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El mediador

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José Ángel Iturriaga

Cuando hace unos días leía en la prensa que “los mediadores quieren arrancar a ETA un alto el fuego irreversible” comencé a pensar en el perfil de dichos mediadores y su nivel de exigencia y firmeza ante la organización. Y al respecto, me han venido a la mente las declaraciones que el martes 21 de septiembre recogía el diario El Correo de uno de los firmantes de la “declaración de Bruselas”, el noruego John P. Linstroth, criticando la postura del gobierno español ante los últimos comunicados de Euskadi Ta Askatasuna.

Lejos de tratar de defender al ejecutivo de Madrid en materia antiterrorista, opino que tampoco se pueden pasar por alto determinadas actitudes y afirmaciones como las manifestadas por un “mediador” como al que hacemos referencia. Linstroth, que al parecer forma parte del Internacional Peace Research Institute de Oslo, y siempre según el medio citado, acusó al gobierno español de lo siguiente:

“… mantener una postura muy intransigente con los vascos, de utilizar medidas represivas y tácticas sucias y de no haber cumplido todas sus promesas con ETA durante los procesos de negociación de los anteriores alto el fuego, entre ellas la liberación de todos los presos políticos”.

En primer lugar, la expresión “intransigencia con los vascos” viene a insinuar un nuevo intento de ocultar tras “lo vasco” la verdadera actividad de esta organización, que no es otra que la práctica del terrorismo. En este sentido, ya desde el inicio se vislumbra una cierta inclinación hacia un lado, abandonando las típicas posturas equidistantes de otros homónimos pacifistas, al acusar al gobierno de España de “tácticas sucias e incumplimiento de promesas” en anteriores procesos, cuando este pacifista no realiza ni un solo reproche a la práctica terrorista de una organización que ha vulnerado los derechos humanos sistemáticamente durante 50 años, y ha sido quien ha hecho saltar por los aires anteriores procesos, incluyendo acciones con coches bomba (T-4) en pleno período de tregua y sin haber comunicado su ruptura. El nivel de exigencia del cumplimiento de compromisos carece pues de un mínimo principio de igualdad que se presupone a un mediador, al denunciar de una parte “el incumplimiento de la liberación de todos los presos políticos”, o sea de una amnistía, sin exigir nada a la otra. Según este diario:

“acto seguido acusó a una de las partes, en concreto al Gabinete de Zapatero, así como a las Fuerzas de Seguridad, de haber protagonizado «abusos de poder» no solo contra ETA sino también contra la izquierda abertzale. Las libertades civiles de los vascos y los activistas políticos son continuamente violadas, censuró.”

Es curiosa la acusación de “abuso de poder” del Gabinete Zapatero, refiriéndose a las detenciones de miembros de ETA, éstos que practican terrorismo, así como de dirigentes de la Izquierda abertzale, a quienes además de denominarles “activistas políticos”, les reconoce una serie de “libertades civiles”, las que presuntamente han sido violadas.

“No obstante, el mediador fue incluso más allá. Consideró que la muerte del etarra Jon Anza tiene «paralelismos» con la desaparición de Lasa y Zabala, calificó a los presos de banda como presos «políticos» y reclamó la implicación del presidente de EEUU, Barack Obama, en un hipotético proceso de paz.”

El señor Linstroth, desde la lejanía objetiva y sin aportar ni un solo dato concreto de la desaparición de Jon Antza, equipara alevosamente su muerte y desaparición, con los juzgados, demostrados y aclarados casos de secuestro y asesinato de Lasa y Zabala en la era de la guera sucia de los GAL. Una vez más, sorprende la dureza con la que ataca al Estado español, a quien no duda en acusar de continuar con la práctica de guerra sucia puesta en práctica con los GAL, y como contrapartida, a quienes abiertamente practican el terrorismo y son detenidos y encarcelados por la acción de la justicia, los denomina “presos políticos”, ya que como antes había dicho el mediador nórdico, éstos no son terroristas, sino “activistas” de carácter político. La información termina de la siguiente manera:

“Los firmantes de la ‘Declaración de Bruselas’, entre los que figuran la Fundación Nelson Mandela, el obispo sudafricano Desmond Tutu y el ex presidente de aquel país Frederick De Klerk, así como el ex primer ministro irlandés Albert Reynolds y el arquitecto del proceso de paz en Irlanda del Norte John Hume, descartan, por ahora, reunirse personalmente con los interlocutores de la organización. Consideran este extremo «prematuro», dado que los terroristas no han dado aún el paso definitivo de abandonar las armas, y apuestan por mantener contactos indirectos. El objetivo será conocer de primera mano las intenciones reales de ETA, después del comunicado del pasado fin de semana y que, pese a su extensión, no está exento de interrogantes. Los resultados de esas conversaciones serían publicitados, en cualquier caso, por la banda. Una estrategia que la banda podría aprovechar para recuperar el protagonismo perdido en los últimos meses y para avanzar en su objetivo por internacionalizar el «conflicto».”

Es decir, que todos los mediadores coinciden en no dar ni un solo paso en la toma de contacto con dirigentes de la organización, al valorar que ETA no ha dado aún pasos claros en el abandono de la lucha armada, por tanto sin claros síntomas de un abandono definitivo de la violencia terrorista. Pasos, que ningún mediador tiene la valentía de exigir a esta Organización terrorista, con la misma contundencia con la que el “experto pacifista” Linstroth, exige al gobierno español en este caso. Ninguna exigencia de abandono de las armas a ETA, ninguna exigencia a la I.A., ninguna exigencia a su propio gobierno al respeto de los derechos humanos, civiles, históricos, étnicos, … del pueblo esquimal, que aún pervive a duras penas en su propio territorio.

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