Aberriberri bloga

Las paradojas del último vals (y 2)

Read Time:8 Minute, 28 Second

Ion Gaztañaga

Ya comentábamos que las advertencias de Zallo no terminaban con el abandono de Imaz, pues nos desvela que Urkullu y los que le rodean no han parado hasta que han tumbado a su héroe:

“Otra paradoja. Ahora son los epígonos de Imaz quienes le han puesto entre la espada y la pared a Ibarretxe. El argumento habrá sido que simbolizaba diez años de intentos soberanistas fallidos y que ahora tocaba giro en el partido (…) para ganar en centralidad (…). (…) esa línea de fondo no es seguro que tenga mayorías (…) ni está contrastada en las urnas. Además, la reciente historia no le da la razón, porque fue Ibarretxe quien le dio la primogenitura (…) en (…) 2001 y 2009.”

Zallo, que debe disponer de información privilegiada, nos dice que Ibarretxe no se ha ido, que le han echado. Y a pesar de esta afrenta nos da un consejo gratis: si el PNV sigue en este camino no tiene aseguradas las mayorías ni internas ni sociales. No debe considerar mayorías las que obtuvo el PNV en los noventa, en el que le bastaban 22 parlamentarios para gobernar sin despeinarse. Debe preferir 30 (con permiso de D3M) y quedarse en la oposición. ¿Es que el PNV gobernó antes de Ibarretxe sin éxito en las urnas?

Porque la segunda pregunta, aún más importante que la primera, es por qué Zallo une el soberanismo (“su” soberanimo) a los éxitos electorales del 2001 y 2009. Precisamente cuando en el año 2001 Ibarretxe hizo un campaña alejándose de Lizarra, hablando de diálogo y centralidad (ahí están las hemerotecas) frente al fantasma de Mayo Oreja y el año 2009 sólo hablaba de crísis. Pero cómo vamos a discutirle si dice que la Historia le ha dado la razón.

Podemos pensar que aunque el péndulo haya virado de nuevo siempre vuelve y que Zallo tendrá puesta su esperanza en una nueva fase donde los astros le sean más propicios. Pero incautos de nosotros, no habíamos caído en que el nacionalismo no tiene futuro. El reloj de arena de la sociedad juega en su contra. Es una ideología que se pierde entre los dedos de las manos. Es un refresco abierto que hay que agitar cuanto antes porque mañana ya no le quedará gas:

“(…)cualquier nacionalismo, tiene problemas de futuro por su componente más ideológico que de posición social. Los cambios demográficos, el pensamiento juvenil, las transformaciones culturales… conspiran contra él y no debería despilfarrar proyectos de fuerte adhesión ni líderes con carisma. Es un bien muy escaso. Una paradoja más: al hacerlo se autolesiona.”

Y antes de que eso ocurra es necesario apostar por líderes con carisma que conciten una fuerte adhesión y no cambiar de caballo aunque esté agotado. Porque ya no volverá triunfal como cuando se perdieron los liderazgos de Garaikoetxea y Arzalluz ni como cuando se tomó el relevo de la generación del Estatuto del 36.

Este nacionalismo de viejos, de culturas paleolíticas, después de aguantar, en circunstancias favorables o adversas, casi 115 años, está ya en la caja de pino. El último servicio que podemos hacer es preparar una buena despedida. Y para eso, vistos los resultados electorales, lo mejor hubiera sido un pacto “táctico” con el PSOE (es decir, un pacto para no perder los sillones, pero para nada más) y esperar agazapados a dar el Do de pecho final:

“Hay que entender que la legítima queja (…) del PNV contra el PSE tiene también un punto de escenificación, puesto que el PNV no parece encarar, creo, otra estrategia a futuro que un pacto no ya táctico ni de gobierno (como ahora parecía razonable (…)) sino estratégico, con el PSE. En el proyecto poco ilusionante que puede llegar a tener el PNV estaría su debilidad, aunque se quedara con la polisémica expresión de “derecho de decisión”. Y ambos, PNV y PSE, lo saben. ¿Yendo por ahí no sería el principio del fin del liderazgo nacional del PNV? Última paradoja.”

He ahí la última paradoja de Zallo, el fin del liderazgo nacional del PNV, un abandono consciente del liderazgo, una traición a la causa. Descabalgamiento del que era fervoroso defensor hace unos años para pasar a estar muy preocupado por el mismo estos últimos. Y pronostica que ese liderazgo pasara a otros, con los problemas que ello conlleva:

“El soberanismo (…) pasará a otros patrocinadores. Pero es posible que algunos lo conviertan en puro independentismo y… para ese viaje, de siempre, no hacía falta tanta alforja. El soberanismo quería ir mas allá del nicho nacionalista para ganar a los simplemente demócratas que creen en la voluntad de los pueblos.”

Pues “soberanismo” de Zallo, que define como “el derecho a decidir soberanamente y a pactar con el Estado un status relacional en condiciones de igualdad”, no se puede lograr nunca mediante el acuerdo como decían Imaz con “no imponer no impedir”, Urkullu con la “bilateralidad del concierto político” o el nuevo estatuto “para una relación amable entre Euskadi y España” que decía Ibarretxe. El “soberanismo” de  Zallo requiere precio político, requiere que se pacten en el contexto del uso de la violencia para objetivos políticos los otros dos “temas engastados entre sí”.

