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Un tejado lleno de pelotas

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Koldo San Sebastian

Hacía mucho tiempo que el Partido Nacionalista Vasco no era destinatario de tantos y tan diversos emplazamientos. Después de las últimas elecciones, el PNV puede ocupar dos diputaciones generales, las de Araba y Bizkaia, y gobernar Gipuzkoa desde la oposición. Pero, no solo eso: puede mantener la presión sobre el Gobierno de “mayoría parlamentaria” si atadura alguna y, además, el que Rubalcaba tenga la oportunidad de iniciar una remontada. Para ello va a tener que aprobarle los presupuestos de 2012.

El PSE queda muy debilitado. A la más que probable pérdida de Donostia, Andoain, o Errenteria, hay que sumar Sestao y Basauri. En otros municipios como Portugalete, Barakaldo, Eibar… está en manos del PP. Además, podría perder Lasarte (donde su ex alcaldesa podría acabar ante los tribunales de justicia por el “caso Somoto”) o Trápaga por poner algunos casos.

Desaparecida la opción de Marisa Arrue en Getxo, al PP, solo le queda (con cierta enjundia) Vitoria-Gasteiz. Eso sí, también en minoría. La oposición tiene más que  mayoría absoluta. Y, claro, siempre le queda el Gobierno vasco.

Es cierto que PSE y PP pueden hacer valer su “mayoría parlamentaria”. Pero, tienen un problema de calendario. Quedan menos de dos años y todas aquellas leyes no consensuadas con la mayoría socio-política serán de difícil aplicación. Quedarán en suspenso en el momento de cambio de gobierno. Sorprende, eso sí, que ni socialistas, ni populares –que defienden un “pacto global”- hayan puesto sobre la mesa el Gobierno vasco. Tampoco se entiendo muy bien apelaciones a la “lealtad”

No tiene el más mínimo sentido que el PNV participe un “pacto global” con aquellas fuerzas que, a su vez, mantienen vivo otro pacto para desplazarle del Ejecutivo autónomo. Es una extraña “globalidad”. Especialmente, cuando el tiempo juega a favor de los nacionalistas. Iñigo Urkullu lo ha dejado meridianamente claro en su blog.

Bildu, por un lado, y el PSE-PP, por otro, están recolocando al PNV en el cauce central de la política vasca. El mismo en que se encontraba en 2001 con todas las fuerzas contendientes en liza. Salir de ese cauce resulta suicida a la luz de algunos resultados obtenidos (algunos, por cierto, “pintorescos”, aunque dramáticos).

Sería un error, no menos grave, pensar el que los resultados de EAJ han sido buenos en general. Ni siquiera en Bizkaia donde se han obtenido más votos que en 2007. Un territorio en el que, por cierto, el PSE-EE ha perdido más de 32.000 sufragios y el PP, entre 5 y 7.000. Hay que hacer una profunda reflexión sobre lo ocurrido también aquí. Hay que recuperar los municipios de la Costa Oriental, algunos de Arratia o Zalla. ¿Cómo?. Quizá se deba comenzar a mirar más hacia fuera, hacer de la transparencia necesidad y mostrar cercanía con la gente. Nunca se sabrá lo que quiere si no se le escucha. El “día a día” no puede convertirse en disculpa.

En Alava el reto para el PNV es apasionante. Por primera vez el mal llamado constitucionalismo ha perdido la mayoría absoluta de que gozaba en las Juntas Generales. Ha emergido con fuerza un voto abertzale que puede seguir creciendo y que va a pedir resultados a los suyos en las instituciones. Y esos hasta la fecha en términos de gestión y bienestar los garantiza el PNV. ¿Cómo transmitir esa seguridad? ¿Cómo añadirle la ilusión que sin duda ha cautivado a estos electores? Cómo sumar nuevas adhesiones Cumplir ese objetivo coloca al PNV ante la espectativa cierta de ser la primera fuerza política en Vitoria,  recuperar la hegemonía que tuvo en Alava y fortalecer esa posición conjunta de lo abertzale que hay que celebrar.

“Eusko Alderdi Jeltzalea-Partido Nacionalista Vasco” sigue siendo una marca potentísima. La más potente en este país. Pero, le ocurre como a “Ferrari”. Hay que afinar el coche y buscar al mejor piloto en cada momento. No se puede eludir la responsabilidad de unos resultados echando la culpa a la marca. Y menos explicar la eclosión de Bildu con el movimiento de los “indignados” (que aquí, por lo menos, lo se ve en el Arriaga, son pocos más que una banda de txistularis).

Por suerte, el nacionalismo en JEL tiene algunos buenos ejemplos donde mirarse. Bilbao, Getxo, Santurtzi, Basauri, Sestao y, por qué no, Mendexa. Son esperanzadores los resultados de Lesaka y Bera de Bidasoa.

Mucho trabajo por delante mientras algunos siguen aporreando puertas y llenando los tejados jeltzales de pelotas.

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