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La Conferencia semisecreta de Donostia

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Joxan Rekondo

Hoy se celebra la conferencia para la resolución del conflicto vasco en Donostia. Se ha presentado como un gran acontecimiento. Los pormenores de la organización, los participantes, el guión de trabajo se han mantenido en una reserva dosificada que ha contrastado con la gran resonancia del acto formal. Además, no ha quedado nada claro a qué colectivos vascos se ha invitado formalmente.

Sí se ha dado a conocer el nombre de los organizadores. Particularmente, sabemos identificar a Brian Currin y su grupo de contacto y a Lokarri. Del primero, se les percibe como representantes de parte, cercanos a la visión del MLNV. Del segundo grupo, sabemos que es colaborador del primero y está comprometido en la búsqueda de financiacion y apoyo para su causa.

La mayoría de los partidos vascos han tomado la iniciativa con una prevención inicial. Podría tratarse de una escenificación más de la izquierda abertzale. Sin embargo, algunos han entendido que la presencia de significadas personalidades dificultaría que la conferencia acabara en un nuevo engaño.

Los pormenores del encuentro se han mantenido en la reserva. Y esto ha propiciado una cierta confusión acerca de los objetivos que persigue. El MLNV ha incidido en que debe exigir un compromiso de resolución que implique a los Estados español y francés. La posición oficial del PNV, por su parte, ha subrayado que las conclusiones deben centrarse en exigir el final de ETA.

Ha sido asombroso, sin embargo, que el debate previo al acto se haya descentrado y que haya adquirido tanta relevancia la ausencia de Patxi López, tapando incluso el esfuerzo que ha hecho Urkullu por identificar la conferencia como una exigencia de cese del terrorismo. No llego a entender este afán (de algunos dirigentes del PNV) por convertir un simposio que aborda la paz vasca en una oportunidad para vapulear al lehendakari. Porque, en esta materia, la que debe ser demandada es ETA y no Lehendakaritza.

Dicho esto, mi opinión es que el Gobierno debía haber estado en este acto. Queda la duda de cómo se han gestionado las invitaciones. Pero, creo que el lehendakari o algún delegado podría haber dado la bienvenida a los participantes y haber pronunciado un discurso, coincidente o no con las resoluciones del evento.

Por mi parte, me hubiera gustado que la máxima representación institucional de nuestro país hubiera acudido con un discurso propositivo que abordara el contenido de la conferencia. Aunque también me hubiera satisfecho, y en esto quiero centrarme, que a sus propuestas acompañara un discurso crítico con la forma con la que se ha organizado la conferencia.

Que yo sepa, todos los representantes políticos del país dicen que la paz es obra del pueblo vasco. Lo dicen el lehendakari López y el PSE, lo dicen Urkullu y el PNV y lo dicen Otegi y el conjunto del MLNV. Siendo así, ¿no sería oportuno que un representante de la más alta magistratura vasca hubiera planteado abiertamente los puntos críticos de un acto que no ha brillado por su accesibilidad ante el público?

A mi modo de ver, es inexplicable que un encuentro sobre la paz que los organizadores dicen que pretende ser decisivo y que va a abordar temas esenciales sea tan poco transparente ante una sociedad vasca a la que a la vez se le hace responsable del final de la violencia de ETA.

Se me hace incomprensible, por lo tanto, la discreción con la que se ha organizado la conferencia, la limitación que ha impedido a colectivos vascos participar en ella, y sobre todo, que el desarrollo de la deliberación se realice a puerta cerrada.

No discuto el rango y el bagaje de las personalidades concernidas en el acto final.  Además no sé si se conoce cual va a ser su grado de participación en el evento. Por de pronto, parece que en el acto que se celebra hoy sólo cabría modular o perfeccionar una resolución casi ultimada hace días.

Sólo subrayo que la garantía de un final democrático y sin engaños de la violencia no hay que buscarla en la tutela y la experiencia que aportarían estos expertos que trabajan en conclave semisecreto. La auténtica garantía es una participación popular de calidad en un proceso abierto y transparente estimulado por todas las instituciones representativas del país.

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