Aberriberri bloga

El MLNV y los Derechos Humanos

Read Time:9 Minute, 53 Second

Imanol Lizarralde

El educador social y articulista de GARA, Jesús Valencia, se queja de la actitud del PNV frente a los derechos humanos (El PNV y los derechos humanos, 11-4). Según este articulista, que se remonta hasta la manifestación “de las palomas de la paz” de octubre de 1978, en contra de ETA: “los jelkides no se andaban con remilgos. Cuando se en Euskal Herria se producían violencias de distinto signo, el PNV se empleaba a fondo para combatir una de ellas”.

En esos tiempos era yo un afiliado de a pié del PNV, que iba a casi todas las manifestaciones convocadas por el partido, y tengo una experiencia diametralmente opuesta. Y para ejemplo un botón: cuando en febrero de 1981 ETAm secuestra y asesina al ingeniero de la Central de Lemoniz José María Ryan, el PNV, junto con otros partidos, convoca una manifestación de protesta, que a nivel de calle supuso un grave enfrentamiento con la gente del MLNV, que salieron a reventarla y a impedir la repulsa del asesinato. Cuando el 13 de febrero de ese mismo año, Joxe Arregi muere a causa de las torturas policiales infringidas en contra de él, el PNV se sumó a la manifestación convocada, y protestó por ese acto.

Jesús Valencia llega a decir cosas como que “un senador peneuvista urgía al Gobierno español para que combatiera a ETA organizando una guerrilla de Estado”. Nuestro educador social atribuye al PNV una participación, aunque sea filosófica, en la creación del GAL, sin citar las palabras ni el nombre de ese senador. ¿Qué extraño pudor le empuja a ese ocultamiento? ¿No será que le faltan tanto las palabras como el nombre?

La realidad fue muy otra: el PSOE organizó el GAL y simultáneamente las conversaciones de Argel. El PSOE montó esa trama criminal al margen del nacionalismo vasco, mientras negociaba con los representantes de HB y de ETA la tregua de 1989. Y siguió tratando con HB hasta 1996 para retomar sus conversaciones en el año 2000. La verdad es que tanto el Estado como el MLNV actuaban en el doble juego de plantear la dureza frente al enemigo, que se traducía en asesinatos y secuestros bilaterales, mientras se negociaba con él. Refiriéndose a los años de finales de los 80 y principios de los 90, Jesús Valencia afirma:

“Mientras Atutxa repartía pelotazos, los batzokis distribuían a puñados el lacito azul y los ayuntamientos gobernados por ellos exhibían mensajes a favor de la paz. Urgieron a la sociedad para que se uniera a la cruzada ¡Todos a la calle! El PNV convocaba continuamente a sus bases para que participasen en pintorescas manifestaciones donde se mezclaban churras con merinas. No importaba la mezcolanza, «todos a una contra Herri Batasuna». En aquellos años de violencias múltiples, la filosofía del partido fue rotunda: no podemos quedarnos en la simple proclamación de derechos, tenemos que actuar contra quienes los vulneran (evidentemente, ETA)”.

Las “manifestaciones” en las que se mezclaban “churras con merinas” no eran otras que aquellas convocadas cuando ETA comenzó a asesinar cargos políticos del PP y luego del PSOE, y el MLNV ampliaba el radio de acción de la Kale Borroka y los ataques a las sedes y los cargos políticos también nacionalistas, entre los que se contaban numerosas personas de Eusko Alkartasuna. Por qué a esas manifestaciones también iba el partido de Carlos Garaikoetxea, además de formar parte del Pacto de Ajuria Enea. El educador social nos omite esos datos. Así como el dato de que la “guerra sucia” del Estado, las acciones del GAL, terminan el año 1986. Jesús Valencia, sin embargo, no tiene ningún empacho en hablar de “violencias múltiples” como si la ofensiva violenta a pié de calle del MLNV (entre cuyas acciones también contaba la campaña “Euskal Herria askatu” de reventar los actos pacifistas mediante contramanifestaciones violentas) respondiera a algún tipo de acción similar por parte del Estado. Eso no era así, hasta el punto que un historiador del MLNV, como Francisco Letamendia, no podía menos que decir que la impresión de la gente era que ETA o el MLNV era más violenta que el Estado. No era una impresión, era una realidad, que la sufría todo el arco político no perteneciente al MLNV.

