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Ekonomiarean txokoa: A vueltas con el modelo fiscal

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Jose Ramón Urrutia (*) Ekoberrin

Según un informe presentado por la Dirección General de Economía y Asuntos Financieros a la Comisión Europea sobre la situación de las finanzas públicas en la Unión Europea, el continuo crecimiento de las economías desde mediados de los años noventa hasta la crisis de 2007, originó unos niveles extraordinarios de recaudación de impuestos, tanto directos como indirectos, por parte de las haciendas de los diferentes estados.

Estas cuantías deberían haber sido consideradas como excepcionales por las autoridades, pero no lo fueron, y recibieron la consideración de ingresos tributarios normales o estructurales, a efectos de la planificación presupuestaria de la política de gastos y como estrategia para la consolidación de los compromisos sociales de cara al futuro.

Grave error, mientras la recaudación crecía y crecía, no se llevó a cabo un proyecto riguroso y exigente de la gestión futura, y hasta se llevaron a cabo reducciones fiscales, caso del I.R.P.F. y del Impuesto sobre Sociedades, entre otros, y hasta alguna supresión como la del Impuesto sobre el Patrimonio.

La crisis llegó, y con ella la reducción en las recaudaciones fiscales, de tal forma que la situación actual plantea una serie de dudas al ciudadano, de cara al futuro, sobre si el modelo actual de atenciones y prestaciones, podrá mantenerse y será sostenible en el tiempo.

Los datos del Eurostat (Agencia Estadistica de la UE), indican que mientras en la Eurozona los ingresos tributarios totales por estado miembro, incluidas las cotizaciones sociales y los ingresos patrimoniales, respecto al PIB., se situaban en un 39,7% en 2008, y en un 40,5% en 2009, en el estado español se posicionaban en cifras muy cercanas al 33% del PIB., y algo menos en Euskal Herria. Niveles desconocidos en dos décadas, y que sitúan el nivel de ingresos y de presión fiscal en los finales de la década de los años noventa. Estados como Dinamarca y Suecia alcanzaban cifras muy cercanas en su recaudación fiscal al 50% de su PIB, 49 y 47,9% respectivamente, en el ejercicio de 2009.

La caída es tan espectacular que de los veintisiete miembros de la Unión Europea solo siete recaudan menos con respecto a su PIB (Estonia, Irlanda, Grecia, Letonia, Lituania, Rumania y Eslovaquia). Así por ejemplo y a nivel estatal, la presión fiscal tributaria (sin cotizaciones sociales e ingresos patrimoniales) pasó de representar un 19,1% en 2007, al 13,7% en 2009.

¿Por qué la presión fiscal total es sensiblemente inferior a la media de la Unión Europea? ¿Por qué se produce esto?

Aunque los tipos impositivos, al menos los del I.R.P.F. y los de Sociedades, se mantienen en porcentajes relativamente equilibrados, o algo mas bajos, con respecto a la UE, (los tipos máximos tras la bajada impositiva del I.R.P.F. son: en Alemania 47,5%, Dinamarca 51,5%, Holanda 52%, Francia 45,8%, Suecia -tras la ultima subida- 56,4%, y en Sociedades el tipo nominal estimado de la Eurozona es el 25,7% y el de la UE de los 27 el 23,2%, el de Alemania 29,8%, etc.), los motivos por los cuales se ha recaudado menos y se produce ese desfase estadístico, tanto en el estado como en Euskadi, según el “Informe de Tendencias Fiscales en la Unión Europea”, han sido:

1.- La caída del empleo, de la actividad económica, y por lo tanto de las bases imponibles.

La menor presión fiscal total existente, procede de un lado de la existencia de tipos nominales mas bajos (el IVA sobretodo), y de otro lado del bajonazo habido en la actividad productiva y vendedora. La elasticidad de los ingresos respecto al PIB se ha desmoronado, y las bases imponibles agregadas se vieron reducidas tanto en 2008, como en 2009. Lo mismo ha sucedido con las rentas brutas de los hogares, las ligadas a las actividades empresariales, las relacionadas con la compra de viviendas, con el consumo de gasolinas, etc.

2.- El fraude fiscal.

Según datos del Eurostat, así como por informes de los técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda, la economía sumergida (aquella que oculta actividades a la Hacienda y a la Seguridad Social) ha aumentado, en el estado, de forma importante entre los años 2000 y 2009, alcanzando actualmente los 245.000 millones de euros, que representa cerca del 23% del PIB, diez puntos por encima de la media de los países del entorno europeo, donde el índice de evasión ronda el 13%. También en Euskadi, según estudios llevados a cabo por expertos del mundo universitario, analistas financieros, centrales sindicales, el movimiento de los derechos sociales Elkartzen, etc. la economía sumergida puede oscilar entre el 15% y el 20% (cerca de los 10.000 millones de euros).

El Instituto de Estudios Fiscales, a nivel estatal, periódicamente lleva a cabo un seguimiento de la opinión de los contribuyentes sobre el fraude tributario. En la última edición de la encuesta, presentada recientemente, el 43% de los ciudadanos justifica el fraude fiscal. Y casi el 50% considera el mismo como una practica generalizada.

La tolerancia hacia el mismo es mayor entre empresarios (50%) y profesionales libres (48%), y crece la posición favorable a medida que aumenta la edad de los consultados durante su etapa de actividad. En cambio si se acerca la jubilación, los ciudadanos se encuentran menos permisivos, solo el 31% justifica el fraude fiscal.

Los encuestados justifican la postura defraudadora en la impunidad de los que actúan de esa forma, en la ineficacia de la lucha contra el fraude, en la excesiva presión fiscal, y en la falta de una conciencia cívica, así como la necesidad de “trampear y ocultar” para salir del atolladero y seguir adelante.

Por otro lado la población encuestada y preguntada, casi en su totalidad (95%) es consciente de las consecuencias negativas del fraude y sobre todo para poder financiar y atender las prestaciones, los servicios sociales y los compromisos existentes para poder seguir disfrutando del Estado del Bienestar.

Habrá que analizar y reflexionar sobre el modelo fiscal actual y su sostenibilidad, y el nivel total de ingresos tributarios recaudados en estos momentos de crisis en que nos encontramos, y ver de que forma se pueden atender con rigor y eficacia los compromisos existentes, sin dejar de lado la reordenación y el control exquisito de la gestión de las políticas presupuestarias de gastos de todas las Instituciones.

(*) Economista

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