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En este mundo no hay nada cierto, salvo la muerte y los impuestos

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Ion Gaztañaga

Esta famosa frase de Benjamin Franklin sobre la insoportable levedad de tributar viene al pelo como titular con la que nos está cayendo últimamente con los impuestos, que primero subieron sin subir, luego comenzó la caza de los “ricos” para terminar (de momento) con ZP diciendo que comienza la caza del capital y con la siempre atinada Leire “Krugman” Pajín tranquilizando los mercados financieros. Mientras Patxi Lopez apura sus merecidas y cortas vacaciones y Mendia se ve tan apurada (valga la redundancia) que confía la política económica al doctor ZP, todavía no sabemos si las diputaciones van a chupar rueda de Moncloa o si van a darse un capricho. Y es que el culebrón no es para menos, como veremos a continuación.

No se piensen que la cosa está clara en el Reino de España, pues en principio nadie hablaba de subidas de impuestos, pues todo iba bien cuando las gracietas de los 400€ y el cheque-bebé, pero la alegría es incompatible con las cuentas. Y en esas estábamos en la Champions League de la economía mundial cuando subieron los impuestos del tabaco y la gasolina casi sin enterarnos. No por avaricia, que podrían pensar los más incautos, sino porque, según la finalista de premio Nobel y mileurista Pajín, “estos impuestos siguen estando muy por debajo de la media de la UE y, por lo tanto, calificó de “muy oportuna” una subida que pretende además favorecer la salud y el ahorro energético.”

Bien es sabido que más vale pájaro en mano que ciento volando, así que Pajín nos transmite que más que palabras y fotos hay que remitirse “a los hechos”: “Hasta ahora los hechos demuestran que la presión fiscal y la política fiscal que ha hecho el Gobierno, y que tiene en su agenda, es una política fiscal que baja y no que aumente los impuestos”. Porque si si repasamos las palabras, nos podemos perder en la siguiente cronología.

Primero la propia Pajín se contradice con sus palabras de Mayo cuando pedía de cara a las elecciones europeas subir los impuestos a las rentas más altas, seguramente pensando en ella misma, que gana, con sus sueldo de secretaria de organización del PSOE y su indemnización de alto cargo cesante, unos 90.000€ al año en espera de ser nombrada senadora, con sus consiguientes 5000€ mensuales. Ya dirá alguien que con los impuestos de la Pajín casi podemos hacer un kilómetro de autopista y todavía nos sobra para una ronda.

Y en los hechos estábamos cuando José Blanco, seguramente siguiendo los consejos iniciales de Pajín, nos anunciaba una inminente subida de impuestos “para los ricos”, después de que hace menos de dos meses el PSOE rechazará en el congreso una moción de IU para subir los impuestos a las rentas más altas porque no les garantizaban su voto a favor del techo de gasto de los presupuestos. Si rectificar es de sabios y recitificar dos veces de genios, Blanco decía que “Los que cobran más de 50.000 euros al año pueden hacer una contribución extraordinaria”.  Y si hay que recaudar un pico, los que cobran menos, también.

Y las Koplovitz lloraban y lloraban. Bill Gates temblaba al pensar que ZP pudiera influenciar a Obama cuando coincidieran en el famoso acontecimiento planetario de liderazgo compartido, con ZP coronado como presidente de turno de la UE. Pero héte aquí que sale ZP a dar la campanada y ayer mismo El País nos titulaba que “Zapatero no cambiará los tipos del IRPF.  El Gobierno estudia aumentar la presión fiscal sobre las rentas de capital y las plusvalías”. ¿Y qué dice Blanco de todo esto? Pues que no le hemos entendido bien: “las declaraciones (…) fueron realizadas el pasado miércoles, 26 de agosto, dos días antes del Consejo de Ministros y, por tanto, “están descontextualizadas”. “No tiene nada que ver la situación del miércoles con lo que explicó el presidente del Gobierno en rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros”. La economía globalizada va tan rápida que para cuando se anuncia algo, ya se te ha quedado “descontextualizado”.

Pero no se vayan todavía, que aún hay más. Ayer mismo, el oráculo Aizpeolea, el que vaticinaba (quizá por ello se ha pasado a economía) en época electoral treguas inminentes y nos comparaba a Otegi con Gandhi, nos titulaba que “El Gobierno aumentará la presión fiscal sobre las rentas del capital”, esas que él mismo puso a tributar al 18% para todos (viva el progresismo) en la reforma fiscal que aprobó en 2006 y que entró en vigor en el IRPF del 2007. También nos dice que le va a dar una pensada a los de los 400€ (¿esto no es como subir el IPRF?), porque “gobernar no es improvisar, es responder a la situación”. Resumiendo, que se va a cepillar todos los cambios fiscales que hizo en un par de años. ¡Arriba la Esteban!

¿Todos los cambios fiscales? No, todos no. Las grandes fortunas que juegan a la ruleta bursatil a través de las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV), sociedades anónimas que tributan sólo al 1% en el Impuesto de Sociedades pueden estar tranquilos. Por si algún lector tiene madera de emprendedor, que sepa que para constituir una Sicav se necesita un capital mínimo de 2,4 millones de euros y unos 100 socios (la mayoría familiares y amiguetes para cumplir requisitos) y esta modalidad por donde evaden impuestos legalmente los más pudientes no se va a tocar, porque si leemos con atención, las subidas de impuestos son para los “ricos” pero no para los “asquerosamente ricos”. No nos extraña que el número de Sicavs haya crecido intensamente hasta tener unas tres mil y pico con un patrimonío total de unos 25.000 M€ con (a unos 7,5 millones por Sicav) y 440.000 accionistas (muchos de ellos, Espinete, Don Pimpón, Marco, su madre, Heidi y el abuelo) y que si, según la Hacienda española, las rentas del capital mobiliario sumaban 52.161 M€ y la mitad está en las familias, sale que los 440.000 accionistas (incluidos los hombres de paja) de las Sicavs tienen un capital mobiliario similar al de 17 millones de hogares.

Resumiendo: que mientras las retenciones de los hogares andan por el 18% y las empresariales por el 16% (las famosas deducciones, no nos creamos lo del 30% del impuesto de sociedades), ahí tenemos a las SICAV tributando al 1% y el agujero negro de las cuentas españolas camino del 10% del PIB (100.000 M€, euro arriba, euro abajo). Camarero, apúntemelo en la cuenta que ya le pagaré.

Ya nos lo dijo Benjamin Franklin en otra gran frase: “Desconfía del médico joven y del barbero viejo”. Así que de los remedios de trío Pajín-Blanco-ZP, mejor ni hablamos.

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