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Preguntas que incomodan, preguntas que nos descubren

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Imanol Lizarralde

A lo que no hayan tenido la oportunidad de seguir de cerca el tema del plan educativo sobre las víctimas, el artículo del ex asesor del Lehendakari Ardanza, José Luis Zubizarreta (Preguntas que incomodan, DV 7-6) les podrá servir para “informarse”. Zubizarreta forma el grupo de ex cargos nacionalistas que ya desde hace tiempo engrosan las filas intelectuales del españolismo y pese a su nueva filiación, Zubizarreta nos aporta datos jugosos sobre el denominado plan educativo que no dejan nada bien a sus actuales compañeros de viaje.

El texto refundido, en el cual se han aceptado el 95% de las exigencias del PNV, se encuentra, según Zubizarreta, mejorado gracias a las aportaciones nacionalistas:

“En efecto, no se encuentra ya en el documento final casi ninguna de las expresiones de abierta censura que el original dirigía a los planteamientos del Ejecutivo anterior (…). Nos encontramos, en suma, con un texto equilibrado que, sin renunciar a nada sustancial de lo que la primera propuesta contenía, ha resultado ser, tal y como se lo exigía, más integral y menos doctrinaria”.

Zubizarreta nos informa, muy a su pesar, de algo muy grave: que los actuales inquilinos de Ajuria Enea y sus socios del PP hayan pretendido usar el problema de las víctimas para encauzarlo por el camino de culpabilizar a sus predecesores de gobierno, los nacionalistas. Al igual que ocurría en el texto del pacto antiterrorista que los populares y los socialistas firmaron en diciembre del 2000, con la excusa de elaborar un acuerdo en contra del terrorismo, los partidos estatalistas han querido hacer colar otra requisitoria en contra del nacionalismo institucional, en este caso dentro de un contenido educativo. Bueno es que los consejeros aúlicos de Patxi López lo hayan admitido por fín.

No nos debería extrañar, por lo tanto, como bien deja entender Zubizarreta, que esta culpabilización era un importante escollo para que el PNV aprobara el texto original, que seguí la senda de los partidos estatalistas que no cejan en su empeño de tratar de identificar al nacionalismo vasco con la violencia de ETA. Y en ese empeño persiste Zubizarreta, cómplice arrepentido de la connivencia con la violencia en su época de asesor nacionalista, ahora con el pretexto del tibio respaldo del PNV al texto definitivo.

El portavoz del PNV, Joseba Egibar, y el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, critican al plan por “parcial” y por no definir bien “quiénes son las víctimas”. Y es evidente que este plan no incluye a las víctimas del GAL ni de las torturas, ni a otros sujetos de la violencia policial o legal, confirmando el calificativo de “parcial” que los representantes nacionalistas le achacan.

El hecho de que la violencia de ETA y de otros organismos del MLNV sea la que ha causado mayor dolor desde la muerte de Franco no significa que no existan otras violencias, las provenientes de los grupos policiales o parapoliciales, que vivieron su encarnación en su forma de guerra sucia hasta el año 1989. tampoco la práctica de la tortura o las detenciones arbitrarias, como plantea un organismo como Amnistía Internacional, han desaparecido en el presente. La negativa del PP y del PSOE de incluir dentro de la propuesta educativa este ámbito de víctimas y de violencia específica es una muestra palpable de que estos partidos no pretenden impulsar una auténtica labor de concienciación ciudadana sino que tienen la intención de usar el ámbito educativo como un campo de formación ideológica al servicio de sus opciones y con exclusión de otras, pues la crítica o autocrítica de los excesos del Estado a lo largo de todos estos años en los que ETA ensangrentaba a nuestro pueblo es una parte integral de la educación democrática. Negar esa parte es negar una realidad y negar las víctimas causadas por esa realidad, lo cual sería de una injusticia tremenda, además de contradictorio con el objetivo explícito del mismo plan: deslegitimar la violencia y honrar a sus víctimas. El propio plan, aunque aprobado ahora con las modificaciones nacionalistas, resultaría un evidente plan parcial, como efectivamente afirman los portavoces nacionalistas.

Esta es la causa probable de que Zubizarreta no quiera entrar en el fondo de estas objeciones. Acusar al PNV de “negar al Gobierno toda oportunidad de lucimiento”, es al parecer, el crimen de lesa patria (española), con el que intenta desviar nuestra tención. Dificlmente tendría el Gobierno derecho a lucirse después de haber elaborado un plan planteado como ataque a gobiernos anteriores como el propio Zubizarreta reconoce. En todo caso, el que tendría que lucirse es el PNV, que, aunque no ha conseguido eliminar la parcialidad del plan, según Zubizarreta, ha conseguido hacer “un texto equilibrado que (…) ha resultado ser (…) más integral y menos doctrinario”. Eso sí, sin lucimiento, la política-oásis socio-popular sufre un duro golpe y quizás por ello según Zubizarreta, la “tibieza” del PNV respecto a las víctimas se debe a un argumento cuatitativo:

“Por lo que se refiere a las víctimas, la ausencia casi total en sus filas de representantes del nacionalismo puede ser interpretada por éste como una pregunta incómoda que le interpela sobre su propio comportamiento y a la que de ningún modo cabe responder con evasivas”.

