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Los valores fundacionales: Crítica a la Ponencia Política de EA

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Imanol Lizarralde

Ante las acusaciones de Carlos Garaikoetxea de que los críticos de EA han creado Alkarbide simplemente por la discrepancia en torno a la coalición del PNV, y de que la EA oficial sigue manteniendo los valores fundacionales, traigo aquí un escrito proveniente y representativo de los críticos de EA, haciendo una reflexión acerca de la Ponencia Política que se va a presentar en el próximo congreso. Quisiera reseñar también que, al contrario de lo que quiere dar a entender el Lendakari Carlos Garaikoetxea, este es un proceso en el cual ha habido conversaciones y reflexiones entre las dos partes, en las cuales los críticos han expresado de forma detallada sus divergencias ideológicas.

(1) En primer lugar, habría que decir que lo más llamativo de la nueva ponencia política está en los en las 22 primeras páginas. Los apartados la ‘Socialdemocracia hoy’ (aunque coloca insólitamente el origen de nuestra sensibilidad en el contexto de la evolución de la ‘intuición’ socialista internacionalista, abjurando de la sólida corriente social que se desarrolla en el seno del nacionalismo vasco, cuestión nada baladí), ‘Vertebración institucional, ‘Integración territorial’ y ‘Euskadi en la Unión Europea’ (una de las pocas apelaciones a Euskadi –término, o más que término símbolo político de la tradición democrática vasca en la era moderna, que apunta a ser abandonado- que se pueden ver en todo el texto), no contienen proposiciones estratégicas de las que podemos discrepar.

(2) En relación con las últimas elecciones, sobresale el compromiso que se subraya en la página 5 del documento: “A la vista de los resultados, la Ejecutiva Nacional entendió que era preciso convocar un Congreso extraordinario para elegir nueva dirección y abordar una reflexión profunda, analizar errores y salir fortalecidos de la situación”.

(3) Pues bien, tras examinar a fondo el texto de la ponencia, nada apunta a una reflexión profunda que conlleve un análisis de errores. Lo único que puede parecerse a ese análisis es el reconocimiento de “que en las pasadas elecciones al Parlamento de Gasteiz, la presencia del Lehendakari Ibarretxe como cabeza de lista electoral, supuso una dificultad importante para un mejor resultado de nuestra propuesta electoral” (página 6). Y ahí se acaba todo. El error es, al parecer, que el PNV puso a Ibarretxe como candidato a lehendakari.

(4) En el capítulo relativo a la conformación del nuevo Gobierno Vasco, se reconoce que el acuerdo entre el PSE y PP, sobre el que sostiene el nuevo Gobierno, supone una deslegitimación de toda la gestión anterior, y que anticipa una serie de medidas en el ámbito relativo a nuestra identidad como pueblo, lingüístico, cultural y educativo, fundamentalmente, con un claro afán de contrarreforma (página 6). Sin embargo, llama la atención que, constatada esa voluntad de involución en materia de autogobierno, no se opte por un posicionamiento que busque impedir el retroceso.

(5) Las estrategias se diseñan en base a la determinación de las prioridades estratégicas. Hoy, la prioridad estratégica del país es contener la tentación del nuevo gobierno para ir hacia atrás, en materias relevantes de la construcción nacional. El dilema es rearmar el nacionalismo para afianzar el avance nacional e impulsar el cambio político a 4 años vista o la renuncia a responder a los problemas del mundo real por una apuesta visionaria que conlleva un salto ideológico a otro espacio político.

(6) “Así se ha levantado un muro para el no reconocimiento de la soberanía del pueblo vasco, muro que EA considera debe ser derribado mediante la confluencia de todas las fuerzas políticas y sociales comprometidas con la libertad de nuestro pueblo”, se dice en la página 11. La crudeza de la metáfora del ‘muro y el derribo’ remite a una respuesta de choque, de tipo frentista, en un lenguaje cuyo mejor y más firme perfil siempre lo va a representar aquel que cree que todo medio es de disposición a cuenta de la legitimidad de un derribo.

