la “Nueva Unión Europea” a los estados miembros, tras la reunión de los pasados 8 y 9 de diciembre, al imponer a los mismos “una disciplina fiscal, un control exhaustivo de los déficits, y una mayor austeridad presupuestaria”.

Es de esperar con todo esto, que las medidas que próximamente aprobará el nuevo gobierno del PP, y en concreto las referidas a la actualización de la cuantía de las pensiones, no serán seguro del agrado de los perceptores de estas retribuciones públicas.

(*) Actuario

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