Y aunque la lección no lo parezca, no pensemos que tiene fijación exclusiva con el PNV. También hay otros culpables que no han ayudado lo suficiente para vencer el miedo al salto que el jeltzalismo ha demostrado en estos momentos. ¿Quiénes son?

“(…) la culpa de la situación actual no es fundamentalmente del PNV (…) aunque algunos metieron el suficiente ruido como para minar el liderazgo de Ibarretxe (…) Ha sido la Hintelijenzia militar de ETA la gran responsable de la ruina de los procesos iniciados en Lizarra. (…) A cada iniciativa (…) soltaba cuerda para que el PNV se quedara solo y se ahorcara por falta de apoyos. Tampoco han ayudado la última estrategia suicida de EA, que contribuyó a estropear las matemáticas, ni las dudas de EB.”

Qué significativas palabras de un “soberanista” nada sospechoso de transversalismo. Aquí sí que Zallo da en el clavo. El MLNV soltaba cuerda, principalmente con sus votos divididos en el parlamento, para que el PNV se ahogara. Lamentablemente nuestros intelectuales autodeterministas no pudieron advertirlo y por eso no parecía importarle a Zallo pedir una y otra vez más soga para el ahorcado y que las iniciativas salieran adelante. Quizás por ello también hace autocrítica:

“Elkarbide, Lokarri y Erabaki fuimos incapaces de generar un movimiento social. Hubiera sido muy interesante una mano de ELA y LAB… Entre todos, por inmadurez, arruinamos la ocasión histórica que suponía contar con un lehendakari-líder que abogaba consecuentemente por un proyecto soberanista. Por de pronto, ya nada va a ser lo que era. (…) El Think gaur del PNV (un buen producto de consultora hecho aprisa) aclara poco al respecto.

Elkarbide, Lokarri y Erabaki, movimientos de masas donde los hubiera, han fallado en su misión de lazarillo jeltzale. Queda el consuelo de que en el camino, los dos últimos han podido crear empleo y disminuir el paro de los suyos con las subvenciones del gobierno, que ahora pueden peligrar. Menos es nada. ¿Mantendrá alguna esperanza Zallo para que pueda activarse un nuevo proceso que intente dar respuesta (a la vez, por supuesto y quizás como última oportunidad) al problema de la violencia y del marco político? Según dice en el artículo, la clave es volver a Loiola. ¿Y mientras tanto? Pues alianzas tácticas y de gestión que en algo hay que entretenerse: “en los temas de gestión de gobierno (…) que los que puedan llegar a acuerdos en aquella dirección, bienaventurados sean y se les apoye.”

Hemos terminado ya con las paradojas. No podemos negar que paradojas hay muchas en el PNV, pero creo que ninguna mayor que la de un dirigente de la Liga Comunista Revolucionaria, un partido que nunca llegó al 1% de los votos en sus mejores tiempos, alérgico histórico al PNV, dando lecciones de nacionalismo desde los medios de comunicación supuestamente afines. Más de diez años de matraca para llegar a esto.

No nos engañemos, no es Ibarretxe el que simboliza diez años de intentos soberanistas fallidos, porque en la primera legislatura Ibarretxe apenas tuvo protagonismo en Lizarra y el soberanismo propio de Ibarretxe, en todo caso, comenzó despues con la aprobación parlamentaria del Estatuto en 2004 y terminó en 2008 con la consulta. Entre otras cosas porque Ibarretxe simboliza tambien la victoria del 2001 de una centralidad dialogante frente a la brunete y al MLNV. Simboliza también el éxito económico. Como nos demuestra en el plan que presentó en su artículo de 1999, el que realmente simboliza el fracaso de diez años de soberanismo no es otro que el propio Zallo.

Con este fin de ciclo que él mismo temía y se resistía antes de las elecciones y ahora que se ha liberado de las preocupaciones institucionales en el gobierno, puede volver por fin a su atalaya universitaria. Con el coro de compañeros autodeterministas simpatizantes de Aralar y Ezker Batua que tantos buenos consejos nos han dado. Cabría esperar que redoblarían esfuerzos para enderezar al jeltzalismo por el bien del País y evitar la deriva del nacionalismo. Que seguiría apoyando a lo que él llama “línea Ibarretxe” del PNV, apostando por un último esfuerzo para aprovechar la energía menguante de este nacionalismo con fecha de caducidad. Pero nuestro gozo en un pozo:

“También la alianza implícita entre un sector de universitarios autodeterministas y lo que simbolizaba Ibarretxe ha dejado de tener sentido. Todos vamos a tener que reinventar la política tras la caída libre de la cordada de Lizarra que ha arrastrado incluso al que llegó a la cumbre.”

Qué podemos añadir a este final de celuloide. ¿Que fue bonito mientras duró? Procuremos no caer en sentimentalismos de lágrima fácil al saber que los intelectuales no quieren bailar ya ningún vals más con este viejo partido. El espectáculo se acaba y se bifurcan nuestros caminos. Él y los suyos pisaran nuevos territorios ideológicos “de masas”.

Ante la nueva era, somos vikingos impotentes en la orilla, observando las llamas que purifican el viejo barco jeltzale camino del Valhalla. Por ello, queridos autodenominados “intelectuales autodeterministas”, es mejor para todos que no nos digamos “hasta luego“. Lo mejor es que nos digamos “hasta nunca“.

Salir de la versión móvil