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Las nuevas circunstancias del proceso de paz

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Imanol Lizarralde

Uno de los ejemplos del cinismo que recorre el futuro o casi presente pacto PP-PSOE de cara al Parlamento Vasco y la formación de Gobierno es el hecho de que el Partido Popular no trata ya el tema de un eventual proceso de paz. Y no lo trata pese a los indicios evidentes, en la prensa socialista, española o vasca, acerca de que Jesús Eguiguren sigue siendo el faro rector de los intentos negociadores socialistas. Y de que se nos está vendiendo una imagen determinada del MLNV para justificar otro “proceso de paz”.

En este sentido, resulta escandaloso el silencio del PP cuando el periodista de El País (Culminar la estrategia, 29-3), Luis Aizpeolea dice cosas como: “Ni José Luis Rodríguez Zapatero ni Alfredo Pérez Rubalcaba ni el inminente presidente del Ejecutivo vasco, Patxi López, lo dicen expresamente, pero trabajan en clave de que ETA ha entrado en fase terminal”. Y concluye con las alarmantes palabras de que “cada vez está más reconocido que, aunque la iniciativa del socialista vasco Jesús Eguiguren fue un fracaso táctico, se convirtió en un acierto estratégico”.

¿Cuál puede ser el “acierto estratégico” el finiquitado proceso de paz?  Aizpeolea nos dice varias cosas. La primera de ellas: “Sin el proceso de fin dialogado, la dirección de ETA no se hubiera retratado ante sus bases como lo que es, una banda sectaria y que ha hecho del crimen un objetivo en sí. El proceso mostró que la demanda de diálogo de ETA era una falsa coartada para mantener unidas sus bases”.

Este razonamiento sería plausible si este fuera el primer proceso de paz. Pero es que ha habido otros dos. En otros dos procesos, en el periodo de 20 años que cubre 1989 hasta nuestros días, ETA ha negociado otras dos veces con el Estado el fin de la violencia. Y los intentos fracasaron. Y las bases del MLNV siguieron en el recinto. Es más: desde 1989 los dirigentes del MLNV, en documentos como Oldartzen, dejaban bien claro que eran conscientes del desgaste que podía acarrear una negociación con el Estado. El desgaste y la pérdida de votos y apoyo social son cosas que los dirigentes del MLNV prevén en cada proceso.

Y prosigue: “Por eso, hoy, tras romper ETA la tregua, la inmensa mayoría de la izquierda abertzale desea el fin del terrorismo y sólo el 1% apoya incondicionalmente a la dirección de ETA, operativamente más débil y socialmente más aislada que nunca. Su malestar ha llegado a los presos de ETA”.

La base del MLNV quería la paz tanto en 1989 como en 1999. Pero la ruptura de los procesos no causó su debacle social ni electoral. Ni siquiera en las últimas elecciones del Parlamento Vasco, en las cuales además de conservar un buen centenar de miles de votos, otros votos han ido a Aralar, en vez de a la coalición EA-PNV, como en el 2001. Es decir, el MLNV tiene un tapón para parar su sangría electoral y encima un remanente de un centenar de miles de personas que asumen en la práctica dar su voto, pese a la ruptura del proceso de paz tan amorosamente pergeñado por Eguiguren.

Que Aizpeolea nos hable de que “sólo el 1% apoya incondicionalmente a la dirección de ETA” es errar en la percepción de la estructura múltiple del MLNV, donde muchas personas que no apoyan la dirección de ETA apoyan al movimiento y están dispuestos a votar por el sean cuales sean las circunstancias. Por mucho que su voto no tenga otra validez que la de enseñar al Estado la existencia de un núcleo de gente que es capaz de asimilar cualquier decisión de la cúpula.

No olvidemos lo que decía el periodista de GARA Iñaki Iriondo en cuanto a que fueron los votos nulos de Batasuna en una pasada elección la que convencieron a Zapatero a dar el pistoletazo de salida a un nuevo proceso de paz. Los votos nulos son votos que muestran la fuerza de ETA, no su debilidad. Son mensajes a Zapatero que, parece ser, han tenido su resultado positivo en convencer a los socialistas de la viabilidad de una nueva aventura negociadora con ETA.

Aizpeolea finaliza diciendo:

“Pero el proceso dialogado sirvió, también, para desmontar el mito de que el PNV tenía la llave del fin de ETA. Dicho proceso fue crucial para situar al PSE en la centralidad vasca, legitimar al Gobierno central en Euskadi y dar la llave del Gobierno vasco, por vez primera, a los no nacionalistas. La culminación de esta estrategia es la deslegitimación social de ETA en los medios públicos de comunicación, en el discurso y los gestos del nuevo Gobierno vasco, de la mano del PSE y del PP. Su logro supondría en la práctica el final del terrorismo”.

Esta cita está dividida en dos partes. En la primera, Aizpeolea afirma el fin del “mito de que el PNV tenía la llave del fin de ETA”. Este es un mito creado por los propios partidos españoles desde principios de la transición en la que la inclusión semántica de ETA y el PNV dentro del término “nacionalista” les hacía pensar que unos y otros tenían una raíz común y los del PNV eran un poco como los padres de un hijo descarriado. Lo alarmante es que Aizpeolea quiere decirnos que la interlocución Eguiguren-Otegi es una demostración de que la negociación resolutiva del fin de la violencia puede ya venir de la mano del PSOE. Ahora vamos a tener que tragar el mito de que el PSOE, que ha fracasado estrepitosamente en dos procesos de paz, tiene “la llave del fin de ETA”.

Finalmente, para Aizpeolea la “deslegitimación social” de ETA vendrá de la mano de “los medios de comunicación, en el discurso y los gestos del nuevo Gobierno Vasco”, que vendrá “de la mano del PSE y del PP”. La solución al problema, según Aizpeolea, es un gobierno frentista estatalista.

Es evidente que frente a la falta casi total de garantías de un nuevo proceso de paz con éxito, vistas las razones de los socialistas (que son las de Aizpeolea) para repetir el error (ahora, increíble, de la mano del PP), lo que el periodista de El País llama “culminar la estrategia” es matar dos pájaros de un tiro: por un lado, dejar al PNV sin gobierno y por otro conseguir que ETA deje las armas. Pensar que una cosa es la que lleva a la otra es quizá el mayor error de esa estrategia. Los nacionalistas no podemos permanecer indiferentes ni al fraude institucional de un Gobierno Vasco monocolor del PSOE ni al fiasco de un proceso de paz que no aparenta ninguna otra garantía que la confianza de los socialistas de seguir sacando leche de esa vaca.

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