Este tipo de razonamiento me parece de lo más extraordinario, pues es ETA la que elige sus objetivos (la presencia de nacionalistas no es tan escasa ni tan ausente como dice Zubizarreta), no el nacionalismo. ETA criminaliza sectores sociales enteros y va ampliando el campo de objetivos, en el cual ahora también se encuentran los nacionalistas que ellos denominan del “sector autonomista”, sin perjuicio a que haya asesinado empresarios y ertzainas nacionalistas. El razonamiento del ex asesor de Ardanza retuerce la lógica de forma perversa acusando a sus ex correligionarios de ser culpables por no ponerse en el punto de mira de ETA de forma voluntaria.

El señor Zubizarreta parece no recordar (lo cual resulta increíble, dada su trayectoria) que fue el Lehendakari Ardanza el que a fines de los 80 y durante la mayor parte de los 90 lideraba el Pacto de Ajuria Enea y la reacción cívica más importante, integradora y masiva en contra de ETA a lo largo de toda su historia. También ignora los intentos del nacionalismo, en la persona del Lehendakari Juan José Ibarretxe, de dignificar a las víctimas de ETA, pidiendo incluso un perdón público y poniendo a la viuda del asesinado Juan Mari Jáuregui, Maixabel Lasa, afiliada del PSOE, en la cabeza de un organismo institucional dedicado a las víctimas. El omitir estas cuestiones supone deformar la realidad con la intención de seguir atacando sin piedad al sempiterno chivo expiatorio de la coalición gobernante en Ajuria Enea. Evidentemente Zubizarreta debe usar el plan educativo para decir lo que realmente quería decir:

“El PNV tiene miedo a que, al deslegitimar el terrorismo etarra, se deslegitime también el sustrato ideológico del que uno y otro se alimentan y a que, cuando se legitima, en cambio, el Estado de Derecho, se legitimen asimismo las instituciones constitucionales cuya democraticidad el nacionalismo cuestiona”.

En la misma línea de retorcimiento lógico, Zubizarreta pretende confundir la no adhesión del nacionalismo a las instituciones estatales con la deslegitimación de las mismas. El nacionalismo vasco, fiel al pacto estatutario, considera que las instituciones legítimas en Euskadi son las instituciones autonómicas. La “constitucionalidad”, de la que habla Zubizarreta, no es más que un fetiche absolutista diseñado para hacer de “trágala” para el nacionalismo. Las coordenadas ideológicas del nacionalismo vasco son incompatibles con una constitucionalidad que reclama la soberanía exclusiva del pueblo español como sujeto al que hay que adherirse. La no adhesión a este sujeto es un derecho democrático que Zubizarreta pretende negar, por el fácil expediente de confundir el nacionalismo vasco con “el terrorismo etarra”.

La primera acusación es la más grave: la que afirma que el “sustrato ideológico” de ETA y del PNV es la misma cosa. Es por ello que viene a mí recuerdo un texto de 1996 del Lehendakari José Antonio Ardanza leído como descargo ante la Asamblea Nacional de EAJ-PNV, en el cual decía que “nuestro primer objetivo” era “desenmascarar, ante las propias bases del MLNV y ante toda la sociedad, el auténtico proyecto estratégico de la actual dirección”. Esa necesaria denuncia se basaba en que había que dejar en claro respecto a la naturaleza del MLNV, “su carácter esencialmente revolucionario y anti-sistema, así como su intención manipuladora de la cuestión nacional”. Como lo más seguro que este largo e interesante discurso fue elaborado con la colaboración del entonces asesor del Lehendakari Ardanza, el propio José Luís Zubizarreta, podemos comprobar que los intentos de Zubizarreta de meter a ETA y al nacionalismo en el mismo saco son refutados por sus propios planteamientos. Lo que nos lleva a Zubizarreta no ya incomodado, sino anulado por sí mismo.

Es una pena que la actual ubicación política de José Luís Zubizarreta, como algunos otros de parecida trayectoria, esté al servicio de un sectarismo tan flagrante, empeñados en lanzar por la borda toda labor positiva del nacionalismo, lanzando indirectamente por la borda sus propias trayectorias personales. El por qué, debe ser, nunca mejor dicho, una “pregunta que incomoda”.

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