(7) Ante el dilema planteado en el apartado 5, la ponencia política contiene una paradoja. Dice “la precedente enumeración de circunstancias [el muro] que afectan básicamente al ámbito territorial de la Comunidad Autónoma Vasca no debe hacernos olvidar la problemática específica del territorio de Iparralde… [donde] debemos seguir apoyando activamente la constitución de un Departamento administrativo propio como presupuesto institucional para el reconocimiento de un Estatuto igualmente propio y diferenciado” (página 11). El salto ideológico de la CAV no supone un salto en Iparralde… ni en Nafarroa en la que se apuesta por Nabai “como instrumento para el cambio social y político en Navarra, y como alternativa de gobierno a la derecha foral y española” (página 12). En Nafarroa, la apuesta por el cambio político es estratégica y en la CAV ni siquiera es considerada.

(8) El salto ideológico no es territorialmente coherente. Se descalifica el gradualismo estratégico en la CAV y se adopta como guía en Nafarroa e Iparralde. ¿Por qué? En la página 21 se dicen cosas como ésta:

“ante la nueva situación, la mayoría social abertzale demanda la revisión y actualización de las estrategias con el objeto de poner en marcha una acumulación de fuerzas entre partidos, agentes y movimientos sociales abertzales con el objeto de impulsar el proceso soberanista de Euskal Herria, así como avances prácticos en relación con el reconocimiento oficial del euskera, la articulación de instituciones políticas, económicas, culturales, sociales, etc. comunes para el conjunto de Euskal Herria”.

La metodología de acumulación de fuerzas de agentes tan dispares es la que maneja el MLNV con gran versatilidad. El modelo es el Foro de Debate Nacional, por ejemplo. La versatilidad del MLNV como movimiento plural, aunque de disciplina monolítica como todos conocemos, hace que la aportación de partidos como EA en esos foros se vea acogotada, y reducida a mero testimonio, por la presencia masiva de siglas que representan lo mismo, aunque aparenten mucha representatividad social. Por ello mismo, que la ponencia política llame ‘mayoría social abertzale’ a ese magma político-social y se someta a su demanda de ‘revisión y actualización de las estrategias’ es humillante y demostrativo del alcance del ‘salto ideológico’ que se presta a dar la dirección del partido.

(9) Así continua: “Para ello, EA impulsará un espacio político abertzale y de izquierda progresista en base a un modelo de amplia integración con otros partidos independentistas que compartan unos valores comunes asentados en la defensa de los derechos humanos, la justicia social, el desarrollo sostenible, la igualdad de género, la austeridad y transparencia en la gestión de los recursos públicos, el apoyo a las empresas de economía social y pymes, el rechazo al militarismo y el impulso a la participación social y la democracia participativa” (Paginas 21-22).

El salto ideológico queda perfectamente manifiesto en la cartografía política. EA abandona su troncalidad nacionalista, renuncia al gradualismo clásico del nacionalismo vasco, y se sitúa en el espacio de la ‘izquierda abertzale’. El objetivo no es una ‘unidad de acción’ puntual o estratégica, ni se conforma con una delimitación del espacio político, sino un ‘modelo de amplia integración’ en valores, lo que significa una integración –que quiere decir unificación- en los fines. Se podrá decir que ahí está la condición de ‘la defensa de los derechos humanos’, pero habremos de recordar que esa condición no garantiza que la izquierda abertzale renuncie a considerar la legitimidad de todos los medios de lucha, es decir la estrategia político-militar, o sea que abogue por la desaparición inmediata y sin condiciones de ETA. Cabe recordar que, en la época de Lizarra, los partidos del pacto –todos- aceptaron el principio de ‘todos los derechos humanos para todas las personas’. Ello nunca significó el fin de ETA.

(10) En el apartado de pacificación, en línea con todo lo apuntado hasta ahora, se plantea una metodología de pacificación asumible por un MLNV en las circunstancias actuales, que no les plantea ninguna exigencia ética, aceptando además sus presupuestos de proceso.

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