Resulta escandalosa la reflexión de Jesús Valencia no sólo por sus omisiones y por la distorsión que hace de los hechos sino por que el suyo es un discurso paralelo al del españolismo más furibundo, aunque su acusación sea inversa a la de este. Este españolismo fue creado, en parte, por el salvajismo de la violencia del MLNV en la época de la “socialización del sufrimiento” (donde la gente que llevaba el tan denostado “lazo azul” era agredida en plena calle por mandato del propio movimiento), fue fruto de la reacción surgida en 1997 tras el secuestro y asesinato de Miguel Angel Blanco, tras el cual se crearon los “movimientos cívicos” como el Foro de Ermua o Basta Ya, para los cuales no era suficiente la condena ética de la violencia: había que condenar también al PNV y a EA, a la supuesta matriz de tal violencia.

El paralelismo del discurso acusatorio del españolismo, ahora gobernante, y el de Jesús Valencia llega hasta el punto de acusar al PNV de generar “crispación social” por su protesta frente a los asesinatos de ETA, del mismo modo que el PP y el PSOE acusan al PNV de crearla, en la época de Juan José Ibarretxe. Y en una vuelta de tuerca del cinismo, afirma también: “ahora, por estos pagos, ya no se conoce más violencia que la del Estado”. Y esto lo dice a unos días de que unos militantes de ETA hayan herido a un Gendarme francés en un tiroteo. Resulta evidente que las omisiones de Jesús Valencia no son involuntarias, sino que responden a la perfección a una estrategia informativa, en la que el MLNV tiene que aparecer como víctima y el Estado como verdugo. Y donde el PNV tiene que aparecer como peón de ese Estado, que también lo denigra. Prosigue diciendo nuestro educador social:

“Las masivas razias contra los jóvenes, el empeño español por reventar el actual esfuerzo de normalización no merecen, a juicio de los jelkides, ninguna activación de la sociedad. Las brutales torturas no reclaman el más ligero compromiso de repudio. Sus confesadas alianzas con el PSOE (pronto con el PP) le obligan a dejar el camino libre a la violencia del Estado. ¿Actuaría Rubalcaba con tanta impunidad si no tuviera en Sabin Etxea a sus más incondicionales encubridores?”.

Todas estas acusaciones son vertidas en el contexto de un “proceso de paz”, donde los representantes máximos de ese Estado que tortura y detiene de forma arbitraria ven próximo el fin de ETA y contemplan con satisfacción la evolución de los políticos del MLNV. Un “proceso de paz” que se está fraguando mientras representantes del partido que gobierna el Estado negocian con los representantes políticos del MLNV. Ya lo vimos en el 2005: mientras el Estado acusaba a Juan José Ibarretxe de impulsar “el plan de ETA”, los socialistas llevaban un lustro negociando con Batasuna. Ahora Jesús Valencia acusa al PNV de estar aliado con el Estado.

Desde 1989, teniendo en cuenta la existencia y la persistencia de una relación estrecha entre el MLNV y el PSOE, es evidente que existe una política subterránea y una política aparente. Y muchas veces la política subterránea influye sobre la política aparente de una forma decisiva. No sabemos todos los detalles, pero es evidente que los socialistas, que consideran que el proceso frustrado del 2006 fue un éxito, como lo dice Rafaela Romero, persisten en el juego de jugar a una política subterránea de contactos con el MLNV y una política aparente de dureza contra el MLNV. Sin estos contactos sería dudoso que ETA hubiera proclamado un alto el fuego y un proceso de paz. Inversamente, el MLNV juega a ejercer el papel de víctima de los ataques del Estado mientras negocia con los representantes del partido del Estado. Tanto el PSOE como el MLNV juegan también a atribuir al nacionalismo una complicidad con aquel con el que están negociando. Esta es la kafkiana realidad que recorre la política vasca. El comunicado de ETA de marzo pasado (linka jarri) lo confirma además cuando dice:

“Por otro lado tenemos la actitud irresponsable de los gobiernos de España y Francia. En estos meses, la represión y la negación han sido incesantes. Y es irresponsable, decimos, por qué no es coherente demostrar en ciertos ámbitos, a escondidas, la supuesta intención de llegar a un arreglo y sostener una estrategia represiva”.

La organización armada, evidentemente, no alude a su supuesta incoherencia, de, por ejemplo, volar la T-4 y matar a dos personas en pleno proceso de paz del 2006 o, en el actual proceso de paz, el tener a comandos en activo con órdenes de disparar contra los agentes policiales encargados de detenerles. El MLNV no dice nada o considera que son detenciones arbitrarias las detenciones a militantes de ETA con arsenales enteros a su disposición. Y cuando como hace unos días ocurre un tiroteo entre militantes de ETA y la policía francesa, en el que es herido un gendarme, la representación de la alianza electoral del MLNV, Bildu, cuyo portavoz es nada menos que el presidente de EA Pello Urizar, “rechaza” lo que dice que es un “incidente”. ¿Por qué tal empeño, por parte del MLNV, empeño que se traslada a sus aliados, en no condenar los hechos violentos cuando vienen por parte de ETA?

Más allá de que en esta etapa ETA haya proclamado una tregua, el MLNV nos da a entender que el principio intangible que sustenta la violencia de ETA no debe de ser suprimido. El rechazo pertinaz a la condena de las acciones de ETA es consecuencia de la sustentación de ese principio, que es un principio de reserva, donde la violencia puede reactivarse si las circunstancias lo requieren. ¿Cuáles son las circunstancias que nos pinta Jesús Valencia? Son las de una acción unilateral del Estado, con torturas y detenciones arbitrarias y de mantenimiento de una situación de ilegalidad de la marca política del MLNV.

Todo esto tiene que ver con la peculiar perspectiva que tiene el MLNV de los derechos humanos. Desde mediados de los 90, a partir de la llamada Alternativa Democrática de ETA, el MLNV utiliza de forma masiva en sus mensajes el lenguaje de los “derechos”. Sin embargo, a pesar de aludir a la Declaración de la ONU acerca de la Autodeterminación de los Pueblos, en ningún momento menciona los derechos individuales, como el derecho a la vida, o los derechos de las personas individuales. Las personas, desde la perspectiva ética del MLNV, sólo tienen el valor del lugar en que se encuentran ubicadas. Los militantes de ETA son héroes por que están encuadrados dentro del MLNV. Los policías o gendarmes no son siquiera personas, por ser miembros de cuerpos represivos. El MLNV vive todavía del mito del hombre colectivo, donde la persona humana individual no es un ente depositario de derechos, a menos que se encuadre dentro de sus propias filas.

El educador social Jesús Valencia refleja esta perspectiva con nitidez. Sólo tiene ojos para la represión del Estado y para el dolor causado a los militantes del MLNV. El gendarme herido hace unos días no es una persona reseñable ni la acción en contra de él es una acción violenta. Eso es lo que nos expresa la omisión del educador social al hacer el cómputo de las diversas violencias. Las propias declaraciones de “rechazo” del MLNV respecto al llamado “incidente” no mencionan a la persona objeto de tal incidente. La acción es valorada en el contexto de una fase política determinada. Desde el punto de vista del MLNV, no es un ser humano sujeto de derechos, como sí lo son los militantes de su movimiento.

Salir de la versión móvil